Por Bryan Harris
Grupos neonazis se extienden por el sur de Brasil
El extremismo de la ultraderecha aumenta en zonas históricamente alemanas, donde se defiende el saludo con el brazo en alto como un gesto "culturalmente común"
El extremismo de la ultraderecha aumenta en zonas históricamente alemanas, donde se defiende el saludo con el brazo en alto como un gesto "culturalmente común"
Por Bryan Harris
La vida de Maria Tereza Capra dio un aterrador giro el año pasado cuando recibió amenazas de muerte que la obligaron a huir de su casa durante meses. Después, el consejo municipal del que formaba parte votó a favor de su destitución.
Su delito: grabar y publicar en Internet un vídeo en el que criticaba a los manifestantes que, en los tensos días posteriores a las elecciones brasileñas, se concentraron frente a una base militar en la ciudad de São Miguel do Oeste. Con el himno nacional a todo volumen, los partidarios del derrotado presidente de ultraderecha Jair Bolsonaro extendieron el brazo derecho, con las palmas de las manos planas, en señal de saludo.
"El mundo entero vio que era un gesto nazi. Es un gesto que nunca se hace, que no se puede hacer", dijo Capra.
El incidente en São Miguel do Oeste se cuenta entre varios que reavivaron los temores sobre el crecimiento del extremismo de la ultraderecha en Brasil, particularmente en el sur del país. Históricamente hogar de inmigrantes alemanes e italianos, los estados del sur como Paraná y Santa Catarina, donde se encuentra São Miguel, durante mucho tiempo han sido bastiones conservadores. Esos estados siguen siendo un bastión de apoyo político para Bolsonaro, el populista ex capitán del ejército.
Los embajadores de Alemania e Israel, y el Museo del Holocausto de Brasil, se hicieron eco de la alarma de Capra por el saludo. Sin embargo, el consejo la destituyó después de que una investigación declarara que el gesto era "culturalmente común en la región", donde se utiliza en juramentos religiosos y graduaciones.
En los últimos meses, el sur de Brasil ha sido objeto de numerosas investigaciones policiales de células neonazis. Sólo en julio se llevaron a cabo más de una docena de redadas en una semana, en las que la policía incautó "grandes cantidades de material nazi y extremista", además de cuatro armas de fuego y decenas de cuchillos y otras armas, incluyendo dos mazas.
Las redadas son el resultado de otra investigación llevada a cabo el año pasado sobre la "fabricación de un arma de fuego, usando una impresora 3D, por parte de una célula neonazi de Santa Catarina", según la policía local. Ese grupo practicaba "rituales de culto a la doctrina hitleriana y se autodenominaba 'las nuevas SS de Santa Catarina'", añadió la policía.
En una grabación de vídeo no profesional se puede observar a dos miembros del grupo de pie entre una antorcha encendida y una bandera nazi. "Un pueblo, un Reich, un Führer", dice un hombre en alemán mientras dispara una pistola al aire.
En los primeros seis meses de este año, hubo más de 20 investigaciones policiales de grupos neonazis en Brasil, frente a nueve en todo el año pasado y solamente una en 2018, según datos policiales reportados por Reuters.
Las cifras de la policía también muestran un aumento del 380 por ciento en el número de "actos antidemocráticos", pasando de 68 en todo el año pasado a 326 simplemente en los dos primeros meses de este año. La mayor parte de estos casos — los cuales incluyen intentos de impedir elecciones o incitar a la violencia contra el Estado — ocurrieron en el sur, sobre todo en Santa Catarina.
"A partir de 2018-19 hemos visto el rápido crecimiento de estos grupos neonazis", dijo Leonel Radde, un expolicía que ahora es legislador estatal de Rio Grande do Sul, el estado más meridional de Brasil.
"La ultraderecha está avanzando en todas partes — no sólo aquí en Brasil —, así que empodera a estos grupos, empiezan a sentirse libres", comentó. Las comunidades de chat en línea sin control también han impulsado a los grupos, agregó él.
Un brasileño detenido el año pasado por el intento de asesinato de Cristina Fernández de Kirchner, la vicepresidenta de Argentina, llevaba tatuado un símbolo nazi.
"Hay una cultura de considerar el sur más avanzado, como una región que apoya al resto de Brasil, lo cual es una absurdidad. La idea es que es una región de raza blanca de inmigración ítalo-alemana y poco influenciada por los brasileños de raza negra", añadió Radde.
Pomerode, una ordenada ciudad de carteles bilingües y casas con entramado de madera en las colinas de Santa Catarina, es uno de los asentamientos alemanes más antiguos de Brasil, y debe su nombre a la región de Pomerania, en Alemania y Polonia. Más del 80 por ciento del municipio votó por Bolsonaro en las elecciones del pasado octubre.
"Todavía hay muchos alemanes, los colonizadores, que hablan en alemán. Si ven que eres un brasileño común y corriente, apenas te hablan", afirma Izilda Alves, una residente. Pero ella añadió que, aunque la región era conservadora y tradicional, al igual que muchas personas de Pomerode, ella creía que los informes sobre el extremismo en el sur eran exagerados. Ella también cree que Bolsonaro sólo perdió las elecciones del año pasado debido al fraude en las máquinas de votación electrónica de Brasil.
En la cercana Blumenau, Flávio Linhares dirige el Movimiento Conservador de Santa Catarina, el cual, según dijo, busca aumentar el conocimiento acerca de las creencias conservadoras y los valores de "la filosofía griega, el derecho romano y la familia".
Los ciudadanos de la región aborrecen el extremismo, asegura él, y las afirmaciones acerca del nazismo son exageraciones impulsadas por el "notorio prejuicio" de los medios de comunicación.
"Veo un cierto tipo de xenofobia contra la gente del sur", dijo Linhares, refiriéndose al ejemplo del saludo con el brazo levantado, el cual él señaló se usaba a menudo en ceremonias oficiales. "No podemos saludar por la calle sin que se considere un saludo nazi".
Sin embargo, João Klug, un profesor de historia en la Universidad Federal de Santa Catarina, dijo que justificar el saludo como "algo 'común en la región' no es un argumento válido".
"¿Por qué, en este momento crítico, estas personas consideran adecuado expresar su patriotismo cantando el himno nacional con las manos extendidas? Es, como mínimo, ridículo".
Klug dijo que el movimiento neonazi fue impulsado por la presidencia de Bolsonaro, un nacionalista que empleó un lenguaje despectivo hacia las minorías. El expresidente oficialmente declaró que el nazismo debía ser repudiado, pero su simpatía más amplia hacia los grupos de extrema derecha fue tomada como un apoyo tácito.
En junio, Bolsonaro fue inhabilitado para ejercer cargos políticos durante ocho años, después de que el Tribunal Superior Electoral (TSE) del país dictaminó que había abusado de sus poderes presidenciales. Muchos de sus partidarios lo consideraron un acto de persecución política.
Radde, el expolicía, dijo que a menudo había una falta de voluntad entre las fuerzas policiales típicamente conservadoras para hacerle frente a tal extremismo. "A veces dicen: 'Oh, es malo, pero no es un delito'".