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Gripe a 12 mil metros de altura

Las enfermedades contagiosas comienzan a ser un miedo a la hora de viajar en avión 

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26 de septiembre de 2018 a las 05:00

Entre Dubai y Nueva York es 11.020 kilómetros, distancia que un avión, en vuelo directo, cubre en 14 horas 40 minutos. Días atrás, un vuelo de la aerolínea Emirates entre ambas ciudades, con 549 a bordo, generó una noticia que rápidamente dio la vuelta al mundo. En determinado momento del viaje comenzaron a enfermarse pasajeros y miembros de la tripulación, por lo que las autoridades aeroportuarias y los servicios medidos de emergencia de la ciudad estadounidense fueron informados de la situación. Cuando el avión aterrizó se dijo que 100 personas estaban seriamente enfermas, pero luego la cifra fue rectificada, informándose que solo eran 19, todas ellas presentando síntomas de gripe. Once terminaron en el hospital. Algo parecido pasó en un vuelo que venía de Tel Aviv tiempo antes, el cual aterrizó con pasajeros con fiebre y vómitos, aunque del mismo casi no se informó. Una persona puede contraer una gripe en cualquier parte del mundo, pero el lugar menos deseado debe ser un avión y menos cuando este se encuentra en el aire y todavía faltan diez horas para llegar a destino, que puede ser una ciudad en un país extranjero.

Ambos casos y otros menos publicitados han actualizado el temor de que con el gran aumento del número de personas que viajan en avión, este medio de transporte resulte cada vez más propicio a convertirse en incubadora de gérmenes y enfermedades contagiosas. Si alguien sube enfermo a un avión y durante más de 10 horas tose y estornuda, todo indicaría que las posibilidades de contagiar a otros con un virus son altas. ¿Podría una epidemia comenzar en la cabina de un avión en un viaje transoceánico?

Ambos casos y otros menos publicitados han actualizado el temor de que con el gran aumento del número de personas que viajan en avión, este medio de transporte resulte cada vez más propicio a convertirse en incubadora de gérmenes y enfermedades contagiosas.

Expertos médicos afirman que, contrario a lo que podría suponerse, por el hecho de que el interior del avión es seco y la humedad baja, los virus no se propagan con facilidad. Para los asistentes de vuelo, a cargo de la seguridad de los pasajeros en viajes largos, los recientes casos han servido para recordarles que no pueden bajar nunca la guardia, y que seguirá siendo difícil distinguir el estornudo de un pasajero que tiene alergias, del estornudo de otro que subió al avión enfermo y cuya condición se agravará durante el vuelo y podría afectar la salud de los demás.

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