La alfombra roja que se extiende en frente al Palacio de los Festivales, en Gramado, volvió este viernes a concentrar todas las miradas de habitantes, turistas y fotógrafos en búsqueda de imágenes de los actores famosos de la televisión brasileña. Fue la primera noche del 39º Festival de Cine de Gramado, que sigue hasta el 13 de agosto.
Por esta razón, el festival invita y paga todos los costos de transporte, hospedaje y alimentación de 1.200 figuras del cine y de la televisión. La población de Gramado, que normalmente es de 33 mil personas, se multiplica con el arribo de los 120 mil turistas que ocupan casi un 100% de las 11.000 camas disponibles en los hoteles. Se estima que en los 137 restaurantes 10.000 personas son servidas simultáneamente.
La fórmula hace que esta pequeña villa se convierta en el metro cuadrado más deseado del Estado de Río Grande del Sur durante la semana del festival. Las diez cuadras del centro de Gramado son tomadas por los stands de empresas que distribuyen regalitos, sirven café y promocionan sus productos.
Sin exageración, cada diez pasos el turista encuentra una modelo que le ofrece una prueba de un producto: chocolates, bizcochos, vinos.
Económicamente, el festival siempre fue un éxito. Sin embargo, cuatro años atrás, el fracaso de la programación de cine fue tan intenso que la organización fue obligada a contratar a una pareja de curadores que hasta hoy sigue dando un carácter especial para el Festival de Cine de Gramado: Sérgio Sanz y José Carlos Avellar. “En aquel momento, era solamente la alfombra roja lo que interesaba. Las películas eran comerciales y no tenían calidad. La crítica empezó a ser demasiado fuerte y decidieron nombrarnos a nosotros para coordinar la selección”, recuerda Sanz.
“Solo aceptamos con la condición de que pudiéramos transformar el evento en un festival de cine autoral. Ni siquiera sabíamos exactamente qué era esto y cómo hacerlo, pero ahora, cuando escucho que Brasil está recuperando una vía importante del cine, veo que el trabajo está en una dirección correcta”, evalúa Sanz.
Sin embargo, aún con Sanz y Avellar en el comando, el año pasado un homenaje a Xuxa provocó ira en muchos cinéfilos y generó innúmeras críticas por parte de la prensa. “No veo problemas en mantener el glamour siempre que el contenido siga siendo bueno. Yo me quedé mal cuando supe que iban a dar el trofeo a Xuxa”, critica el director de cine Paulo Nascimento, participante asiduo de ediciones recientes e integrante del tribunal de críticos en 2011.
Este año, entretanto, la distinción principal corresponderá a la actriz Fernanda Montenegro, que posee una larga carrera en el teatro y en el cine y también es frecuentemente vista en las novelas. La actriz llegó a ganar el Urso de Plata de Mejor Actriz en Berlinale en 1998, por su actuación en Central do Brasil, que participó como Mejor Película Extranjera en el Oscar ese año. “Creo que con esto se redimieron”, ironiza Nascimento.
El único que no se interrumpió
El festival de Cine de Gramado es el único en Brasil que ocurre sin interrupción desde su primera edición, en 1973. Fue creado por un grupo de amigos de un cineclub de Porto Alegre, lo que le confiere una tradición única. Combinado con este nuevo formato de presentar obras con lenguaje innovador e incluso experimental en algunos casos, se transforma en el más importante de Brasil, según algunos participantes.
“Con todo el respeto a los otros festivales, Gramado es el más reconocido en el extranjero”, opina el director de cine Nascimento, que fue premiado en Gramado en 2009 y después fue invitado a participar del Raindance Film Festival, en Londres.
Para esta edición, la competición principal abarca 7 largometrajes brasileños y otros 7 extranjeros, entre ellos El Casamiento, del uruguayo Aldo Garay, que se exhibe el jueves a la noche en el Palacio de los Festivales.
Además, serán 16 cortometrajes en la muestra nacional y 20 en la muestra local, todos también sujetos a premios. Ninguno ofrece dinero.
“Nosotros optamos por democratizar la verba, pagando a todos los participantes un alquiler de la película para exhibirla en las muestras. Es mejor porque todos reciben. Cuando uno solo recibe el premio máximo estimula la creación de películas hechas para tener éxitos”, argumenta Sanz.
Además de las muestras de premiación está la muestra Panorámica, fuera de carrera, de títulos también suscritos para la competición, que valen la pena ser vistas, pero que no tenían una identidad común con los demás. En esta pauta participa la coproducción uruguaya y brasileña Mundialito, de Sebastián Bednarik.
También hay muestras públicas en los barrios de la ciudad, lejanos del centro, y en el Lago Joaquina Rita Bier. Será un total de 106 títulos en nueve días de evento.
El acceso a las sesiones nocturnas en el Palacio de los Festivales –y la posibilidad de mirar los largometrajes– no es tan democrático. El boleto para cada noche cuesta aproximadamente US$ 70, dependiendo del lugar en la platea. Sin embargo, todas las películas pueden ser vistas gratuitamente en la mañana siguiente. Es también consecuencia de lo que se paga por aquella alfombra roja.