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Fuerza Bruta desembarca en Punta del Este con su adrenalínico espectáculo

Un primer vistazo a Wayra, el show que la compañía argentina desplegará en Enjoy Punta del Este

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19 de diciembre de 2018 a las 05:01

Romper todo. Hay que salir a romper todo. Hay que bailar. Reventar placas de espuma plast en las cabezas, hacer volar los papeles entre las ráfagas de viento, gritar como desaforados, seguir a la masa que se mueve en sintonía con el pulso de la música y los chillidos guturales de los actores, saltar y asombrarse ante las destrezas de un teatro que no es teatro, con un espectáculo al que no le interesa atenerse a fronteras preconcebidas, que decide explotarse para sorprender. Hay que bailar. Y romper todo. Dejarse llevar por la fuerza bruta del cuerpo humano.

Así es Fuerza Bruta. Así se lo digiere. Es una experiencia sensorial, es una revolución para el escenario y las ideas sobre el teatro. Es, también, uno de los grandes espectáculos del mundo, uno que se presentó en varias ciudades alrededor del globo y que siempre dejó con la boca abierta a sus espectadores. Vaya a donde vaya, esta creación argentina que mezcla el arte performático con el baile, el teatro y algunos toques circenses, destella y deja una huella en el público, que se contagia con su experimento indefinible. En Uruguay ya dejó ver un primer adelanto: fue en 2016, cuando se presentó de manera reducida en Landia, en el Parque Roosevelt. Este verano, el bombardeo de sensaciones de Fuerza Bruta estará nuevamente disponible para quienes quieran experimentarlo en una temporada que comenzó este martes y que continuará hasta el domingo 3 de febrero. El escenario será el hotel Enjoy Punta del Este y las entradas ya están a la venta (salen $1320 y $1485 los viernes y sábados; se compran en RED UTS y en el hotel).

Lo que llegó a Uruguay en este segundo aterrizaje es Wayra, que significa viento en quechua y que también es el nombre de este show de una hora y cuarto que reúne todas las escenas características de Fuerza Bruta: la piscina aérea donde cuatro mujeres saltan y gritan al unísono, el hombre que vuela por encima de las cabezas de los espectadores, la habitación de cartón y polietileno que, en segundos, queda reducida a escombros por enloquecidos miembros del elenco y varias más. Será la primera vez que este espectáculo se verá completo en el país.

La fuerza de todos

Diqui James está sentado sobre un cajón de metal, con las piernas colgando y la sonrisa sostenida. La satisfacción le cruza el rostro y sus ojos siguen a los actores que se alejan y le palmean la espalda. Acaba de terminar un ensayo, no un show, pero aun así el aire que se respira tiene algo de deber cumplido, de expectativas alcanzadas. Él, que es creador y director de todo esto, hace rato las cumplió, pero sigue elevando la vara de su show. 

“El espectáculo sale inspirado por el carnaval, las fiestas callejeras, el teatro callejero. Por ahí no todo el mundo va al teatro, quizás va gente más intelectual, que tiene más guita, y nosotros de entrada dijimos que queríamos hacer algo para todo el mundo. Que le pegara al que lee Shakespeare todo el día y al que no sabe leer. Que fuera para chicos, para grandes. Como ese momento en que ves a todos festejando, a la tía, a la abuela, a todos”.

Allí, en el festejo, en ver a la tía, a la abuela y a todos juntos en una procesión carnavalesca y festiva, es de donde Fuerza Bruta saca rédito. Como dice James, el espectáculo está concebido para ser un éxito, para que sea parte de un goce colectivo y retroalimentado. Por eso la compañía –que surgió en 2003 como parte de un espectáculo independiente del grupo teatral bonaerense De La Guarda– alcanza hoy todos los puntos del globo. Se presentó en Asia, en Europa, en Latinoamérica y tiene un elenco estable en Nueva York, ciudad en la que fue vista, hasta el momento, por unas 900 mil personas. Funciona acá, en Japón y en Estados Unidos. Funciona. “Cuando nos fuimos fuera (de Argentina) con el show, nos dimos cuenta de que habíamos creado un lenguaje que lo entendía todo el mundo, porque así como atravesamos barreras en nuestro país, lo hicimos en el resto de los países. Un japonés lo puede entender igual que un uruguayo”.

El nombre Fuerza Bruta fue una invención del propio James, que junto a Gaby Kerper y Fabio D’Aquila se reparten la producción y ejecución del espectáculo desde su creación. Según dice, al principio el nombre le parecía “una mierda”, pero hoy le encanta. A la pregunta de si podemos definir a Fuerza Bruta como teatro independiente dice que sí, “porque hacemos lo que queremos”.

“La idea del espacio es muy importante. Queremos una experiencia donde todo pueda pasar en todos lados, en el techo, en las paredes, que atraviese distintas atmósferas. Ya el hecho de no tener un escenario y butacas, me atrapa. Me gusta que la gente pueda moverse, que el espacio pueda transformarse, cambiar el punto de vista del espectador”. James dice que en Fuerza Bruta el espectador nunca está estático y es cierto. O está interactuando con los actores, o se está moviendo por el escenario en constante cambio, o simplemente está bailando. La consigna, si se quiere, es no parar.

Y los que tampoco paran son los actores. O performers, como le gusta autodenominarse a ellos. El ritmo de Fuerza Bruta se mantiene en su cuerpo varios minutos luego de finalizado el espectáculo y eso queda en evidencia cuando sale del camarín Esteban Lisazo, un sobregirado actor de 31 años que, cambiado y sentado en un sillón del hall, habla de cómo ingresó a la compañía a través de un casting y de lo emocionado que está por salir por primera vez de Argentina para hacer el show.

“Fuerza Bruta tiene que ver con la emoción, la adrenalina, con el trabajo en equipo. Eso último define muy bien lo que es, en el sentido de todo lo que pasa en el back, todo lo que no se ve. Hay muchísima gente para que nada falle y se vea todo como se ve. Después, ganas, garra y riesgo. El show tiene mucho de esa locura que te da ganas de copiar, que te contagia. Uno se prende, lo copia el de al lado y cuando querés acordar tenés 600 personas saltando, que quieren participar y que gritan. Es una retroalimentación constante, porque estás dando todo y el publico también te devuelve todo”.

La locura, en el espectáculo de Fuerza Bruta, de verdad se contagia y quienes lo hayan vivido lo pueden atestiguar. Es una energía virulenta, que baja del techo o de las luces o de los parlantes, que traspasa los actores y se siente en el pecho, en las piernas. Hasta febrero y de forma diaria esa locura estará disponible y abierta a nuevos interesados en experimentarla, pero también a aquellos que ya hayan sido testigos de su fuerza. En la sala, entre cuartos que explotan, los toldos que se levantan entre el aire, los cuerpos que se tensan y los destrozos varios, hay lugar para todos. 


 

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