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Harry y Meghan y una movida que impacta en el lugar más débil de la monarquía

Los duques de Sussex patearon el tablero y anunciaron que abandonarán sus funciones de primer rango como miembros de la familia real. Estas son las implicancias de su decisión

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08 de enero de 2020 a las 18:20

Príncipes y princesas, reyes y reinas, duques y duquesas, pero no todo lo que brilla es oro. Esta es una máxima archirepetida que sin embargo ha sido confirmado una y otra vez en la gran mayoría de las familias reales. La de Gran Bretaña no es la excepción; muy por el contrario, la monarquía inglesa ha sobrevivido siglos a pesar de los macabros complots que solían eliminar a un rey o heredero en cuestión de minutos en el pasado no tan lejano, pero sobre todo a pesar de los escándalos y escandalitos que en el siglo XX y XXI han afectado a sus miembros casi constantemente.

Ayer se abrió un nuevo capítulo en la historia real inglesa, que si bien no es protagonizado por un rey, reina o un heredero directo al trono, dice mucho de una institución que vive bajo el escrutinio público y que ha dado lentos pasos a la hora de modernizarse. Los duques de Sussex, Harry y Meghan, anunciaron que abandonarán sus funciones de primer rango como miembros de la familia real para pasar más tiempo en América del Norte (no precisaron dónde) y que pasarán a trabajar para “adquirir independencia financiera”.

En un comunicado que dieron a conocer a través de su cuenta de Instagram, la pareja manifestó: “Después de muchos meses de reflexión y discusiones internas, hemos elegido iniciar una transición este año y empezar a labrarnos progresivamente un nuevo papel dentro de esta institución". Esto parece haber sido el puntapié inicial de otro problemón para Isabel II y su troupe real. Desde Buckingham Palace se comunico que las discusiones sobre el tema estaban en una “etapa temprana”:

"Entendemos su deseo de adoptar un enfoque diferente, pero estos son problemas complicados que llevarán tiempo resolver", dice el comunicado que se conoció poco después del anuncio.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

“After many months of reflection and internal discussions, we have chosen to make a transition this year in starting to carve out a progressive new role within this institution. We intend to step back as ‘senior’ members of the Royal Family and work to become financially independent, while continuing to fully support Her Majesty The Queen. It is with your encouragement, particularly over the last few years, that we feel prepared to make this adjustment. We now plan to balance our time between the United Kingdom and North America, continuing to honour our duty to The Queen, the Commonwealth, and our patronages. This geographic balance will enable us to raise our son with an appreciation for the royal tradition into which he was born, while also providing our family with the space to focus on the next chapter, including the launch of our new charitable entity. We look forward to sharing the full details of this exciting next step in due course, as we continue to collaborate with Her Majesty The Queen, The Prince of Wales, The Duke of Cambridge and all relevant parties. Until then, please accept our deepest thanks for your continued support.” - The Duke and Duchess of Sussex For more information, please visit sussexroyal.com (link in bio) Image © PA

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Una pesada corona

La reina Isabel II, que lleva 68 años en el trono, ha demostrado que no le sobra cintura para adaptarse. En primer lugar fue reina porque su tío, Eduardo VII, decidió a mediados del siglo XX casarse con una mujer divorciada y estadounidense, una combinación impensable para la monarquía británica de la época. El hombre renunció y fue obligado a exiliarse en Francia, su hermano Jorge VI heredó la no tan codiciada corona y su hija mayor, Isabel, heredó la monarquía.

La joven sabía que se metía en un terreno que, según se ha relatado, no es codiciado por casi ningún integrante de la familia real, pero seguramente no pudo prever que su reinado se convertiría en una constante montaña rusa.

Los primeros años plantearon desafíos con su hermana Margarita, que además de algún romance poco deseado para la etiqueta real  (con un capitán honorable, pero divorciado y posiblemente con el primer ministro canadiense), terminó casada con un fotógrafo con quien tuvo dos hijos. El temido divorcio no se salteó a la generación de Isabel y Margarita finalmente se divorció.

Pero le quedaba mucho por ver en su reinado y el siguiente protagonista de un divorcio real sonado fue su propio hijo y heredero, Carlos, quien luego de un aparente casamiento de “cuento de hadas” con la rubia, delicada y muy popular Diana, terminó divorciado con una compleja previa de amantes y escándalos públicos por parte de ambos integrantes de la pareja.

