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23 de febrero 2023 - 14:12hs

Por June Yoon

La batalla por los coches que funcionan con combustibles alternativos se está acelerando este año. En los próximos meses saldrá a la venta una cifra récord de nuevos modelos impulsados por baterías eléctricas, a medida que los fabricantes apuestan por soluciones más ecológicas que los motores de gasolina.

Pero dos de los mayores fabricantes de automóviles, Toyota y Hyundai, siguen convencidos de que el hidrógeno se convertirá en una fuente clave de energía limpia para el futuro. Esa obsesión por los vehículos de pila de combustible de hidrógeno parece ahora más justificada de lo que a veces ha parecido en el pasado.

La extrema volatilidad de los precios del gas natural en los últimos meses y la necesidad de encontrar alternativas para los recursos rusos han renovado el interés por el potencial del combustible de hidrógeno. Los vehículos grandes, como los camiones, necesitan una alternativa a la energía eléctrica de las baterías. Las distancias que recorren hacen que las alternativas eléctricas requieran baterías pesadas.

En el sector de los coches de pasajeros impulsados por hidrógeno, encabezado por los modelos Mirai de Toyota y Nexo de Hyundai, las cifras de ventas son bajas: el año pasado representaron menos del 0.1 por ciento de las ventas mundiales de coches de pasajeros. Los vehículos que funcionan con baterías representaron el 10 por ciento.

Pero en el caso de los vehículos comerciales impulsados por hidrógeno — autobuses y camiones — el crecimiento ha sido mucho mayor de lo esperado. Los camiones Xcient de Hyundai han ampliado rápidamente su cuota de mercado desde el año pasado, en las carreteras de Alemania, Suiza, Nueva Zelanda y Corea del Sur. Las entregas llegarán a EEUU e Israel este año. En China, las ventas de vehículos de pila de hidrógeno, encabezadas por los autobuses, casi se triplicaron el año pasado.

El aumento de las ventas en China establece un paralelismo con las tendencias de las primeras ventas de coches eléctricos a finales de la década de 2000. Conforme la cuota de China en las ventas mundiales de coches eléctricos se disparaba — del 26 por ciento de la cuota de mercado mundial en 2015 al 57 por ciento el año pasado — los costos de la infraestructura de recarga, las baterías y los precios de los coches han bajado constantemente.

Hay buenas razones para la adopción de vehículos impulsados por hidrógeno. Los últimos camiones Xcient y el Mirai, por ejemplo, pueden recorrer más de 800 km con una sola carga. Se pueden recargar en minutos. Los precios están bajando.

El mayor cambio es que ahora los coches pueden fabricarse en masa. Los primeros modelos se ensamblaban a mano y la mayor producción está reduciendo los costos. Al igual que las baterías de los coches eléctricos, la pila de combustible de hidrógeno, el corazón de un sistema de pilas de combustible que genera electricidad, es el componente más caro de los vehículos que las utilizan, con un costo superior a los US$11,000 por coche en los primeros modelos. Desde entonces, ese gasto se ha reducido drásticamente gracias al aumento de los volúmenes.

Pero aunque los vehículos parecen un sueño medioambiental hecho realidad, ya que sólo emiten vapor de agua como subproducto, aún queda trabajo por hacer para que la producción de combustible de hidrógeno sea más ecológica y menos costosa.

Alrededor del 95 por ciento de todo el combustible de hidrógeno se genera a partir de combustibles fósiles, sobre todo gas natural. En el proceso de producción se produce monóxido de carbono y dióxido de carbono, lo que compensa la reducción de las emisiones de los tubos de escape de los coches de hidrógeno.

En Asia, la proporción de combustibles fósiles en el consumo total de energía es alta: 83 por ciento en China, y 85 por ciento en Japón y Corea del Sur. Eso significa que incluso los coches eléctricos de batería de estos países no son tan ecológicos como se había previsto.

Eso crea un incentivo para que los gobiernos inviertan en la producción de hidrógeno a partir de fuentes más limpias. Las subvenciones públicas que asumen los costos del desarrollo de nuevas tecnologías ayudarían a eliminar los actuales obstáculos hacia una adopción más amplia. Esto también podría acelerar el cambio al hidrógeno en otros sectores, como el transporte marítimo, la aviación y las redes de gas.

Mientras tanto, las subvenciones a la compra de coches de hidrógeno y a las infraestructuras contribuirán a expandir el mercado. Beijing, por ejemplo, ha lanzado una agresiva campaña de coches de alquiler y autobuses públicos impulsados por hidrógeno. Ya circulan autobuses y vehículos comerciales impulsados por hidrógeno de fabricación local. El país tiene un objetivo de ventas de 1 millón de unidades para 2030.

Toyota y Hyundai han estado desarrollando vehículos de pila de combustible desde la década de 1990 y llevan décadas de inversiones que deben recuperar. Los márgenes operativos y el beneficio neto por coche vendido del dúo están por detrás de los de los coches eléctricos.

La rara coincidencia de las necesidades empresariales y la política gubernamental este año supone la oportunidad de turboalimentar las inversiones en vehículos de combustible de hidrógeno. Crear un mercado para los coches de hidrógeno será un buen comienzo. Pero para que se conviertan en una alternativa viable y sostenible a los vehículos de gasolina, hay que encontrar formas más ecológicas de producir hidrógeno.

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