Sobre la calle Magallanes, en el barrio Cordón, hay una construcción que guarda entre sus paredes la historia de una de las empresas más relevantes del país. Allí, durante el siglo pasado, seis empresas pasaron a formar el patrimonio inicial de Conaprole, una cooperativa que nació con el objetivo de asegurar a los productores la compra de su leche, a la población el abastecimiento diario, y a la Intendencia de Montevideo la higiene de la producción. El complejo de Magallanes, con sus enormes pilares de cemento, era en ese entonces una combinación de planta, en la que esta industria produjo sus primeros litros de leche, centro logístico y punto de encuentro del directorio.
Ahora, 90 años después, la empresa vuelve a mirar hacia adelante desde el mismo lugar donde empezó su historia. Así decidió modernizar el corazón físico de su empresa, que actualmente factura por día US$ 1 millón en el mercado interno y US$ 2 millones por sus exportaciones, y se posiciona como el principal exportador del país y el primero a nivel de lácteos en la región.
“La idea tenía varios años de generación interna, pero comenzó a definirse fuertemente durante noviembre de 2020, cuando en pleno Covid se planteó en una Asamblea de 29, un órgano clave en el gobierno de la cooperativa. Se analizaron muchas alternativas de locación, compra, alquiler, y finalmente la decisión fue quedarnos en el lugar emblemático de “nacimiento”, contó a Café y Negocios Gabriel Valdés, CEO de Conaprole.
La decisión se materializó en 2023 con el inicio de las obras y culminó en los últimos días con la inauguración de la nueva sede. Con 8.500 metros cuadrados y un total de cuatro plantas, el edificio demandó una inversión de US$ 20 millones y contó con financiamiento a largo plazo del BROU a tasas de mercado, según señaló el ejecutivo.
La nueva sede corporativa incorpora criterios de sustentabilidad y eficiencia energética, por ejemplo, con paneles solares, un sistema de captación de agua de lluvia para servicios internos y diversos automatismos para la gestión de iluminación y temperatura, características que, según su CEO, lo convierten en una instalación "hipereficiente".
A nivel arquitectónico, el edificio se destaca por una fachada de cristal de estilo moderno, pero también porque conserva el 60% de las estructuras existentes.
“Hablamos de austeridad inteligente plasmada y de historia y futuro representados. Historia porque se mantuvieron pilares originales de hace 90 años con 17 metros de altura, y por otro lado una doble fachada de vidrio innovadora para modernidad y símbolo futurista, con una función de conservar/generar calor o frio manejando la temperatura interna”, sostuvo Valdes.
En el lugar trabajan unas 350 personas, incluyendo el equipo de comercial y marketing del mercado interno, el área de exportaciones, capital humano, relaciones cooperativas, planeamiento y transformación tecnología, ingeniería, operaciones y la dirección.
“Calidad, innovación, sostenibilidad y estar siempre en la frontera del conocimiento es parte de nuestra cultura. La nueva sede sin duda viene a colaborar en estos objetivos y también ofrecer a nuestros equipos de trabajo, que aspiramos siempre sean los mejores, un lugar cómodo para trabajar y apuntar a nuestra misión de maximizar precio leche y mejorar la calidad de vida de nuestros productores”, sostuvo el CEO de la empresa.
En un contexto de crecimiento de la lechería en Uruguay y ante la expectativa de una mayor demanda internacional, el ejecutivo adelantó que la cooperativa ya analiza nuevas inversiones orientadas a ampliar su capacidad productiva y profundizar la incorporación de automatismos y mejoras de eficiencia, con el objetivo de mantener el posicionamiento de la empresa.