Tras 21 días de incesantes y duros bombardeos, el sonido de la muerte cesó este lunes por unas horas en Gaza, sustituido por las risas de los niños, los juguetes y las pompas de jabón típicas de la fiesta de fin de Ramadán.
Los más pequeños retomaron las calles de las principales ciudades, unos para trabajar y ayudar a sus familias, y los menos para disfrutar por unas horas de los regalos y las golosinas, como si fuera una fiesta del "Eid" normal.
En muchas de las 69 escuelas-albergue gestionas por la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (Unrwa), en las que se han cobijado cerca de 200 mil familias, a veces en condiciones infrahumanas, la vida era este lunes un poco menos dolorosa.
"Los niños juegan porque son niños y es lo que tienen que hacer. Y nosotros les dejamos pero esto es una enorme tragedia. No tenemos donde volver, no tenemos dinero ni trabajo. ¿Qué vamos a hacer, vivir aquí así toda la vida?", se quejaba a Efe Mohmad al Nablusi, un tendero de Shahaiya.
Hoy, una de las discusiones recurrentes en cafeterías y mezquitas de la Franja era si este aparente cambio de estrategia de "calma por calma, disparo por disparo", es el preludio de una tregua definitiva que ponga fin a 21 días de conflicto que han segado la vida de más de 1.100 personas, en su gran mayoría civiles.