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Facebook, Google y Uber "se te ríen en la cara": los manejos de los gigantes de la tecnología y cómo enfrentarlos

La periodista argentina Natalia Zuazo es la autora de Los dueños de internet, un libro que pone el foco en el lado oscuro de las empresas más valiosas del mundo

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08 de agosto de 2018 a las 05:00

Seguro hoy realizó al menos una búsqueda en Google. Entró a Facebook o Instagram a ver las fotos de las mascotas de sus amigos, o de sus hijos, nietos o sobrinos. Mandó un chiste por Whatsapp. Trabajó en su computadora que cuenta con un sistema operativo Microsoft o Apple. Quizás, también, se tomó un Uber. El consumo de alguno de los productos de las empresas más poderosas del mundo es prácticamente inevitable.

Se confía en ellas, sus dueños de remera y jeans son simpatiquísimos y hacen obras de filantropía en todo el mundo. Pero en realidad trabajan bajo un paradigma de secretismo absoluto, imponen sus condiciones a particulares, empresas competidoras y gobiernos y cada vez acumulan más riqueza entre menos empresas y personas, lo que agiganta la desigualdad. Ese es uno de los llamados de atención que realiza el libro Los dueños de internet, de la periodista argentina Natalia Zuazo, especializada en tecnopolítica.

"Es un rubro en el que en español no hay demasiadas investigaciones realizadas", comenta la autora por teléfono en conversación con El Observador. Luego de diez años de trabajo en esa área, y de realizar consultorías vinculadas al cruce de ciencia y política, en 2015, publicó su primer libro. Guerras de internet fue escrito en un mundo donde las revelaciones de Edward Snowden sobre las violaciones de la privacidad ya se conocían. Allí ya mencionaba a estos dueños de la tecnología, con la intención de "ponerle nombre y llamar la atención sobre ellos"; ahora desarrolla sus perfiles en este nuevo texto.

El secretismo con el que Facebook maneja sus algoritmos, que determinan, por ejemplo, que noticias (reales o falsas) se aparecen a cada usuario y fomentan la creación de "burbujas", donde cada uno ve información sesgada hacia lo que le agrada, sin que la empresa explique sus procedimientos; la investigación que Google hace de las búsquedas, los mails y el uso de sus productos que hagan los usuarios; la influencia que ejerce Microsoft para que los gobiernos compren sus aplicaciones de enseñanza, y la conducta depredadora de Uber son algunos de los puntos que Zuazo comenta en el libro.

"Ellos generan desigualdades que son visibles en algunos casos y en otros no", explicó. "Idealizamos a estas empresas que generan nuevas desigualdades porque buscan privatizar la educación, privatizar las ciudades, difunden las noticias falsas, y no hay muchos que llamen la atención sobre eso. Aunque no se puede negar que sus productos son útiles y eficaces".

Para Zuazo, esta situación se ha generado por la propia estructura de estas empresas que conforman una elite cada vez más rica y poderosa. El capitalismo tiende a la concentración de la riqueza, que genera desigualdad; pero además estas compañías operan sin intervención de los estados, y cuentan con amplios equipos de marketing, prensa, y lobistas que generan una imagen positiva de ellas, lo que hace que no se conozca el lado oscuro de sus actividades empresariales.

"Idealizamos a estas empresas que generan nuevas desigualdades porque buscan privatizar la educación, privatizar las ciudades, difunden las noticias falsas, y no hay muchos que llamen la atención sobre eso. Aunque no se puede negar que sus productos son útiles y eficaces".

La autora lo plantea de la siguiente manera: "la política dejó de ser valiente, porque no busca negociar con estas empresas, y así se genera un nuevo colonialismo, solo que en lugar de con países es con empresas", aunque en Los dueños de internet se plantean ejemplos como el de la ciudad de Barcelona, iniciativas de algunas zonas de Estados Unidos, o de Santa Fe, en Argentina, donde se obliga a las empresas a rendir cuentas, se les cobran impuestos y se busca que sus ganancias no se vayan de la ciudad. Por otra parte, se generan iniciativas gubernamentales tecnológicas, de leyes de privacidad de datos o de proyectos cooperativos para usar la tecnología sin que implique explotación. Politizar la tecnología es, para la autora, uno de los caminos de salida.

