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Fermín y Martín Solana de Hablan por la Espalda

Espectáculos y Cultura > ESTE VIERNES EN LA TRASTIENDA

Hablan por la espalda y las historias de 25 años: piñas, drogas y un show a punta de pistola

La banda festeja su aniversario en La Trastienda, y su vocalista y su guitarrista repasan algunos de los momentos más épicos, extremos y emotivos de su trayectoria

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14 de octubre de 2021 a las 05:04

Los hermanos Fermín y Martín “Tuka” Solana no se imaginaban cuando formaron Hablan por la espalda que la banda duraría 25 años. Ahora que llegaron a esa marca, no dudan que seguirían otros tantos más, y todos los que sean posibles. Que van a tocar ahí hasta que no puedan más.

Martín dice: “Hablan ya es una decisión. Es una forma de vida, y estamos en esto porque queremos estar, con los sacrificios que conlleva”. Y su hermano mayor complementa: “Con lo que nos da también a nivel de satisfacción personal, de salud, porque me pasó en estos ensayos intensos de llegar con la vorágine del laburo, el estrés, cuestiones de la vida, todo ese bagaje, y metés tres horas de ensayo y te vas mejor de lo que llegaste, con más energía. Y eso solo en el ensayo, que es como una práctica. Me parece que lo precisamos”.

Esos ensayos intensos tienen como razón de ser el festejo del cuarto de siglo de la banda, que será este viernes 15 de octubre en La Trastienda. Hablan por la espalda (HPLE) prepara un repaso a su recorrido musical, que empezó en las huestes del hardcore, derivó hacia el blues y el rock con influencias de la psicodelia, del candombe y la música latina, y ahora se ha movido hacia un rock más tradicional y directo.

En el show habrá invitados, exintegrantes que permitirán revisitar esas sonoridades previas, y la posibilidad para la banda y para el público de volver a canciones que hacía más de veinte años no sonaban arriba de un escenario.

La arqueología musical incluyó reencontrarse con las letras escritas en la adolescencia y la ideología que transmitían en sus primeras canciones. HPLE empezó adscribiendo al hardcore, que rechaza a la industria musical y a la sociedad de consumo, y a los preceptos de la subcultura straight edge: no consumían drogas ni alcohol, eran vegetarianos y se oponían a la explotación animal.

Y también hubo arqueología de material de archivo: fotos, videos, grabaciones. Propias y de amigos. Materiales que volvieron a ver por primera vez después de décadas e incluso algunas desconocidas. Los hermanos Solana –Martín, autoseñalado como “archivólogo de Hablan” y “el Julio César Gard de la música”, encargado del material, y Fermín de los textos– hicieron en las últimas semanas un repaso por el camino recorrido y por la profusión de relatos de una banda que desde siempre se interesó por contar sus historias, lo que los ha ayudado a tener una mitología propia, compartida con el público.

HPLE en sus primeros años

Fermín dice que a la banda “siempre le gustó mostrar y contar". "Creo que todo eso sumó mucho a que se genere ese culto y esa mitología. Y siempre nos gustaron mucho los libros y documentales de banda, músicos, deportistas, y construimos mucho desde ahí. Tenemos ese gusto por determinado tipo de material y como se cuenta. Nos gusta utilizarlo. Hablan hoy por hoy tiene esa particularidad de que la gente conoce sus historias. El libro ya se publicó, falta el documental. Va a pasar, el material está. No encontramos todavía el momento”, advierte.

Todavía no hay documental pero sí hay recuerdos. En ese archivo de la memoria se metieron los Solana, para repasar algunas de las historias más memorables de Hablan por la espalda generadas en estos veinticinco años de sangre, sudor y rock.

¿Qué recuerdan del primer show de Hablan?

Martín Solana: Lo arrancamos con la canción Black Sabbath de Black Sabbath, pero solo tocamos la introducción. Era la primera vez que subíamos a un escenario y la verdad debería haber 200 personas, abundante gente. Habían tocado unas bandas más, nos tocó a nosotros, dijimos un discurso, y se armó tremendo agite. Porque nuestros amigos habían ido iban a los ensayos, y los demos que teníamos grabados los copiábamos y pasábamos, había una respuesta. Hicimos unos covers de Minor Threat, también, y estuvo divino. Me acuerdo de sentir que estaba re cagado, y de repente no entender nada, olvidarse de todo, conectar con la música y la gente, y el agite. Y terminó.

