14 de junio 2021 - 5:00hs

Hacer carrera en una misma organización sigue siendo una alternativa en la actualidad, en especial en las grandes compañías, pese a que las nuevas generaciones están más acostumbradas a vivir el presente y a cambiar rápidamente de trabajo que a proyectarse a largo plazo en un mismo lugar.

Pero crecer profesionalmente dentro de una compañía “desde abajo” tiene sus ventajas: un conocimiento cabal del negocio, un compromiso de ambas partes por el bienestar del otro y la posibilidad de acceder a múltiples oportunidades.

A continuación, compartimos la historia de tres ejecutivos que han llegado lejos a fuerza de trabajo, talento y pasión.

De la freidora a la gerencia

Ricardo Méndez tenía 17 años cuando escuchó hablar por primera vez de McDonald’s. Corría el año 1991, la cadena internacional abría su primer local en Uruguay y estaba buscando personal. Él, en su último año de liceo, llenó un formulario de aplicación, con la idea de tener un trabajo part time durante el verano para luego continuar con sus estudios. “El verano se me hizo eterno, fueron 30 años”, dice Méndez, entre risas.

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Comenzó como operario en la cocina —en general, le tocaban las papas fritas—, luego pasó a encargado de área, gerente de restaurante, supervisor de operaciones de ocho locales hasta llegar a gerente de operaciones para Uruguay. Durante ese camino fue descubriendo que le gustaba el relacionamiento con la gente, ya fuera con sus compañeros como con los clientes, algo que siguió cultivando y que lo llevó a cargos de más responsabilidad y liderazgo.

En 2005 le surgió la oportunidad de irse a Argentina como gerente de operaciones y allí marchó junto con su esposa y sus dos hijos. “Me gustan los desafíos y ese cambio era parte de lo que me entusiasmaba. Me proponía un ambiente contenido, porque seguía siendo McDonald’s, pero fue un movimiento personal, profesional y familiar”, explica. Plantearle a su familia la idea de mudarse de país fue de las cosas más difíciles de esos años.

En 2007, con la formación de Arcos Dorados —el mayor franquiciado independiente de McDonald’s del mundo—, la empresa realizó una reestructura y a Méndez le propusieron volver a Uruguay para asumir la gerencia general. Casi sin pensarlo dijo que sí: “Volví a mi país, a mis afectos, a la compañía que me vio nacer y se me planteó un desafío nuevo”.

Diego Battiste Ricardo Méndez, gerente general de McDonald's Uruguay

Pero la estadía en Uruguay no duró mucho, ya que en 2013 regresó a Argentina como gerente general. En ese mercado mucho más grande permaneció hasta 2017 y fue uno de sus grandes retos a nivel profesional. En 2018 volvió a Uruguay a asumir su antiguo cargo como cabeza de McDonald’s a nivel local.

“Nunca me imaginé que iba a ser mi trabajo para toda la vida. Nunca pensé que iba a tener las oportunidades que tuve ni que iba a enamorarme de la manera que me enamoré de la compañía”, reconoce. Señala que para Arcos Dorados la meritocracia es algo muy importante y valorado. “El mérito, el compromiso, el esfuerzo que cada uno pone, es algo que bien valoramos. Y lo fue desde el primer día, yo lo viví así”, aclara.

Haber pasado por tantos roles le permitió conocer el negocio en todas sus aristas y detectar oportunidades y fortalezas de las diferentes áreas, así como aprender a sobrellevar situaciones complicadas, como la crisis del 2002 –que lo encontró siendo gerente de Operaciones en Uruguay– y la actual crisis por la pandemia. “Lo que estamos viviendo como país nos está afectando como organización, y mucho, en términos de negocios. Si lo miramos en perspectiva, el 2020 fue muy desafiante y peor que la crisis del 2001/2002, porque hay más incertidumbre. En aquel momento fue algo puntual, las proyecciones eran alentadoras, era un impacto local o regional, pero esta crisis de pandemia es a nivel mundial y de mayor incertidumbre”.

Su desafío como líder es –además de cumplir con las metas de la organización– brindar a las nuevas generaciones las oportunidades que una vez le fueron dadas a él. “Es un desafío personal. Hoy el 98% de los gerentes que lideran cada unidad de negocio empezaron como operarios, como yo”, dice. Incluso el CEO general de Arcos Dorados, el argentino Marcelo Rabach, también comenzó desde abajo a fines de 1980.

Méndez no pierde contacto con sus orígenes en la compañía. Parte de su trabajo es recorrer los diferentes restaurantes porque allí es “donde pasan las cosas”. “Soy un fiel creyente de que hay que estar donde las cosas pasan, donde el negocio sucede, y por eso me paso tanto tiempo en los locales”, cuenta el gerente, que recientemente abrió dos nuevos locales, uno en el shopping Siñeriz de Rivera y otro en Plaza Italia Shopping en Montevideo.

