Para un músico, ser aceptado en el Rock and Roll Hall of Fame es como para un escritor ganar el Premio Nobel de Literatura. Es el reconocimiento a los logros de una trayectoria, de una vida. A diferencia de los Grammy, que galardonan a un músico por un disco o una canción asociada al año de la premiación, la entrada al Rock and Roll Hall of Fame implica la permanencia, el inquilinato eterno en la memoria colectiva. De cierta forma, es decirle a un grupo o solista que su trabajo y creación a lo largo del tiempo no fue en vano y que la genialidad puesta en acción ha sido reconocida con la permanencia definitiva en el parnaso de la música que definió a la era moderna.
Es solo rock & roll, pero es más
El Salón de la Fama en Cleveland tiene seis nuevos integrantes