Fermín Solana: Pasó eso, la interacción público-banda, con la gente que se sube al escenario, que se tira, le ponés el micrófono y hace un corito. Eso también es parte del hardcore. Y en nuestra primera etapa se dio fuerte. Todo el mundo que andaba en la vuelta conocía nuestras canciones, por lo que dice el Tuka, porque tenían el casete grabado en la casa, o porque un amigo de un amigo le había mostrado, y las primeras reacciones que tuvimos fueron activas. No es que subimos al escenario y estaba todo el mundo mirándonos. 

MS: La gente estaba dispuesta. Había necesidad.

FS: Hay un ejemplo muy bueno y es la primera vez que fuimos a Buenos Aires. Fue en 1997, a un festival de hardcore sudamericano, en un lugar que estaba bueno y estaba hasta las manos. Había brasileños, chilenos, argentinos, y nuestros amigos cruzaron, deben haber ido 20 personas, a apoyarnos y al encuentro. Y ellos arrancaron el mosh pit (NdR: el espacio del público destinado al pogo), los argentinos se sumaron, y de repente estábamos tocando y parecíamos Black Flag. Ese tipo de experiencias no te las sacas más. 

¿Cuál fue el momento más épico de sus shows en vivo?

MS: Se acaban de cumplir cinco años de cuando teloneamos a Iggy Pop, que para nosotros fue épico. Una de esas satisfacciones que te da la banda. Conocer a Iggy Pop, saludarlo, agradecerle. Eso lo considero, a nivel personal, como una de las cosas más lindas que me han pasado y que ha dado Hablan.

FS: Nuestro concierto, por lo que me acuerdo, fue perfecto. Creo que fue la vez que sonamos mejor, porque también fue cuando ensayamos más. Estábamos realmente encendidos. Hubo muchos que ese día nos vieron por primera vez, y hasta el día de hoy sigo cruzándome con gente que me dice que nos vio ese día y que la rompimos. Y después hay otros recuerdos épicos.

MS: La gira por Europa, por ejemplo. Ir con 23 años, en mi caso, a recorrer 10.000 kilómetros en cuatro semanas, y hacer 19 toques. En una camioneta hecha pedazos, con tus amigos, eso es memorable.

FS: Y estás ahí, y la gente se está volviendo loca con mi música, y no sabe ni lo que estoy diciendo. Pero conecta. 

MS: También había mucha música de esa que no entendía nadie, ni lo que cantaban en inglés (risas). 

FS: ¿Te acordás de aquel toque en Leipzig, que me llevaron por todo el público?

MS: Fue tremendo.

FS: Cosas así que no las podés creer. 

MS: Y en ese momento, tenés esa edad, estás en eso, tenés el compromiso de noche tras noche dejar todo, porque la banda era intensidad pura en los conciertos, y los alemanes piraban. Hicimos conciertos para 12 personas y también para 200. Tocamos en squats (NdR: casas y lugares ocupados ilegalmente), en lugares que estaban demás. También tuvimos el primer concierto en el que vimos personas con tapones en los oídos, en Suiza. 

FS: Te ponían un bol y agarrabas. Nosotros siempre sin tapones, incluso hoy.

Hablan por la espalda festeja sus 25 años en La Trastienda este 15 de octubre

¿Cuál fue el momento más delirante de sus giras?

FS: Durante esa gira europea, todo el viaje por Holanda fue un delirio (risas). En Ámsterdam, ya desde el lugar donde tocamos, que era un squat anarco-punk medio pesado, y que capaz nosotros no éramos el perfil de banda que querían ver ahí. Tocamos de día, estuvo más o menos, estábamos hechos pelota, medios enfermos. Y después nos quedamos a dormir en un squat peor que el otro.

MS: Se llamaba la "villa freak".

