Si usted está entre los profesionales que trabaja en una oficina, con el deseo de alejarse, pero no de su empresa ni de su trabajo, sino de su jefe, encontrará algunos consejos que le harán sentirse comprendido y que le servirán para practicar la resistencia y la resiliencia con quien lo manda.
Lo más lógico es que si vive diariamente una relación profesional tóxica con un superior que le perjudica, terminará yéndose de la compañía. Si no lo hace, su talento queda desaprovechado. Pero si decide quedarse, tendrá que analizar qué gana y qué pierde con un mal jefe, y qué le lleva a aguantarlo.
Según sean los argumentos caben diferentes estrategias.
Resistir
La paciencia para tolerar a un jefe que considera nefasto puede servirle fuera y dentro de su trabajo y de su empresa. También en su vida personal. Usted puede adquirir así la capacidad para manejar situaciones complicadas.
Una opción es fingir, resignarse y asumir la situación como si no pasara nada, sobreviviendo de la mejor manera posible mientras encuentra otro trabajo o cambia de puesto.
Puede asumir con calma esa situación, con la esperanza de que su jefe se vaya o usted deje de depender de él. Pero debe tener en cuenta que el grado de supervivencia y de permanencia de un mal jefe en su puesto puede ser muy alto. Son verdaderos especialistas en mantenerse.
También puede escapar, pero dentro de su propia compañía: busque contactos para irse a otro departamento, si está dentro de las posibilidades.
El enfrentamiento
La convivencia con un superior tóxico puede potenciar competencias como el propio riesgo de enfrentarse con ese mal jefe. Eso le lleva a no ser tan complaciente ni a conformarse con el hecho de estar simplemente en una empresa.
Si su jefe no está a la altura -de lo que usted necesita y espera- cabe la posibilidad de transmitirle de forma serena, correcta y firme aquello que usted cree que puede mejorar. Eso sí, tenga en cuenta que si después de hacerlo no hay cambios que le satisfagan, la opción es marcharse de la empresa.
Incluso con el peor mando, puede elegir una estrategia proactiva para brillar cada vez más
Si ha decidido que es hora de despacharse a gusto con su jefe, hablar con sinceridad total, diciéndole a quien nos manda lo que pensamos realmente, es un desahogo que podría resultar peligroso, sobre todo si éste se convierte en lo que se conoce como "vómito tóxico".
Es recomendable que cualquier ataque de sinceridad o queja tenga que ver con la asertividad, que es la capacidad de sincerarse, pero buscando la forma, la manera y el lugar adecuado.
Si ha decidido ser totalmente sincero con su jefe, procure que aquello que argumente se base siempre en hechos, y que las quejas que plantea sean concretas, ya que el objetivo es que todo cambie. Evite los juicios o las interpretaciones, y deje muy claro cuáles son sus necesidades.
Pasar a la acción
Aunque el panorama le parezca desolador, pase a la acción. Puede decidirse por una estrategia de proactividad y deje a otros el papel de críticos permanentes. Quizá sea el momento de aprender a cuidar su autoestima: ante un mal jefe que trata de destruirlo, usted puede hacer ver que vale más que ese papel que le hace representar.
Si decide pasar a la acción y basarse en los resultados, no se venda por encima de sus posibilidades ni diga lo que no es realmente, porque se trata de de demostrarlo.
Argumente a su superior que es competente, en las grandes cuestiones y en los pequeños detalles. Aquí la calidad de su trabajo será su mayor garantía. Añada a todo esto una demostración de que es usted muy bueno en cuestiones determinadas. Y aún mejor, que es competente en un área que su superior valora.
Tenga en cuenta además que tener un mando mediocre, que no sabe, y que muchas veces ni siquiera está, puede dejarle hacer, se meterá muy poco en su día a día y en sus decisiones. Es otra oportunidad de pasar a la acción, de experimentar y de tener un grado de autonomía superior, en tareas y funciones que no están a su alcance.
Aprovechar la situación
Aunque parezca increíble, un mal jefe puede servir para desarrollar su carrera. Para empezar, con un superior que no brilla profesionalmente usted puede destacar. Incluso si se gana su confianza puede apoyarse en usted.
Lidiar con un mal jefe implica asimismo cultivar una especie de resiliencia de la que usted puede salir fortalecido. Es algo así como un entrenamiento muy duro que le lleva a salir fortalecido de una situación complicada.
Un mando tóxico le ayudará a gestionar la adversidad y a mantener su equilibrio. También le mueve a buscar otras formas de relación, y sirve para mejorar en la gestión de lo transversal.
El mando tóxico también puede volverlo más creativo: si usted sabe que le pondrá las cosas siempre más difíciles, eso le hará aguzar el ingenio. Con un mando que tiende a buscar culpables en su equipo cuando las cosas le salen mal, usted debe asegurarse, si es necesario, de que tiene las pruebas para que no le acusen.
Lidiar con un mal jefe implica asimismo cultivar una especie de resiliencia de la que usted puede salir fortalecido. Es algo así como un entrenamiento muy duro que le lleva a salir fortalecido de una situación complicada. Además puede llevarle a descubrir sus fortalezas y debilidades y puede reafirmar sus valores ya que, si el que lo manda actúa con valores desviados o antivalores es necesario que mantenga los propios.