Espectáculos y Cultura > UPM, la película

Fraylandia, el documental que retrata el conflicto de las papeleras

A través de un seguimiento a ciudadanos anónimos cuyas vidas se ven alteradas por la construcción de la planta de celulosa, la película retrata uno de los episodios clave de la historia reciente uruguaya

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19 de agosto de 2019 a las 05:00

Allá, a lo lejos, atrás de las casas, de los caminos vecinales, de los pastizales, hay una chimenea. Gris, alta, con un hilo constante de humo blanco saliendo de su boca. La chimenea pertenece a una enorme mole metálica, una fábrica que puso a dos países en pie de guerra. Que instauró un conflicto que llegó a los máximos tribunales mundiales. Que alteró las vidas de dos ciudades y de sus habitantes. Una fábrica que trajo esperanza, odio, trabajo, conflicto, felicidad y hasta una historia de amor.

Entre 2005 y 2010 Uruguay y Argentina tuvieron uno de los conflictos más intensos de su historia por la instalación de la planta de celulosa de la empresa finlandesa Botnia. El documental uruguayo Fraylandia, que este jueves 22 llegará a los cines nacionales, relata ese enfrentamiento, pero enfocándose más en las vivencias de los locatarios que en los discursos a favor y en contra de la planta.

Fraylandia tiene un grupo de personajes que son su corazón y su alma: Estela Vence, una uruguaya que fue parte del grupo de “piqueteros ambientalistas” que se opusieron a la construcción de la planta y que vivió en el puente internacional que conecta Fray Bentos con Gualeguaychú durante el corte; Delia Villalba, candidata a la vicepresidencia por el partido Unidad Popular y que se opone a la construcción de la planta; Sandra Dodera, una periodista radial que alienta la construcción y ataca constantemente en su programa a los ambientalistas, y la que funciona como hilo conductor del relato, Mirta Colombo.

Colombo empieza una relación con un checo llamado Dussan, que llega a Fray Bentos para la construcción de la planta. Cuando el europeo tiene que volver a su tierra, el vínculo sigue por correspondencia. La vida de Mirta, a medida que recibe cartas de amor escritas en una mezcla de español con dudosa sintaxis, inglés y checo, va guiando la historia, que se complica cuando un segundo hombre, uruguayo, se mete en su vida y la deja entre dos amores.

Fray Bentos, una ciudad que a lo largo de su historia estuvo definida en buena parte por las inversiones extranjeras – primero el frigorífico ANGLO, ubicado al oeste de la ciudad, incluidos sus posteriores intentos de ser reflotado, y ahora Botnia, luego UPM, ubicada al este- es también una de las protagonistas de la historia, además de ser su escenario principal. De hecho, algunos de los personajes secundarios de la historia son reflejos de esa historia, como un exfuncionario del frigorífico que sigue esperando que le paguen salarios adeudados.

De hecho, el proyecto de la película se inició con la intención de participar en un certamen español en el que debían presentarse historias de ciudades que estuvieran cambiando. Y con la instalación de la planta de celulosa, Fray Bentos no solo estaba cambiando, estaba completamente revolucionada. “En ese momento, en 2007, era el eje de las noticias diarias”, explicó a El Observador uno de los directores del documental, Sebastián Mayayo. “La planta estaba por inaugurarse y todo el mundo hablaba de Fray Bentos. Empezamos a ir con el equipo, hicimos dos viajes por el fin de semana. Y después recibimos apoyo del FONA (Fondo para el Fomento y Desarrollo de la Producción Audiovisual Nacional) y a partir de ahí pudimos quedarnos más tiempo cada vez, una semana, cinco días. Pasamos incluso una Navidad y Año Nuevo allá”, contó Mayayo.

La mayor permanencia les facilitó el descubrimiento de los personajes y la definición del “elenco”. Y también descubrir algunos pasajes menos conocidos de la historia de la ciudad. Como la aparición en la década de 1980 de un grupo de presuntos inversores árabes, que son recibidos por el gobierno militar y por la ciudad como salvadores, y que intentan reflotar el frigorífico ANGLO, con un fracaso rotundo. Se llega a poner en duda incluso si los empresarios son saudíes, como afirman, o si es todo un gran montaje, ya que incluso en un momento del material de archivo, adquirido a través de los canales de televisión fraybentinos, hablan en italiano.

Fueron tres años de seguimiento a los distintos personajes de la historia. Sus vidas cambian con la cámara encima, a medida que la planta se activa y no demuestra ninguna intención de retirarse, y que el tribunal internacional de La Haya da su fallo. Luego todo vuelve a la normalidad de pueblo chico.

En el medio de ese seguimiento ocurren situaciones que van de lo más íntimo a lo surrealista. El administrador finlandés de la planta juega en la playa, enamorado de su nuevo hogar; Mirta Colombo se desespera por su corazón dividido; y Sandra Dodera nada en una piscina en el fondo de su casa, filosofa sobre los piqueteros y la instalación de UPM mientras chapotea al sol.

Según Mayayo, muchas de esas escenas fueron planteadas por las figuras. “Sandra nos proponía escenas, por ejemplo. Los personajes dictaron el tono de la historia”, señaló.

Y ese tono tiene mucho de decadencia, humor involuntario y bizarrez, desde la aparición de los árabes hasta algunas escenas situadas en una whiskería. Todo tiene un toque surreal, pero a la vez es serio, sobre todo en lo vinculado al conflicto binacional y a la tensión constante que genera entre los dos bandos, las dos ciudades y los dos países.

Ahí se refleja uno de los lemas de la película: ayer una tragedia, hoy una comedia. No solo por lo que logra mostrar el documental, sino que también porque la distancia temporal permite ver los eventos con otra óptica, reconociendo que fue un gran drama, pero que también estaba rodeado por personajes pintorescos.

La película está terminada desde 2011, explicó Mayayo, y tuvo paso por distintos festivales en el extranjero, pero recién ahora llega a los cines locales, coincidiendo, de forma casual, con el anuncio oficial de la construcción de una segunda planta de UPM. La demora, vinculada a problemas internos del equipo, terminó generando una mayor distancia temporal, pero para su director, también le hizo bien.

“Hoy le haría solo algunos cambios técnicos, pero no al tema ni a la historia, me parece que ahora tiene más fuerza, porque ese fue un momento muy fuerte”, concluyó.

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