FS: Vivían unos inmigrantes polacos y gente muy drogada, con anfetaminas, muy violenta. Hicimos una expedición al centro de Ámsterdam. Y ahí hicimos lo que creímos que había que hacer en Ámsterdam, nos tomamos unos hongos alucinógenos mexicanos que pegamos en un quiosco y pasamos toda la aventura desde el centro, sin GPS, ni celulares ni nada, para volver al squat, al otro lado del río, que había que hacer hasta un cruce en ferry, recontra perdidos. Después jodíamos que había sido como Viven, pero de falopa (risas). La pasamos mal, hubo gente a la que le pegó mal, y se desmayó, y hubo que reanimarlos. Hongos muy fuertes, y en la mayoría de los casos, primera experiencia con una sustancia así. Estuvo muy intenso.

Después tuvimos un toque muy salvaje en San Pablo, en el 2001, en un lugar que era mítico de la escena punk de Brasil, el Hangar, y fue muy caótico arriba del escenario. Entre otras cosas pasó que la seguridad del lugar se molestó mucho con nuestra actitud, porque yo tiré agua y birra para todos lados, y en un momento al baterista lo sacaron de la batería con un arma. La seguridad le peló un fierro y el loco tiró las baquetas y salió corriendo. 

MS: Yo estaba tocando, y de repente me di cuenta que no sonaba la batería. Dejé la guitarra y me fui a tocar la batería, no tenía idea de que había pasado. 

FS: Fue una locura, y el batero después de esa gira básicamente nos dijo "chau, gurises, busquen a otro". Quedó shockeado. 

¿La crítica o insulto que todavía recuerdan?

FS: Fue en Chile. "Po, huevón, estos uruguayos son muy malos". Fue un toque nefasto, quizás el peor de nuestra historia. Fue memorable igual, por varios motivos. 

MS: Era 2004, a Chile ya habíamos ido en 1999 pero estábamos más en el palo hardcore, acá ya estábamos en otro plan, más destroy. Tremendo estado general, y el toque fue un desastre.

FS: En nuestra defensa puedo decir que fue uno de esos conciertos que tocás tan tarde que ya estás pasado, porque la ansiedad hace que tomes de más, llegas mamado al escenario, y eso para un cantante es catastrófico. Y la verdad es que la gente estaba media anti también. Hubo unas reacciones que no estuvieron buenas, algunas agresiones del público hacia mí, la devolví, y cuando querés acordar la música es lo de menos. Y era una pelea eso. Puteadas, piñas. El Tuka también lo sufrió, porque en lugar de estar gozado tocando tenía que estar pendiente si me agarraba a piñas. Fue un quilombo. No embocamos un tema, tocábamos por la mitad las canciones. 

MS: Para compensar, al otro día tocamos en un lugar re prolijo, y la rompimos. Nos reivindicamos, y no nos puteó nadie. 

Hablan por la espalda repasó su archivo ante el aniversario

¿Una figura clave en estos veinticinco años de la banda?

MS: Nuestros padres. Nuestra casa aparte era como un aguantadero, porque nuestros amigos vivían por ahí, pero mi viejo laburaba todo el día, mi vieja también, y estábamos nosotros siempre. Entonces la gente caía a escuchar música. 

FS: Era una base de operaciones, estábamos ahí haciendo fanzines, imprimiendo, haciendo collages. 

MS: Escribiendo cartas, limpiando sellos. Estábamos haciendo la revolución (risas). No habría Hablan por la espalda ni habríamos llegado a los 25 años sin nuestros viejos. 

FS: Son los padrinos de la escena. A mi vieja le decíamos "caen diez porteños este viernes". 

MS: Y decía "Ay, ¿qué les cocino?" (risas). No era, "no, que no vengan". 

FS: Se tiraban ahí, en sobres de dormir por todo el apartamento. Y jamás fueron capaces de quejarse, de decir 'están abusando'. Y hasta hoy son los máximos fans de la banda. Porque además en esa época no entendían mucho lo que hacíamos, musicalmente no era algo que podían escuchar, era inclasificable, ruidoso. Pero entendían que la movida en la que estábamos nos hacía bien, y daban para adelante. Después habrán visto que se tergiversó un poco la cosa (risas), pero en ese momento era muy sano. No nos drogábamos, comíamos comida vegetariana. Estábamos contra el sistema, lo peor que podíamos hacer era romper un vidrio de un McDonald’s. 

Junto al guitarrista Valentín Guerreros, los Solana son los otros fundadores de HPLE que se mantienen en la formación

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