Por Alan Beattie
Fin de confinamientos chinos y reapertura del comercio
Los riesgos de perturbaciones de los puertos y el transporte marítimo se ven compensados por el impulso de la demanda mundial
Los riesgos de perturbaciones de los puertos y el transporte marítimo se ven compensados por el impulso de la demanda mundial
Por Alan Beattie
El rápido desmantelamiento por parte de Beijing de los confinamientos provocados por la pandemia de Covid será sin duda uno de los acontecimientos económicos de 2023.
Predecir el impacto sobre el crecimiento mundial implica sortear una maraña de efectos contradictorios. Uno de los aspectos positivos es que un aumento del consumo impulsará la demanda de exportaciones en otros lugares. Uno de los aspectos negativos es que el aumento de la producción industrial china se traduce en una mayor demanda de combustible y, en particular, de gas natural licuado (GNL), lo que posiblemente vuelva a inflar el impacto de los costos energéticos. En cualquier caso, si la reapertura crea una nueva oleada de casos y una crisis sanitaria, podría ser un lastre más que un impulso para el crecimiento.
Tampoco está claro el impacto sobre la globalización y, en particular, sobre el sistema de comercio de mercancías. La idea inmediata es positiva. La reapertura podría ayudar a desatascar las rutas chinas de transporte marítimo y por carretera, reduciendo las tensiones en las cadenas de valor. Pero la transición podría ser, como mínimo, agitada. Los puertos y las fábricas están sujetos a los mismos riesgos de reapertura que el crecimiento global. Los trabajadores infectados que se queden en casa no mantendrán abiertas las terminales de contenedores y, en cualquier caso, los puertos, que requieren más capital que mano de obra, han funcionado relativamente bien en comparación con gran parte de la economía nacional.
Desde el punto de vista de la demanda interna, China puede registrar un gran superávit comercial, pero ya no es sólo una máquina de exportaciones: con unas importaciones de US$2.7 billones en 2021, frente a los US$2.8 billones de EEUU, es el segundo mayor importador de mercancías del mundo. Por el lado positivo, un gran aumento del consumo podría aumentar la demanda mundial. Por el lado negativo, un mayor tráfico de contenedores podría hacer resurgir las tensiones en las cadenas de suministro que comenzaron en 2020.
La reapertura llega en un momento en que esa congestión se está disipando rápidamente, pero no por las razones que desearías. Las estratosféricas tarifas de flete y los tiempos de espera de los buques de carga se desplomaron en el primer semestre del año pasado, no por la mayor eficiencia de los puertos y el transporte marítimo, sino porque las perspectivas de crecimiento mundial y, por ende, el tráfico de mercancías se debilitaron rápidamente.
En realidad, las limitadas reaperturas de China consiguieron empeorar la tensión en las cadenas de suministro el año pasado debido al aumento de las tasas de infección entre los trabajadores, pero no mucho. Los economistas de la Reserva Federal de Nueva York han creado un índice compuesto de la presión en la cadena de suministro que incluye los plazos de entrega y las existencias de mercancías. La drástica disminución de los volúmenes de transporte de mercancías hizo que el indicador cayera rápidamente el año pasado, pasando de un máximo de 4.3 desviaciones estándar por encima del promedio histórico a finales de 2021 a 0.9 desviaciones estándar en septiembre. El índice dejó de caer y se estabilizó en los tres últimos meses del año, y los economistas de la Reserva Federal de Nueva York señalan la congestión provocada por la reapertura china como causa.
Más infecciones, aparte del costo humano, podrían aumentar la presión sobre la cadena de suministro. Pero, como señalan los economistas de la Reserva Federal de Nueva York, las anteriores interrupciones del suministro al comercio mundial provocadas por la pandemia de Covid fueron más perjudiciales porque se produjeron en todas partes a la vez. La reapertura es específica de China. Uno de los efectos de la pandemia y del aumento de las tensiones políticas a escala mundial ha sido el desplazamiento del abastecimiento de las multinacionales hacia centros de producción alternativos, como India y Vietnam, que no tienen los mismos problemas de confinamiento.
Queda la cuestión de si la congestión de la cadena de suministro es un problema tan grave. Las colas de barcos que esperaban en los puertos de la costa oeste de EEUU en 2021 parecían dramáticas. Pero esos puertos seguían manejando cantidades récord de carga, sobre todo de bienes de consumo duradero, y la congestión no impidió que las exportaciones mundiales se recuperaran de la crisis de Covid.
Aunque el consumo global se ha atenuado, la demanda relativa de bienes duraderos sigue siendo alta, lo que significa que la congestión impulsada por la demanda podría, concebiblemente, reaparecer si el consumo chino regresa con fuerza. Pero que así sea. La reapertura de China, a menos que cause graves sufrimientos humanos y haya que revertirla, es casi con toda seguridad positiva para el comercio y la globalización. El resto del mundo necesita más demanda de exportaciones, aun a riesgo de que se produzcan algunas perturbaciones en las cadenas de suministro. Nadie quiere exactamente que vuelva la congestión del transporte marítimo, pero en comparación con la alternativa de una recesión mundial no es un mal problema.
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