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Ganadas y perdidas: creatividad y perseverancia para sortear las tormentas

El último libro de Alexis Jano propone conocer experiencias y aprendizajes inspiradores

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02 de enero de 2019 a las 05:02

Después de libros que cuentan historias y vivencias de empresarios como Herencia de emprendedores, Inspiradores latinoamericanos y Vencer Paradigmas, el comunicador y consultor Alexis Jano lanzó hace poco más de un mes el libro Ganadas y perdidas, aprendizajes que inspiran. Con esta obra, mediante entrevistas a protagonistas de diversos ámbitos que van más allá de lo empresarial, se propone contar casos de éxitos y fracasos.
“Los entrevistados nos plantean la importancia de contar con la capacidad para poder tomar decisiones en el momento justo, teniendo clara la definición de sus propósitos. Esperar a que llegue el “momento ideal” para ejecutar y tomar una decisión implica quedarse estático y no avanzar. Y como esos momentos de perfección no existen, solo resta confiar en la convicción, la intuición y las capacidades propias para poder prevalecer. Coinciden en no dejar de hacer, porque el hacer nos lleva a estar en movimiento y el movernos nos lleva a la experiencia misma: el encontrar una visión diferente para solucionar un problema”, escribe en uno de los prólogos de la obra que cuenta con el apoyo de Deloitte.

Para el socio director de Deloitte, José Luis Rey, las experiencias relatadas en Ganadas y perdidas ayudan a “vislumbrar el sinuoso recorrido de quienes confían y emprenden para poder llegar a puertos lejanos”.  
En el libro son entrevistados los empresarios Álvaro Banchero, Andrea Roth, Pablo Lecueder, Néstor Gómez Alcorta, y Eduardo Campiglia, además del cofundador de la Red de Alimentos Compartidos, Marcel Birnfeld, el presidente de ANII, Fernando Brum, la matemática Yaiza Canzani, el dramaturgo Gabriel Calderón, y la emprendedora biotecnológica Lucía Spangenberg.

A continuación extractos de algunas de las entrevistas

Álvaro Banchero, Subway

¿Cambiaría algo de sus primeros años como emprendedor?
“Cambiaría muchas cosas, actitudes y reacciones que vistas en perspectiva no me gustaron de mí mismo; pero de lo que me tocó vivir de 2002 en adelante, no cambiaría absolutamente nada. El aprendizaje de tocar fondo fue carísimo pero me terminé encontrando conmigo mismo. De ahí en adelante fui dueño absoluto de mi destino, en las buenas y en las malas. Creo que hay que estar en el lugar y en el momento correctos, y estar atento cuando surgen oportunidades y aprovecharlas. A veces tenía que hacer el sacrificio de irme dos semanas a trabajar al exterior aun teniendo hijas chicas, lo hacía porque ya lo habíamos decidido así con Virginia, pero los fines de semana siempre estaba con ellas. Lo que me importaba era darle bienestar a mi familia y a su vez desarrollarme laboral y profesionalmente. Eso sí, siempre tuve claro que iba a hacer la tarea que fuera para tratar de salir adelante, sin quedarme llorando esperando el milagro. Lamentablemente, el milagro no va a suceder si no te encuentra activo, buscando oportunidades. Zig Ziglar dice: “El éxito es un proceso, no un evento o suceso aislado” y coincido plenamente con ello. Pero lo aplico para todos los órdenes de la vida, no solo para la parte empresarial o laboral, sino también para la familiar y social. Descubrí que tenía un gran poder de adaptación a las diferentes circunstancias que toca vivir, y estoy seguro de que así lo haría de nuevo”.

Eduardo Campiglia, constructor

¿Cuáles son las perdidas a lo largo de su trayectoria?
“Muchas, muchas (se ríe), en la construcción uno está permanentemente en
tensión porque por ejemplo, hubo posibilidades de pérdidas muy importantes en excavaciones, en perjuicios contra vecinos; pasamos incertidumbre pero técnicamente la pudimos salvar. Ahí hay una cuestión de creatividad, de cómo se encara y de cómo se busca resolver el problema. Estamos en un momento en el cual tenemos gente con más de veinte años de trabajo en la empresa. Hemos tenido que despedir a algunos funcionarios con más de dos décadas de trabajo, para mí fue muy duro. Un técnico con antigüedad, solo por el hecho de haber
trabajado en esta empresa, posee credenciales para conseguir trabajo enseguida. El otro día hablé con un arquitecto que no siguió más en la empresa, que me decía: “Campiglia, usted quédese tranquilo, yo estoy tremendamente agradecido, aprendí mucho acá y tengo posibilidades de seguir trabajando”. Me duele, pero la construcción a veces es así, hay que aceptar. Siempre hemos ido creciendo, pero a pesar de que no hay una crisis brutal, se nos descoordinaron algunas obras muy importantes que teníamos para empezar y pasamos un momento crítico. En este momento hay que repensar el futuro a cinco, diez o veinte años. Siempre pensamos a largo plazo. Como va todo tan rápido, quisiera no estar trabajando más, no porque no tenga ganas sino porque veo que ya no soy tan útil como fui. Las cosas que aporté en su momento le valieron mucho a la empresa pero hoy se precisan cabezas nuevas, más trabajo de equipo.”

Andrea Roth, Apiter

¿Qué está visualizando a futuro a partir de la experiencia vivida?
A veces no somos conscientes, miro para atrás y no puedo creer todo lo que vivimos, todo lo que hicimos y dijimos. La pasión en lo que uno hace, en los proyectos, y la convicción de saber hacia dónde queremos ir, las definimos como nuestro “gran norte”. Hay que embarcarse en eso, si lo hubiéramos pensado con cierta lógica del país, no lo hubiéramos hecho. Muchos cuestionaron…Muchos siempre cuestionan todo pero estamos convencidas de que hay que seguir, sabemos a dónde vamos. Es cierto que hay que escuchar, pero también hay que saber cuándo confiar en nuestra voz interior. Recuerdo que hace muchos años, en una oportunidad de celebración y reconocimiento a nuestros colaboradores también les entregamos a
nuestros padres una placa que dice: “Gracias por enseñarnos que es posible soñar y hacer realidad los sueños. Con perseverancia, dedicación, honestidad y fundamentalmente,
con mucho amor puesto en lo que se hace”. Y sigo pensando que de eso se trata…Cuando me preguntan qué es lo que me mueve, respondo que es una mezcla de convicciones, de valores y de pensar en la gente que trabaja con nosotros. Las instituciones, las empresas, más allá de los marcos, son sus personas. Es un gran barco que uno no timonea solo, se timonea con realidades, con circunstancias y con grandes equipos que te permiten llegar a buen puerto.”


 

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