25 de marzo de 2014 18:30 hs

Hace unos días llamé a un amigo con la firme intención de pedirle que me devolviera un libro, aun sabiendo que los libros que se prestan no regresan, por más que se trate de amigos. Incluso, si uno se pone demasiado cargoso para que se lo devuelvan, no solo perderá el libro sino probablemente también el amigo. De todos modos, prefiero perder los amigos sin que medie la literatura.

El teléfono sonó largo rato, y cuando estaba por cortar por fin atendió. Sabiendo que pretendía la devolución del libro, buscó lo que supuse una excusa para no seguir hablando, y me dijo que lo disculpara, pero acababa de salir de la ducha, y estaba desnudo. Se supone que eso no debía importar demasiado en tanto no lo estaba viendo, pero igual logró perturbarme. No es lo mismo hablar con una persona vestida, que con alguien sin ropa, aun siendo por teléfono.

Sin embargo, es algo que puede suceder más seguido de lo que suponemos. Todo el mundo suele dar por hecho que cuando hablamos por teléfono nuestro interlocutor está vestido, solo porque al hacerlo personalmente la gente suele estarlo. Pero en la intimidad de sus casas son libres de hacer lo que quieran, incluso hablar por teléfono desnudos.

Está claro que sabe que quien está del otro lado de la línea intimida un poco, porque uno no está acostumbrado a imaginar a sus amigos sin ropa. No así a las amigas, pero eso es otro asunto y suelo hacerlo no solo cuando hablo por teléfono sino también personalmente.

Esto hay que descartarlo en las llamadas comerciales, ya que generalmente quienes atienden el teléfono se encuentran en empresas, y no es normal que la gente vaya a trabajar sin ropa, a excepción de quienes atienden en centros nudistas y sitios por el estilo.

La cosa se limita entonces a los amigos, que son los que uno suele llamar a la casa.

Por lo general la gente suele cubrir las partes pudendas cuando va a atender el teléfono, vaya uno a saber por qué. Si no nos están viendo, no tendría sentido hacerlo. Pero también se siente intimidado el que recibe la llamada, porque al estar sin ropa considera que se encuentra en inferioridad de condiciones. Evidentemente el ser humano todavía no tiene la comunicación a distancia lo suficientemente asimilada, como para que el instinto comprenda la diferencia entre hablar con alguien cara a cara y hacerlo por teléfono.

Uno puede estar cocinando y atender una llamada sin dejar de hacerlo, lo mismo si está mirando televisión o barriendo el piso. Pero espere a que una llamada lo agarre desnudo, y verá que el instinto le lleva a cubrirse antes de atender. Y notará también que si no lo hace, y le dice a la otra persona que no tiene ropa, la conversación será bastante tensa, porque ambos se sentirán intimidados.

Así que lo mejor es no decirle al interlocutor que no se lleva ropa puesta, y tampoco preguntarle al otro si está vestido, a no ser que se trate de una llamada con fines eróticos, donde este tipo de preguntas son bastante normales, y hasta puede serlo el que uno o ambos hayan decidido no vestirse.

En todo caso, puede resultar una buena estrategia cuando se reciben llamadas de acreedores, o de vendedores de tiempos compartidos, y todo tipo de gente que sólo quiere nuestro dinero, tenga derecho al mismo o no.

Por más que quien lo llama necesite realmente que usted pague sus deudas, no dudará en decir que se comunica en otro momento, en cuanto se entere que no lleva prenda alguna sobre el cuerpo.

Pruebe y verá que es una buena estrategia. Por lo menos, a mi amigo le vino bien para que no le pidiera que me devolviese el libro. A fin de cuentas, era un libro que ya había leído, y tengo más en casa.

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