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Este es el arzobispo hispano que preside la Iglesia Católica de Estados Unidos

Nacido en México, Jose H. Gómez, de 67 años, enarbola un discurso contras las políticas migratorias de Donald Trump

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16 de noviembre de 2019 a las 05:01

El martes 12, los obispos católicos romanos de Estados Unidos eligieron por primera vez a un inmigrante hispano como su presidente, al elevar al arzobispo José H. Gómez de Los Ángeles, quien desde hace tiempo ha jurado defender a los inmigrantes ante sus temores a ser deportados.  

La decisión, que se tomó el mismo día que la Corte Suprema escuchó los argumentos del gobierno de Trump para cerrar el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés), refleja la creciente importancia de la inmigración como un tema moral y político para la Iglesia. Es también una señal del futuro de la Iglesia: cerca del 40 % de los católicos estadounidenses son hispanos. 

El camino a la inmigración legal es la máxima prioridad para Gómez, quien es ciudadano estadounidense naturalizado, nacido en México. En una entrevista luego de su elección, el arzobispo dijo que “le encantaría” reunirse con el presidente Donald Trump —“o con cualquiera”— para hablar sobre la reforma migratoria. 

“Las familias que están viniendo lo hacen porque la situación en sus países es sencillamente horrible”, afirma. “Son personas realmente maravillosas, con buenas familias, que trabajan muy duro. Es hermoso ver sus vidas. Parece que los funcionarios electos no entienden eso”.

Aún no está clara la manera en que este mensaje logrará traducirse en políticas concretas y medidas de amplio alcance. Los obispos católicos no son propensos a dar declaraciones muy políticas y suelen confiar en lo simbólico para transmitir su mensaje. 

Aunque algunos se oponen a las medidas severas contra la inmigración del gobierno de Trump, lo que impulsa gran parte de la participación pública de la Iglesia es la oposición al aborto. Este martes, los obispos católicos también aprobaron una carta dirigida a sus congregaciones, en vísperas de las elecciones del 2020, que denomina al aborto como “nuestra prioridad principal” y advierte que algunos legisladores del Estado están “abriéndole las puertas al infanticidio”. 

Gómez, de 67 años, tiene tiempo siendo un defensor franco, aunque poco controvertido, de los derechos de los inmigrantes. En preparación para la audiencia de la Corte Suprema, su arquidiócesis, la más grande del país y donde se celebran misas en 42 idiomas, realizó un servicio de oración por los cientos de miles de jóvenes que DACA ha protegido de la deportación.  

“En este gran país, no deberíamos tener a nuestros jóvenes viviendo bajo la amenaza de la deportación, ni con sus vidas dependiendo del resultado de un proceso judicial”, escribió el arzobispo en un mensaje que fue leído en la misa. 

“Así que recemos esta noche para que nuestro presidente y el Congreso se unan, dejen atrás sus diferencias y les proporcionen a nuestros jóvenes hermanos y hermanas el camino a la legalización y la ciudadanía”, agregó. 

Aun así, atender la situación de la inmigración será un desafío importante, especialmente en el volátil ambiente político del país.  

La plataforma de reforma migratoria en el sitio web de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos fue escrita en 2013, durante la era de Obama. Cuando se le preguntó por la política desfasada, Gómez afirmó: “Quizás esa es la razón por la que me eligieron”. 

Gómez dice que espera que los obispos apoyen soluciones para los beneficiarios de DACA conocidos como “dreamers”; para los más de 10 millones de personas que están en el país sin documentos; para los que tienen estatus de protección temporal y para los trabajadores migrantes. 

Según Gómez, más allá de la política, la Iglesia también debe trabajar para superar la resistencia cultural hacia los inmigrantes en el país. “A veces, los anglosajones no se identifican con los latinos”, afirmó. 

El enfoque de Gómez en las detenciones y la separación de familias en la frontera, por lo general ha sido más pastoral que abiertamente político. En septiembre, realizó una misa durante una peregrinación de tres días y 96 kilómetros, en solidaridad con las familias separadas en la frontera. También ha creado tarjetas tamaño billetera para los inmigrantes indocumentados que contienen instrucciones de lo que deben hacer si son abordados por oficiales de inmigración. 

