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Hacer un récord o perder dinero con los cultivos de invierno

Acosados por los altos costos, los productores saben que si no llegan a rendimientos inéditos tendrán pérdidas

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04 de agosto de 2017 a las 05:00

Por Blasina y Asociados, especial para El Observador

Los problemas climáticos de EEUU, Australia, sur de Europa y algunos en la región salieron en auxilio del precio del trigo justo cuando ya no había tiempo de agregar hectáreas.

La sequía en el norte estadounidense dañó a los cultivos de primavera, mientras que en el trigo de invierno quedó confirmada una superficie muy baja, todo lo que provocó a comienzos de julio una suba de 11% en el precio en una sola semana. El trigo para la posición diciembre superó los US$ 200, algo que hacía mucho tiempo no sucedía. Eso no solo favoreció a ese cereal, sino principalmente a la cebada.

Pero los precios internacionales volvieron a aflojar y han regresado a las referencias de US$ 180 por tonelada, que vuelven a exigir rendimientos muy altos como única forma de no perder dinero.
Con daños también en Canadá, Australia –y en Paraguay por heladas– los precios todavía pueden confirmar una reacción. En cualquier caso el cultivo se encamina a una lógica similar a la del arroz: ir por rendimientos récord o arriesgar a trabajar a pérdida.

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Situación de campo


Lo sembrado es cada vez menos, pero se implantó en la fecha correcta. En el mercado se maneja una reducción del área de trigo y cebada en el entorno de 20%. El trigo pasó de 215 mil hectáreas sembradas el año pasado a un área que se estima no llega a las 200 mil.

La cebada bajó a 160 mil hectáreas cuando se habían sembrado 190 mil en la zafra anterior. Por el contrario, en colza se estiman unas 50 mil hectáreas sembradas lo que muestra un incremento del 50% respecto a 2016. El trigo ha quedado arrinconado en las tierras más productivas del litoral, lo que suele llamarse la zona "núcleo" de la agricultura uruguaya.

Esa reducción de área se da a pesar de que tanto trigo como cebada vienen de lograr rendimientos récord. En el caso de la cebada el abundante stock generado llevó a recortar área. Pero el caso del trigo recuerda al del arroz: aún con rendimientos muy buenos los márgenes no resultan convincentes y el resultado es una superficie en declive. El área actual es un tercio de la que se sembró en el auge de 2011.

Sucede que nuevamente este año vuelve a resultar imprescindible lograr una productividad récord para empatar, algo que por ahora no parece fácil de alcanzar. Se logró plantar en los tiempos deseables. Las siembras prácticamente se completaron al final de junio, en condiciones buenas, pero el arranque del cultivo no ha sido el ideal. Julio comenzó seco y cuando ya se había formado una costra superficial en el suelo, vinieron las tan esperadas lluvias, pero que a esta altura ya han resultado excesivas.

Por otra parte, entrado agosto este parece cercano a ser el invierno con menos frío de los últimos tiempos. Tras un rendimiento récord de unos 3.600 kilos por hectárea en la cosecha pasada, la ecuación del trigo en realidad recién cierra cuando se obtienen 4.000 kilos/ha. El exigente objetivo de rendimiento muy alto cuando se coseche en noviembre no puede tan temprano descartarse. Pero está amenazado.

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La batalla de los costos


Establecer un costo de producción implica una simplificación importante. Los costos varían según la ubicación del cultivo, pero también por diferencias en los criterios utilizados por quien los construye. ¿Qué proporción del costo del alquiler de la tierra debe adjudicarse al trigo? ¿Cuánto a la soja?
Nazar Rodríguez, coordinador agrícola de Fucrea, comentó que para la zona núcleo los costos de trigo o cebada rondan los US$ 610 por hectárea, sin contabilizar el costo de la tierra.

Si se considera una renta agrícola en la zona núcleo en el entorno de los 900 kilos de soja por hectárea y por año, y tomando el precio de soja de US$ 350 la tonelada, eso estaría significando un pago de alquiler anual de unos US$ 320 por hectárea de tierra y por año. Si se adjudica la mitad de esa renta como un costo del trigo y se agregan así US$ 160, el costo total pasa a ser U$S 770 por hectárea de trigo y cebada.

Para un trigo a US$ 180 por tonelada, el rendimiento de equilibrio es de 4.278 kilos. Hay que andar muy bien para empatar, y más este año. Si el trigo rinde 3.900 kilos recupera los costos operativos, pero no paga la renta que queda toda a cargo de la soja de segunda.

En la cooperativa Cadol, los costos de trigo y cebada se estiman en el entorno de los US$ 740 y US$ 690 para colza considerando un pago de alquiler o renta de US$ 144. Se trata de "una estimación realizada como referencia para cada cultivo, dado que estos son muy variables debido a las particularidades de cada empresa", sostuvo Daniela Charbonnier.