A nivel del manejo de sus ganancias, comenta que las empresas tecnológicas usan cuentas offshore para reducir sus gastos impositivos. "Todas tiene sedes en Holanda e Irlanda porque tienen una menor cuota de impuestos, entonces mandan sus dividendos para esos países, y de allí a las Bahamas, las Bermudas y otros paraísos fiscales. Además, como son consideradas innovaciones y no empresas, pagan menos, solo gastos de propiedad intelectual", detalló, y continuó: "Se recauda poco y se reparte mal, y no se exige transparencia".

Eso se debe a que hay miedo de parte de los gobiernos de enfrentarse a estas superpotencias. Zuazo agrega que la falta de asesores especializados en tecnopolítica, y el peso de los lobistas (por ejemplo, el de Google era integrante del Partido Republicano en Estados Unidos) hace difícil que se les plante cara. "Hay un doble discurso de parte de las empresas y hay que señalarlo".

Pero no solo los gobiernos son los que deben dar el paso. En el libro y en la charla, la autora reafirma la necesidad de parte de los consumidores de tomar consciencia del acceso a los datos que tienen los monopolios tecnológicos y como los usan o cómo se toman las decisiones a través de algoritmos. "Esa educación se hace despacio, pero va avanzando. Hay que rechazar que se tomen decisiones y la justificación sea 'lo definió el sistema'. Las empresas nos ven como clientes, pero a la vez somos ciudadanos, y los datos que nos pidan tienen que ser proporcionales a lo que vamos a adquirir. Tenemos derechos y obligaciones, pero hay que definir hasta dónde pueden ir las empresas y poner límites".

El libro hace el llamado de atención y Zuazo ve que no todo es tan apocalíptico. Hay una mayor toma de consciencia, considera, e investigaciones como la del periódico inglés The Guardian sobre la consultora Cambridge Analytica, que puso el foco sobre los manejos de datos de Facebook, marcan la necesidad de seguir apoyando las indagaciones independientes que hacen un escrutinio cercano de las empresas. Y además, hay movimientos académicos, de activistas y de gobiernos europeos para revertir la situación.

Zuazo hace, de todos modos, una puntualización: "Cambridge Analytica llamó la atención de la política porque le pegó en el corazón. Les hizo ver que el cuerpo electoral se podía afectar a través de las redes y la tecnología y por eso fueron duros". Y apuntó que es responsabilidad de los políticos sentarlos a negociar, porque ellos no lo harán por voluntad propia. Pero su conclusión es que hay esperanza, a través de la regulación y la confrontación.

Aunque el rival es duro, porque sabe venderse bien. "Toda la postura buena onda que tienen ellos y sus líderes está muy estudiada, de hecho hay políticos que la replican. Pero por atrás te están tomando el pelo, porque dicen que trabajan para vos y en realidad lo hacen para ellos y sus ganancias". En el libro hay ejemplos como el de Microsoft, que dice que la educación debe ser personalizada y vende a todos los países los mismos programas estandarizados. O Uber que llega a un nuevo mercado con precios bajos para tentar a los consumidores, y luego se hace con un porcentaje de 25% de las ganancias de los choferes (a los que llama socios para crear una ilusión de colaboración) y los obliga a cambiar periódicamente de vehículo, por lo que sus empleados deben trabajar más horas que los taxistas para lograr ganancias.

"Se te ríen en la cara y tienen dinero para comprar voluntades y buena publicidad. Se imponen así, sin necesidad de violencia y con filantropía, financiando caridad o incluso ONGs que supervisan el uso de la tecnología", concluyó Zuazo. La periodista reconoce que el desafío es exigente y complicado, pero no imposible, porque el cambio no tiene que ser esperado sin más, sino que se puede ejercer desde la política y desde la ciudadanía.

Ficha

Los dueños de internet

Editorial: Debate
Páginas: 192
Precio: $ 400

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