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Estrés sobreactuado: 10 señales para detectar a los que fingen estar "a mil"

La tensión laboral por sobrecarga de tareas es real, pero mientras algunos están "tapados" de verdad, muchos otros aparentan estar siempre al límite

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27 de mayo de 2019 a las 11:31

"Estamos a mil”. “No llegamos con los tiempos”. “Acá falta personal”. Son tres de las frases más frecuentes que se escuchan en la mayoría de las empresas y organizaciones. El estrés laboral por sobrecarga de tareas es una realidad: hay colaboradores tapados hasta la coronilla de listas interminables de trabajo, y otros, del mismo equipo, que actúan como si estuviesen siempre al límite. Es decir que están los que trabajan de verdad y los que “hacen que” trabajan.

Este comportamiento frecuente sucede en todos los niveles, y se manifiesta con una aparente sensación de que todo el mundo está sobrepasado de actividades y siempre al límite de sus posibilidades. Incluso aquellos que hacen lo mínimo indispensable. Sin dejar de considerar que, en efecto, hay muchas tareas que se acumulan quizás en unos pocos y otros que no hacen lo suficiente, esta forma de calificar el flujo de trabajo tiene un efecto negativo. A veces, la falta de organización interna en una empresa, e incluso, en un equipo que depende de cierto directivo en particular, atenta contra la productividad de toda la organización.

Por más procedimientos, normas, procesos y recursos humanos que se dispongan, hay gente que juega al estresado. Al hacerlo, se produce un efecto contagio que impide ser más sensato para fijar prioridades entre lo urgente y lo importante, se delegan en forma poco asertiva las tareas y el clima interno se ve enrarecido, convirtiendo los días de oficina en un infierno. Claro que hay momentos de exceso de tareas. Pero deberían ser las excepciones y no la regla, ya que mantenerse siempre al filo del “estoy extenuado”, “vivimos siempre al límite”, “no llego con todo lo que tengo que hacer” y “estoy hasta las manos” es altamente peligroso en términos de salud, además de que se traduce en una marcada baja del rendimiento laboral.

Hay que decirlo de una vez: no existe organización en la que todos los colaboradores, al mismo tiempo, estén tan sobreexigidos perpetuamente. Sí hay ciclos. Y también una tendencia a exagerar y sobreactuar el estrés.

¿Por qué algunos fingen siempre 'estar a mil'?

-Por moda: está bien visto mostrarse “muy ocupado”, da signo de estatus e importancia vital. Se pretende simular que esa persona es fundamental para que la empresa funcione.

-Para evitar que los demás molesten: es un freno natural a quienes se acercan para pedir ayuda o consejos (“no vamos a molestarlo si tiene tanto trabajo…”).

-Para reducir sus comunicaciones sociales: “No tengo tiempo, estoy siempre sobrepasado de trabajo” es una muy buena excusa en vez de decir “no tengo ganas de ir a tu fiesta”. 

-Para tener justificativos para ser desprolijos en los acuerdos con otros: así, podrás sentirte tentado a llegar tarde, a faltar a una reunión, a no hacer las tareas en tiempo y forma "porque estoy muy ocupado/a".

-Para evadirse de las responsabilidades reales: aparentar tener muchos asuntos entre manos resulta tentador para muchos de los que "hacen ruido" pero no tienen con qué justificar su flujo de tareas.

-Para reclamar en tercera persona y criticar a otros: “Yo hago lo que puedo, pero solo, no da para más”; “Si no ponen a otra persona, no podré cumplir con lo que me piden”. En este caso, se elude el planteo directo de reclamar y ayudar a encontrar soluciones si, efectivamente, hubiese una sobrecarga de tareas en una persona. También sirve para criticar a los demás.

-Para sentirse importante: se supone que quien maneja muchísimas cosas puede sentirse distinto a aquellos que manejan "apenas" uno o dos temas cotidianamente.

-Para escapar de sus problemas reales: el trabajo es una vía de evasión sumamente frecuente.

-Para justificar el mal humor, la ira y las frustraciones: alguien súper ocupado se supone que tiene motivos para manifestarse enojado.

-Para querer demostrar que es imprescindible: al no poner límites en el trabajo, la persona quiere llamar la atención de un superior al asumir más tareas de las que puede hacer normalmente. Se lo confunde con lealtad y con rendir al máximo, en detrimento de su propia calidad de vida y de lo que humanamente es posible realizar.

¿Cómo salir del círculo vicioso de la sobrecarga laboral permanente?

Estos principios de productividad y efectividad pueden ayudarte a salir del círculo vicioso de “actuar de ocupado”: Si sos de los que no hace nada e igualmente actúa el estrés: tomá consciencia del daño que producí a los demás, ya que no aportás nada positivo.

En un pico de tareas, priorizá: empezá por aquellas más difíciles, e intentá delegar y pedir ayuda para todo lo demás. Trabajá por ciclos de una hora con diez minutos de descanso, para desconectar momentáneamente. Involucrate honestamente, y ofrecé tu ayuda a los que están de verdad sobrecargados: no es necesario hacer todo tipo de tareas, aunque en una empresa se trata de trabajar en equipo.

Si ves compañeros que están al límite, siempre hay algo que podrías hacer para ayudarlos. Aprendé a poner límites: si bien puede haber picos de híper productividad, buscá mantener un equilibrio razonable. Organizá la jornada: hacé calendarios, agendas, reuniones con intervalos entre una y otra; llevá pizarras con tres columnas (pendiente / en ejecución / finalizado) para que tomes consciencia a simple vista del flujo de trabajo que manejás. 

No pospongas compromisos de satisfacción personales por el trabajo: fiestas de tus hijos, celebraciones importantes con amigos, actividades deportivas y recreativas son esenciales para tu integridad.

Decí “no” con mayor frecuencia y, a la vez, proponé formas de organizar el trabajo: te ayudará a sentirte mejor y a que la carga laboral sea más equitativa. Tené registro interno del agotamiento: hay un termómetro que te indica cuál es el límite de tu capacidad de producción y resolución de problemas. Cuando llegues ahí, habilitate el momento de descanso. En momentos límite, priorizá el cuidado de tu salud física, mental y emocional: el estrés sostenido en el tiempo produce síndrome de burn out, que te obligará a estar fuera del circuito laboral hasta reponerte.

 

El Cronista

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