10 de julio de 2014 20:24 hs

Alemania es una moneda de dos caras. Están aquellos que confunden patriotismo con deporte y le hacen cargar el lastre del nazismo a un grupo de jugadores que ni siquiera habían nacido cuando Hitler deliraba en el poder y están los otros, admiradores de una máquina futbolera que no conoce de cansancio ni de excusas.

La Mannschaft es lo mejor que tiene Alemania como nación, quizás por ser un fiel reflejo de la meticulosidad alemana y de la obsesión por alcanzar la perfección.

Durante el Mundial de 1990, y luego de que Alemania eliminara a Inglaterra por penales en la semifinal, Gary Lineker lanzó una frase que trascendió los tercos límites del tiempo y se hizo eterna referencia para los amantes del fútbol: “El fútbol es un juego simple: 22 hombres corren detrás de un balón durante 90 minutos y, al final, los alemanes siempre ganan”.

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Sin embargo, luego de ganar ese Mundial ante Argentina gracias a un polémico penal del árbitro mexicano Codesal, las palabras del formidable atacante británico fueron una maldición, ya que los germanos fracasaron en los mundiales siguientes, incluyendo una final perdida en 2002 ante Brasil. La revolución comenzó en 1998, horas después de que Alemania cayera 3-0 ante la arrolladora Croacia de Davor Suker en cuartos de final.

La Federación Alemana de Fútbol (DFP) decidió apoyar económicamente a las ligas y llevar a cabo un programa de formación nacional de jugadores entre los 11 y los 17 años. Los planes franceses y holandeses sirvieron como inspiración en un principio, para luego generar una identidad propia.

El principal éxito de la DFP fue mantener la política de formación luego de la catástrofe de la Eurocopa 2000, cuando el equipo quedó eliminado en primera ronda luego de dos derrotas y un empate. Como la suerte la fabrican los hombres con sus acciones, los alemanes decidieron guardar en un cajón la moneda del azar y aplicar lo positivo de su idiosincrasia al fútbol.

La DFP determinó que los 36 clubes que integran primera y segunda división deberían establecer el mismo programa de formación juvenil para obtener la licencia oficial de la federación. La DFP se fundó en 1900 con 86 clubes, una cifra que se elevó hasta los 27 mil clubes profesionales, semiprofesionales y amateur, que congregan 6.8 millones de miembros.

En términos numéricos, más del 8% de la población alemana se dedica a la formación, juego y desarrollo del fútbol. Ese porcentaje, en una cifra total de 81,89 millones de personas, da como resultado un índice magnífico.

Además el gobierno apoyó la creación del Estas Eliteschulen des Fußballs (Escuelas élite de fútbol). Estos centros de formación tienen un plan rígido e intocable de siete etapas claves para configurar jugadores profesionales de élite.

Los niños ingresan a las escuelas a los seis años y se “gradúan” a los 21, luego de cumplidas las siete etapas. En estos centros comienzan con trabajos básicos hasta progresar en fase de prueba, que consiste en que los jugadores se incorporen a la tercera o segunda división alemana hasta ascender a la Bundesliga. El costo no es interpretado como gasto y se llevan invertidos, a tres días de una nueva final del Mundo para Alemania, la cifra de € 715 millones.

La maquinaria de jugadores de élite funciona a la perfección, ya que salieron de sus instalaciones los pilares de este equipo alemán como Manuel Neuer, Per Mertesacker, Toni Kroos, Jerome Boateng, Mesut Ozil, Thomas Müller o André Schürrle.

La llegada de Jürgen Klinsmann como entrenador fue la señal deportiva que le faltaba a la organización.

El exgoleador, quien sumó al actual DT Joachim Löw como asistente, revolucionó al equipo desde la táctica rescatando la esencia de fútbol compacto y defensas impenetrables de la historia y dotando de movilidad constante a los atacantes, alejando el paradigma rígido de los viejos panzers.

El tercer puesto en el Mundial de 2006, como local, fue la confirmación de que la revolución estaba en marcha.

Costaba ver una potencia festejar un tercer puesto, pero los alemanes sabían que la Mannschaft resurgía con bases sólidas, un presente de ensueño, capaz de marcarle cinco goles en 29 minutos a Brasil en una semifinal mundialista, y futuro asegurado.

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