Para la cooperativa Sofoval, Carlos Ramírez explicó que el costo, "calculado de acuerdo a los precios vigentes al comienzo de la zafra de invierno, asciende a US$ 600 en trigo, US$ 550 en cebada y US$ 530 en colza más un pago de alquiler variable entre US$ 150 y US$ 250/ha/año".

Finalmente, Ricardo Guido, asesor privado en la zona de Carmelo, manejó US$ 638 para trigo, US$ 653 en cebada y US$ 573 para colza, incluyendo el pago de alquiler de la tierra en el entorno de US$ 105 por hectárea.

"Las diferencias entre los técnicos, creo que más que nada se deben a los paquetes tecnológicos y criterios de ajuste de costos. Por ejemplo, la renta que cargo yo a invierno es menor que el resto y le cargo parte de su renta al cultivo de verano, que es quien se beneficia de la existencia del mismo".
Y agregó: "Sin cultivo de invierno, no tendríamos cultivo de soja sustentable en el tiempo, por eso me atrevo a pedirle que se haga cargo de parte de la renta del mismo. La otra diferencia en los costos puede estar en el paquete tecnológico utilizado en la zona, si se tienen en cuenta o no determinados fungicidas, número de aplicaciones y qué tipo de seguros consideres (tipo de coberturas de siniestros climáticos y/o coberturas de mercados)", sostuvo Guido.

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La esperanza de la volatilidad


El productor puede tener un aliado en la volatilidad de precios. Varias cosechas afectadas en el mundo, menos área en EEUU y la propia baja de la oferta local que tiene a los molinos más atentos a asegurarse materia prima.

A fines de junio, el trigo diciembre en Chicago y por lo tanto la cebada cotizaban en el entorno de los U$S 180 la tonelada, y con ese valor se realizaron las presupuestaciones en muchas de las empresas.

En la primer quincena de julio, el mercado climático respondió a la sequía en los principales estados de EEUU y en el sur de Canadá, y los precios de todos los granos tuvieron su repunte para llegar en el caso del trigo a US$ 200 para la posición diciembre de Chicago. Cuando se capturan esos precios la ecuación cierra con rendimientos de 3.500 kilos para arriba.

Un repunte de precios firme que pareció posible en julio se ha diluido como escenario al empezar agosto. Esta semana ha sido confirmatoria de una cosecha abundante de maíz y soja en EEUU y el precio de los granos volvió a doblegarse ante el peso de la oferta. Para quien no estuvo atento con los futuros, mantener una lógica de US$ 180 parece adecuado. Actualmente la pizarra de la Cámara Mercantil está en US$ 175.

Sin una remontada del precio previa a la cosecha, el trigo confirmará lo exiguo del margen posible y lo riesgoso de caer en una productividad promedio. Y arriesga a seguir en trayectoria descendiente de área.

Los productores no le aflojan. El año pasado lograron rendimientos récord. El trigo rindió 3.521 kilos y la cebada 3.568 kilos por hectárea. Ser promedio, aún en un año de alto rinde, significa perder dinero. La baja de la soja también lo pone exigente para la colza, que con un precio de US$ 330 precisa 2.000 kilos de rendimiento para cubrir costos. Algo que con la oleaginosa no es fácil de obtener ni mucho menos.

La competitividad uruguaya cruje por todos lados y la agricultura de invierno es un ejemplo típico.

Trigo
La zafra de cultivos de invierno transcurre con incertidumbres sobre el resultado económico.
La zafra de cultivos de invierno transcurre con incertidumbres sobre el resultado económico.

Hegemonía de la soja y más ganadería


Más allá de la situación de los cultivos, la agricultura es un sistema y como tal debe buscar la competitividad. Dada la actual situación de los cultivos de invierno, "la soja seguirá siendo el motor del sistema", opinó Nazar Rodríguez, coordinador agrícola de la Federación Uruguaya de grupos CREA (Fucrea). "Por precio, por costos del cultivo y por la seguridad que da ante los distintos eventos climáticos. Tiene una gran liquidez. Por todo eso ocupa el 80% del área de verano del país.

Es importante tener cultivos de invierno que den margen para que toda la agricultura tenga más margen y sea más diversificada. El doble cultivo permite tener ingresos semestrales al productor. La muy buena zafra de verano pasada ha sido una excelente noticia para reacomodar el recado, pero no olvidemos que hay un endeudamiento importante del sector".

Respecto al papel de la ganadería en los sistemas opinó que "estamos volviendo a la rotación con pasturas para mejorar los rendimientos porque no hemos logrado que la agricultura continua mantenga productividades altas. Queremos que mejore la agricultura buscando la mejor sinergia entre ambas producciones. El fin último es lograr altos rendimientos en agricultura. Y para eso son necesarios los campos renovados con pasturas".
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