Otros obispos han adoptado métodos más provocadores. El cardenal Joseph W. Tobin, arzobispo de Newark, Nueva Jersey, lideró en septiembre a cientos de protestantes en un canto de “detengan la crueldad” frente a un centro del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. El obispo Mark J. Seitz de El Paso, Texas, ha escoltado personalmente a migrantes a través de la frontera y ha llamado al muro de Trump “un símbolo de exclusión, especialmente cuando está relacionado con una política clara de xenofobia”.  

En el movimiento general por los derechos de los inmigrantes, los obispos son “actores claves” pero podrían ser mucho más relevantes “si sus soluciones de políticas estuvieran en sintonía con el momento”, dice Jess Morales Rocketto, presidenta de Families Belong Together, una coalición de unas 250 organizaciones incluida la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles y la Alianza Nacional de Trabajadores del Hogar.

“Han pasado demasiadas cosas en los últimos años, y sería genial escucharlos más en este momento”, dice Morales Rocketto, quien es católica. “Me encantaría verlos más enfocados en temas como el asilo y los refugiados, particularmente ante la separación de familias y los cambios en las detenciones por parte del gobierno de Trump”. 

En la era de Trump, los católicos están mayormente divididos en términos de raza, lo cual plantea un desafío para los ministerios episcopales. Muchos católicos conservadores apoyan a Trump, en gran parte por sus políticas en contra del aborto y su atención a la libertad religiosa. Casi la mitad de los católicos blancos lo aprueban, a diferencia del 25 por ciento de apoyo que tiene entre los católicos no blancos, de acuerdo con el Centro de Investigaciones Pew. 

Según David Gibson, director del Center on Religion and Culture de la Universidad de Fordham, la inmigración tiene tiempo siendo una causa unificadora para los obispos católicos, a diferencia de conflictos culturales como el aborto o el matrimonio igualitario.  

“Casi todos los obispos pueden recordar, con facilidad, sus propios orígenes migrantes. Esto es fundamental para la identidad católica estadounidense”, dijo Gibson. Sin embargo, añadió: “No están necesariamente de acuerdo con sus propios rebaños”. 

La elección del arzobispo de Detroit Allen H. Vigneron, de 71 años, como el próximo vicepresidente, fue también una decisión que se siguió muy de cerca. Como sucedió con Gómez, la tradición dicta que el vicepresidente suele convertirse en el presidente del grupo, luego de un periodo de tres años.

Los obispos pasaron por alto a varios candidatos conocidos como conservadores combativos, como el obispo Thomas Paprocki de Springfield, Illinois, quien recientemente les prohibió la comunión a los legisladores de Illinois que apoyan el derecho al aborto. 

A pesar de su interés por la reforma migratoria, Gómez es mayormente percibido como conservador en asuntos de la doctrina católica. Fue designado como obispo por el papa Juan Pablo II en 2001 y es miembro del Opus Dei, un grupo católico que, por lo general, es considerado conservador. El papa Francisco no lo ha nombrado cardenal, lo que, según los críticos, indica que el pontífice quizá crea que otros obispos están más alineados con su visión de la Iglesia. 

Algunos defensores de víctimas temen que la elección de Gómez sea señal de una respuesta deficiente a la crisis de abusos sexuales que envolvió a la Iglesia el año pasado. Gómez se encuentra entre los obispos que han sido criticados por el mal manejo de los casos de sacerdotes acusados de abuso o acoso sexual. Al menos 17 fiscales generales estatales, incluyendo el de California, su lugar de residencia, han abierto investigaciones sobre la manera en que los líderes de la Iglesia han manejado la crisis. 

La elección de Gómez refleja la evolución demográfica de la Iglesia católica en Estados Unidos. Aunque la Iglesia es cada vez más hispánica, de acuerdo con el Centro de Investigaciones Pew, los hispanos en el país ya no son mayormente católicos. 

De acuerdo con un reporte reciente de Pew, el 47 % de ellos son católicos, un descenso del 57 %  de hace 10 años.  

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