Ver crecer a McDonald’s en Uruguay durante estos años y que la compañía siga en expansión es lo que más lo enorgullece a nivel profesional, “porque eso implica que hay más oportunidades para todos, para cada uno de los trabajadores, para la compañía y para mí también”. Con 30 años en la empresa y 47 de vida, a Ricardo Méndez le encantaría de aquí a 30 años estar rodeado de sus seres queridos y poder disfrutar de seguir surfeando, andar en moto y trotar, si su cuerpo se lo permite. Y se imagina a McDonald’s muy cambiado en términos de lo que ofrece como experiencia, sin perder su esencia, así como cambió a lo largo de los 30 años que lleva en Uruguay.

El camino del “¿y ahora qué?”

Natacha Emicuri se había propuesto empezar a trabajar para el tercer año de la carrera de Ingeniería de Sistemas de la Universidad Católica. No quería recibirse sin experiencia previa. Cuando vio un aviso en el diario de la empresa india Tata Consultancy Services (TCS) que pedía personal IT con excelente inglés, experiencia en J2EE y disponibilidad para viajar fuera del país, se presentó, sin imaginarse que casi 18 años después llegaría al puesto de country head para Uruguay.

Era el año 2003 cuando tuvo su entrevista en las oficinas de Zonamerica y quedó cautivada por el lugar y el ambiente multicultural. Ingresó como trainee (aprendiz) para desarrollo Java, junto con una veintena de jóvenes y pasó por un entrenamiento fulltime durante unos tres meses.

“Luego a cada cual se le asignaba al proyecto que mejor se ajustaba a su perfil, donde nos integrábamos con referentes con experiencia que nos continuaban mentoreando día a día”, cuenta Emicuri sobre esa práctica que la empresa mantiene hasta el día de hoy. Su primer puesto fue como desarrolladora Java para un proyecto de un cliente que estaba en Brasil. Ingresaba a trabajar 6:30 am todos los días y por las tardes continuaba con sus estudios. “Tres años después, cuando terminé la facultad y solo me dediqué a mi trabajo, fue un cambio fantástico”, afirma.

Su ascenso comenzó rápidamente y fue enfocándose en roles de gestión, en los que aprendió a liderar equipos multigeneracionales —a los 23 años ya lideraba un proyecto con desarrolladores mucho mayores que ella— y multiculturales.

“La multicultura es algo de todos los días. Estamos en llamadas con personas de Uruguay, de Latinoamérica, con indios que viven en India, EEUU o Europa. Todos traemos nuestros puntos de vista y creo que la cultura india con la uruguaya se complementan muy bien. La diversidad cultural es un valor agregado que nos enriquece como personas y profesionales”, sostiene.

Diego Battiste Natacha Emicuri, country head de Tata Consultancy Services Uruguay

Emicuri nunca sintió la famosa barrera del “techo de cristal”, por el contrario, siempre se sintió muy cómoda y sin limitantes. “Es una realidad que las mujeres somos minoría (en la industria de TI). Siempre lo viví en la universidad y en mi trabajo, y es algo a lo que ya estoy acostumbrada. Sigue existiendo el preconcepto de que estas carreras son para los hombres, y por eso son tan importantes los programas para sensibilizar a las niñas y adolescentes en estudiar carreras TI”, dice la ingeniera.

Reconoce que en el rubro existen brechas de género, pero considera que puede cambiar con las acciones que las empresas tomen para impulsar la equidad, reconociendo las diferencias y las ventajas que brinda la diversidad en todos los aspectos.

Según Emicuri las oportunidades dentro de la empresa “se van dando”, son ilimitadas por su dimensión global —son cerca de 500 mil empleados en más de 45 países— y dependen de un mix entre la pasión y la preparación y los lugares que se van abriendo dentro la organización.

El motor interno para su crecimiento profesional es una interrogante que siempre se plantea una vez que se acomoda en un lugar: “¿y ahora qué?”. Y la responde embarcándose en nuevos retos. Uno de ellos fue irse a vivir a EEUU para liderar un programa de transformación en múltiples países de un cliente muy importante de TCS. “Eso me hizo salir de la zona de confort y trajo los miedos de si me podría destacar en ‘las grandes ligas’. Haber ejecutado ese proyecto de forma exitosa y con reconocimiento fue uno de mis mejores logros y validaciones profesionales”, dice Emicuri. Permaneció allí tres años, pero decidió volver a Uruguay por una cuestión personal: quería criar a sus hijas en el país.

Ser madre fue para Emicuri el mayor desafío de su vida y tuvo que aprender a balancear su trabajo con su vida personal. “Soy muy apasionada de mi trabajo. Le dedico tiempo porque realmente me gusta. Querer ser la mejor madre y la mejor profesional es algo que muchas veces entra en conflicto, pero tuve que aprender a ceder algunas cosas y conformarme en otras. La empresa me apoyó y me respetó mucho en esa etapa también. Eso es muy importante para la diversidad, reconociendo esa etapa de mi vida y permitiéndome los tiempos que necesitaba”, señala.

