Estilo de vida > EXPECTATIVA

Hasta 53 horas de fila: la espera y la locura por la apertura de H&M en Montevideo

"(Armé el bolso) como si me fuera de camping, pero vine al shopping”, dijo Andrés, el primero de la cola; ¿qué lo llevó a ir con tanta anticipación?

Tiempo de lectura: -'

06 de octubre de 2018 a las 14:50

Algunos estudios calculan que el ser humano del siglo XXI pasa cuatro años de su vida haciendo filas. Y, para darse cuenta de lo sorprendente que es el dato, este es el mismo tiempo que cualquiera dedica a comer. Hay toda una rama de la psicología que explora los procesos mentales, emocionales y físicos de las personas que, contrarios a la impaciencia de estos tiempos, se toman con calma la espera. Y muchas de estas personas estaban hoy en la puerta del nuevo local de H&M en Montevideo Shopping.

El más paciente de todos fue Andrés. Este joven de 20 años llegó a las 5:20 del jueves 5 de octubre. “Mi abuela es de fierro; tiene 63 años. Decidió quedarse y hay que aguantar acá parados”, dijo a El Observador. Andrés y su abuela fueron, respectivamente, primero y segunda en la fila de las 800 personas que acamparon desde el local hasta el estacionamiento por el que se accede por Luis Alberto de Herrera y Luis Lamas.

“Me traje agua, manta, cepillo de dientes. (Armé el bolso) como si me fuera de camping, pero vine al shopping”, ilustró Andrés. Y añadió: “Teniendo el aguante de mi abuela, me sentí seguro y vinimos”.

Para que la imagen del camping fuera totalmente fiel a la realidad, solo faltaba que alguien se hubiera llevado una garrafa de 3 kilos para cocinar unos panchos. Sí había mantas, sobres de dormir, reposeras, bidones de agua, paquetes de galletas y bolsas de bizcochos; todo lo necesario para que la espera no acabara en desesperación.

H&M también hizo su parte para que los clientes tuvieran la sensación de que el tiempo corría más deprisa: repartió mantas a la noche, snacks, botellas de agua y el desayuno del sábado; colocó un monitor para saber cuánto faltaba para el corte de cinta y contrató al actor de la serie argentina El Marginal, Nicolás Furtado, para entretener a todos con ocurrencias y selfies.

Los primeros tres recibieron un bono de $ 5.000. Es decir, Andrés tenía $ 10.000 a su disposición más una cifra secreta en su billetera que –según iba a analizar una vez que estuviera en el probador– iba a utilizar para sumar más prendas a su bolsa de compra. “Pienso gastar la gift card y me traje plata extra. Si vale la pena hay que aprovechar. Se viene el verano y qué mejor que salir vestido de H&M”, argumentó.

Andrés, a diferencia de Bruno –séptimo en la fila– y Rodrigo –octavo–, ya conocía la marca. “Tiene lindas prendas, es frescas para los adolescentes, es innovadora. Soy una persona a la que le gusta vestirse bien aunque no tenga el mejor cuerpo. Me gusta sentirme bien y cómodo”, explicó.

El podio lo cerró Federico, de 21 años, que llegó al mediodía del jueves. “Un amigo me pasó una foto por WhatsApp de que ya estaban los dos primeros y me vine corriendo. Quería estar entre los 300”, comentó a El Observador. La jugada le salió mejor de lo que esperaba: recibió la bonificación de $ 5.000 en vez de $ 1.400, lo que se entregó a las siguientes 300 personas.

“Desde acá –su lugar en la fila– veo una camisa roja y otra rosada con flores que me gustan. Viene el verano y hay que aprovechar las cosas gratis. Además, dicen que la ropa acá es buena y bastante económica”, señaló. Y ante la grabadora quiso aclarar algo: “Quiero agradecer a mi madre y a mi abuela que me trajeron comida”.

Claudia, de 31 años, llegó unos minutos después que Federico. Vino desde cerca de Pando hasta Pocitos Nuevos con una sola idea en su mente: comprarle ropa a su hijo de 12 años. “Está creciendo y todo le queda chico y está con el tema de las camisas y de los jeans”, explicó. La inminente adolescencia la dejó en segundo lugar (en casa, no en la fila donde fue la cuarta): “Y… bueno… si después alcanza, vemos para mamá”.

Esta mujer, notoriamente ojerosa por las casi 48 horas de espera, introdujo un tema sensible: qué piensan los demás sobre su decisión de ir con tanta anticipación. Dijo sentirse “lastimada” por comentarios hechos “con maldad” en las redes sociales de H&M. “No vengo a compararme con nadie. No estoy trabajando y tengo la disponibilidad y necesito el voucher que es muy bueno. Son días sin dormir, comiendo mal, en el piso y pasando frío; es un esfuerzo”, expresó.

Tras un rápido vistazo a la fila se puede decir que, la mayoría, era gente joven, como Andrés, Federico, Bruno, Rodrigo y Lucía –novena, según el orden de llegada– que no pasaban los 20 y pocos años; pero también había adultos y muchas madres haciendo compañía. La presencia de hombres era notoria. Así también lo vio Antonio, el quinto de la fila: “En un momento pensé que con Nacho –un amigo que fue el sexto– íbamos a ser los únicos boludos; pero estuvo buena la experiencia”, comentó. Y después de tantas horas, con el voucher quemando el bolsillo y la batería del celular por debajo del 10%, Rodrigo, quien llegó a las 5 de la mañana del viernes, fue tajante: “Ya me quiero ir… pero con la ropa puesta”.

REPORTAR ERROR

Comentarios

Contenido exclusivo de

Sé parte, pasá de informarte a formar tu opinión.

Si ya sos suscriptor Member, iniciá sesión acá

Cargando...