Las cosas parecían comenzar a encaminarse lentamente luego del divorcio, cuando la superpopular Lady Di murió en un accidente de auto junto a su pareja del momento, y en medio de una persecución de paparazzis que terminó en tragedia en el puente del Alma en París. El debate se había abierto hacía tiempo pero se reactivó: las vidas reales eran tan públicas que se volvían tóxicas.

Algo de esta toxicidad tiene que ver con la decisión de la nueva pareja favorita de la monarquía inglesa. El príncipe Harry, hijo menor de Carlos y Diana, decidió casarse con una mujer que en época de su pariente Eduardo supuso una abdicación: una estadounidense divorciada y actriz, además de mestiza. La casa real, impávida, anunció la buena nueva con aparente alegría y con la boda de blanco se impuso una dupla mayormente mimada por la prensa y el pueblo.

Pero todos los romances públicos tienen su contraparte negativa y Harry y Meghan no fueron la excepción. Luego que pasó la novedad del vestido, la sonrisa de la duquesa, las miradas amorosas entre los nuevos esposos y la noticia del bebé real, los tortolitos empezaron a recibir artillería pesada de parte de alguna prensa británica. Arreciaron los rumores de malas relaciones entre Harry su hermano y entre las cuñadas (algo que en parte fue confirmado por el propio Harry en un programa especial de ITV con motivo del viaje a África de los duques) y  Meghan fue acusada de problemática en muchos aspectos; la duquesa comenzó incluso procedimientos legales contra el diario Mail on Sunday en octubre de 2019, luego de que este publicara una carta manuscrita de la estadounidense dirigida a su padre, con quien estaba alejada desde hacía tiempo hasta el puno de que no asistió a su boda.

Al mismo tiempo su esposo denunció una campaña de “bullying” de la prensa hacia la duquesa, que llegó a comparar con el tratamiento que había recibido su propia madre. Resumidamente dijo que no podía ser testigo silencioso del  “sufrimiento privado” de Meghan, y agregó que su “temor más profundo era que se repitiera la historia”. “Perdí a mi madre y ahora veo a mi esposa caer víctima de la mismas fuerzas poderosas”, escribió.

La decisión de la pareja, que aparentemente involucra a integrantes de “segunda categoría” de la familia real (el heredero es Carlos seguido de William y sus hijos), puede ser mucho más removedora de lo que aparenta. Harry y Meghan se retiran de las funciones oficiales lo que implica que dejarán de recibir dinero público. En su comunicado hacen hincapié en que trabajarán para independizarse desde el punto de vista financiero y esto significa que podrán hacer lo que quieran, incluyendo elegir dónde vivir.

La familia real es por un lado una gran inversión para el pueblo británico pero también un gran gasto. Se estima que en 2019 aumentó en 41% las partidas que se les dio y en esos 19 millones de libras extra que salieron del dinero de los contribuyentes, había 2.4 millones que se utilizaron para reciclar la casa de los duques de Sussex, Frogmore Cottage, algo que generó polémica.

La popularidad de Harry y Meghan (aunque el duque está sexto en la línea de sucesión) hace que esta decisión sea mucho más publicitada que otras previas similares, como la del tercer hijo de la reina, Andrés (también casado y divorciado de una plebeya), quien el año pasado se retiró de las actividades oficiales, al igual que el propio esposo de Isabel, Felipe, quien lo hizo en 2017 aunque seguramente por su avanzada edad.

Una foto del día anterior al anuncio, cuando los duques visitaron la embajada de Canadá en Londres

Los duques de Sussex habían pasado las Navidades en Canadá, tras quejarse públicamente de la excesiva presión de los medios de comunicación, junto a la madre de Meghan, Doria Ragland.

La pareja dijo también que pronto anunciará el proyecto en el que trabajará. Meghan tenía un patrimonio de 3.8 millones de libras al momento de casarse según informó el diario The Independent, mientras que Harry tiene una fortuna personal de 30 millones de libras que, en su mayoría, heredó de su madre y de la reina madre (madre de Isabel).

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