Natacha Emicuri es la primera persona en Uruguay en asumir el rol de country head de TCS, un cargo que antes no existía, ya que se manejaba de forma regional; y, como tal, se siente como una embajadora del país dentro de la empresa.

“Hay que planear la estrategia para posicionar a Uruguay sobre otras empresas y también por sobre la oferta de valor que tenemos internamente, ya que no solo competimos con otros proveedores sino también a la interna, porque TCS puede dar los servicios desde más de cien centros de desarrollo”.

Dentro de la compañía, el equipo de Uruguay está muy bien posicionado, algo que comprobó Emicuri cuando asistió por primera vez en 2019 a la cumbre anual de liderazgo que reúne a los gerentes de la empresa en todo el mundo.

“Fue en Dubái y recién asumía mi cargo de Deputy country head. Tuve la oportunidad de traer a Uruguay el premio ‘Top Performing Branch’ a nivel global. Fue muy emocionante que Uruguay fuera reconocido como el mejor entre los cientos de centros que TCS tiene en el mundo”, cuenta Emicuri. Ese fue uno de los momentos de más orgullo de su carrera.

Creatividad ejecutiva

La historia del publicista Álvaro Moré es otra a destacar. Si bien no desarrolló su carrera en una sola organización, su historia es conocida y sirve de inspiración en el medio publicitario, ya que comenzó en el rubro como cadete y terminó siendo presidente de una de las agencias más importantes de Uruguay.

Moré tenía 17 años —pero ya contaba con experiencia trabajando en una ferretería, una barraca y en la vidriería de su padre— cuando vio un aviso en el diario de la agencia de publicidad Capurro en la que pedían cadete con moto.

“En la entrevista me preguntaron por qué tenían que contratarme y contesté que si me explicaban una vez qué era lo que tenía que hacer, nunca más me lo iban a tener que repetir. Enseguida de esa respuesta, me contrataron”, recuerda Moré.

Al poco tiempo, invertía el 50% de su salario para estudiar lenguaje cinematográfico; cuando el gerente se enteró, lo ascendió a asistente de Producción y enseguida a jefe de Producción. Estuvo ocho años en el área de producción audiovisual como responsable de cientos de producciones, con rodajes de día y ediciones de noche.

“Siempre trabajé mucho y lo sigo haciendo”, dice Moré, quien desde hace 26 años preside el grupo Young & Rubicam (Y&R) y Wunderman desde 2004.

Cuenta que de niño le atraían más los Supersónicos que los Picapiedras, que siempre le gustó mucho la tecnología y que hasta el día de hoy sigue estudiando todos los días y preparando a la empresa para el próximo desafío. Allí, considera, está la clave de su éxito y su vigencia.

En 1992 fundó su propia agencia de publicidad, Diciembre, junto a Claudio Invernizzi, que al poco tiempo se asoció con Grey.

Según Moré, hubo dos hitos que aportaron al éxito de la agencia: la integración de Mariana Piriz en 1998 y la compra de Y&R por parte de WPP en el año 2000. “Esta combinación nos permitió desarrollar nueve empresas, empezar a exportar y crear el mayor grupo de comunicación de Uruguay”.

Camilo dos Santos

El momento más difícil al que se enfrentó a lo largo de su carrera fue venderle el 51% de la agencia que él había creado a Y&R.

“Comenzar de cero, sin capital, sin clientes fue un gran desafío, dos años después recibí una propuesta de Y&R que me puso en una gran encrucijada, resolví tener la mitad pero de una empresa más grande. Mi visión en ese momento (1997) era que a partir de Internet la globalización iba a acelerarse y era clave tener un socio global”. Y no estaba equivocado. Pasó de una agencia que en su fundación tenía cuatro personas, veinte cuando la adquirió Y&R y hoy cuenta con más de 250 profesionales fulltime.

Haber desarrollado varias compañías, tener una cartera de clientes importantes, haber elegido un equipo muy profesional que acepta trabajar bajo un paraguas de valores bien claro, son las cosas que más lo enorgullecen, así como también haber ganado dos veces el Premio Nacional de Calidad, estar durante años entre las mejores empresas para trabajar y ser elegida muchas veces agencia del año.

“Siento que me fue y me sigue yendo bien, cuando trato de visualizar las claves encuentro que fueron: el trabajo duro, la obsesión por la calidad y el servicio al cliente y, lo más importante, tomar las decisiones pensando qué es lo correcto y no qué es lo mejor para la empresa. Ahora la experiencia me muestra, además, que la reputación es un gran negocio a largo plazo”, dice el publicista, que hizo su carrera pensando siempre en el futuro: “Ese fue mi camino y no me arrepiento”.

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