17 de mayo de 2023 5:01 hs

La crisis del agua potable se está haciendo notar hasta en los laboratorios. Un relevamiento que realizó El Observador confirma que en el último mes se ha decuplicado la demanda de vecinos de Montevideo y Canelones que envían muestras para analizar si el agua de pozo —de sus pozos— es apta para el consumo humano.

Estamos saturados de solicitudes de análisis: antes —antes de esta crisis y psicosis— nos llegaban tres o cuatro muestras semanales para realizarle el estudio microbiológico, ahora estamos recibiendo entre 20 y 25 por día”, reconoce Luis Garrido, director general de Contralor de la Intendencia de Canelones.

El servicio comunal analiza las muestras de pozos de particulares tres días por semana, porque el resto del tiempo está avocado al contralor de ríos, playas, servicios hospitalarios y otras instituciones clave. Las muestras, en botellas refrigeradas y cuyo costo de análisis cuesta $ 1.006, “suelen cultivarse y arrojan los resultados unas 48 horas después”, explica Garrido, quien aclara que, dada la crisis hídrica, “hay mucha gente con ganas de conocer no solo la potabilidad de su pozo, sino de los tanques y hasta alguno que quiere conocer el sodio que sale de su canilla pese a que eso no lo estudiamos nosotros”.

El Laboratorio Industrial Montevideo, una de las compañías privadas que sí estudia el sodio y el cloruro, ha “más que triplicado los análisis” en lo que va de esta semana, dice el químico farmacéutico Horacio Guidice. “Es muy difícil que el agua de pozo tenga un exceso de sodio, porque, por lo general, el sodio es un aporte de las aguas superficiales que llegan en contacto con el mar; pero ahora, por la crisis, estamos recibiendo muchas consultas de clientes que quieren verificar el sodio y el cloruro”.

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A medida que se complejizan los análisis, se encarece el estudio. La revisión microbiológica, más cloruro y sodio puede rondar los $ 4.000 en un privado.

A Ecotech, otro de los laboratorios privados de referencia, se la ha multiplicado por diez la demanda. “La gente, sobre todo del área metropolitana, llama pidiendo conocer si el agua es potable, y no lo hace por un estudio específico”, cuenta el ingeniero químico Gualberto Trelles. A modo de ejemplo, este martes, solo hasta las 15 horas “recibimos 25 consultas por diferentes medios”.

María Paula Collazo, profesora adjunta de Recursos Hídricos Subterráneos explicó a El Observador que “el agua subterránea es un recurso estratégico: se almacena y circula por las distintas formaciones geológicas conformando lo que denominamos acuíferos”. En Uruguay, como ocurre en la mayor parte del mundo, el 70% del agua subterránea se usa para la agricultura. Solo “el 30% (restante) se utiliza para el abastecimiento humano, siendo el principal recurso hídrico que abastece a la ciudad de Rivera y Santana do Livramento, localidades del interior, escuelas rurales, y en menor medida para la industria, que son las que más contaminan cuando no existen controles que tiendan a la conservación”, puntualizó la científica.

A diferencia de la discusión por la salinidad del agua de OSE, los entendidos en aguas subterráneas saben que la presencia de nitrato derivado de fertilizantes, sulfato de amonio o urea, por cercanía a pozos negros o tambos cuya construcción de la perforación dejó ingresar a los contaminantes, suelen ser de las principales desafíos para la potabilidad.

También se ha hallado arsénico elevado en el acuífero Raigón y el acuífero Mercedes, “pero se han detectado en varios acuíferos del país, principalmente los que tienen cobertura de la Formación Libertad”.

Por eso Collazo insiste: “No existen aéreas protegidas de acuíferos. Se desconoce el impacto de determinadas  actividades sobre el recurso. Si existe contaminación, cuando se detecta, ya  afectó un porcentaje muy grande del acuífero, siendo difícil su remediación y con costos extremadamente elevados”.

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