19 de junio 2021 - 5:01hs

Esta semana terminó oficialmente el trabajo del Grupo Asesor Científico Honorario. Terminó casi en silencio, con unas pocas palabras de su cara más visible, Rafael Radi, luego de una reunión con el presidente Luis Lacalle Pou. "Estamos muy conformes con el trabajo realizado y gracias, hasta pronto", dijo Radi en la Torre Ejecutiva. Así culmina lo que ojalá sea un capítulo de una nueva forma de relacionamiento entre gobierno y ciencia, cualquiera sea el gobierno y quienquiera sean los científicos del momento en cuestión.

Hace poco más de un año me llamaron de un programa de radio de la BBC que intentaba explicar por qué Uruguay estaba cómo estaba en medio del caos mundial desatado por el Covid-19. No había datos objetivos que permitieran analizar esa realidad casi excepcional en el mundo y ciertamente no eran explicaciones válidas lo de la BCG, el mate, o cualquier otra hipótesis tirada al azar. En ese momento mencioné una de las claves: el gobierno había actuado rápido suspendiendo clases y tomando otras medidas, pero sobre todo había propiciado la creación de este grupo de asesores científicos cuya función fue mucho más allá de los científico. Los había escuchado en la mayoría de sus consejos y había actuado en consecuencia. Pasaron meses hasta que nos dimos cuenta de que además de los esfuerzos del GACH, de las autoridades y de algunos ciudadanos, lo que frenó al Covid-19 en Uruguay durante casi un año fue el miedo a contagiarse y a morir, un miedo que perdimos demasiado prematuramente con consecuencias nefastas.

Es importante recordar lo que pasaba a mediados de abril de 2020. No había 50 muertos por día. No había ni uno. Había medio millar de casos activos cuando se creó el GACH, con el objetivo de que ese número no se multiplicara y que no murieran miles de uruguayos, ni mil ni 5.000.

Pero todo lo anterior, lo que hizo el gobierno, lo que hizo la oposición, lo que hicimos los uruguayos, no le resta ni un punto al trabajo del GACH ni a su papel vital como organismo asesor. No recuerdo otra oportunidad en la que un grupo técnico calificado haya asesorado a un gobierno sin pedir nada a cambio y sin esgrimir banderas partidarias. La referencia histórica, lejana y triste por cómo terminó, es la de la CIDE de los años 60, también en un contexto de crisis pero con una asociación partidaria más estrecha.

Más noticias

Tampoco recuerdo un gobierno que haya armado un comité sin fijarse de qué color político son sus integrantes. Cada vez que se habla de lo técnico y lo político, prevalece lo político. La pandemia logró por unos meses cortar con esta lógica maniquea y le dio el lugar que había que darle a la ciencia. ¿Se volverá esto costumbre? Ojalá. 

El GACH no tuvo problemas con la política y sus caras más visibles aprendieron a convivir más que bien con sus complejas aristas, a pura diplomacia y sentido común, pero también a puro compromiso. El GACH no se cansó del trabajo honorario, de las muchas horas extras y ni siquiera de la presión por soluciones que nunca son perfectas. Al GACH, a su trabajo y sobre todo a sus integrantes, los perjudicó la politiquería y las chicanas de uno y otro lado. 

Cada uno de los integrantes del grupo seguramente tiene sus preferencias políticas, sus convencimientos ideológicos (o no), su voto firme o cambiante, pero en su trabajo durante este año y medio esa faceta de sus vidas no se mezcló en las recomendaciones que tanto esperamos durante el invierno 2020, cuando todo era incertidumbre incluso para la ciencia que se enfrentaba a un virus nuevo.

El GACH trabajó y trabajó, entre tiras y aflojes de la tribuna politiquera, durante 425 días. El gobierno escuchó sus datos y consejos y tomó buena parte de ellos a la hora de decidir acciones, al menos durante buena parte de 2020. La oposición pidió medidas más restrictivas e incluso cuarentena obligatoria, aunque el GACH nunca lo hizo, pero se cuidó mucho de criticar al grupo de científicos. Los uruguayos comenzaron a respetar y a escuchar con más atención a personas que no hacían política, sino ciencia. Con más atención que a los propios políticos, en muchos casos.

En los últimos meses el GACH, sin comerla ni beberla, quedó en medio de un fuego cruzado entre políticos y cada vez más uruguayos que se alimentan de la confrontación. Cuando el gobierno decidió no seguir todas las medidas aconsejadas por el grupo, una apuesta peligrosa considerando el nivel de confianza que generó el grupo, no fueron los científicos los que armaron # en las redes sociales ni dieron conferencias de prensa o entrevistas escandalosas señalando culpas con dedos acusadores. Para eso ya tenemos suficiente con algunos políticos de ambos bandos y con demasiados ciudadanos que no pueden pensar más allá de un dogma. 

Incluso cuando una de las caras más visibles de este grupo, Radi, hizo declaraciones en las que dejó en claro que lo que estaba haciendo el gobierno no era lo que el grupo aconsejaba desde la ciencia, eligió el disenso con altura y respeto y no la polémica rabiosa con un presidente y una administración que lidia con muertos, contagios y vacunas, pero también con las consecuencias económicas de una crisis que dejará coletazos. “Tiene que haber un momento en la marcha de esta epidemia en la que hay que decir 'ahora bajo la térmica'. Para mí, para nosotros, fue cuando lo planteamos. Nosotros dejamos la pelota picando en el área chica. Lo que pasa es que después hay que hacer el gol", dijo en entrevista con Búsqueda. Podés estar o no de acuerdo con sus declaraciones, pero no cuestionar su derecho a hacerlas en un estado democrático en el que si el disenso se procesara con algo más de raciocinio y hasta una pequeña cuota de patriotismo, no quedarían tantos heridos por el camino. El mismo estado democrático en el que serán los ciudadanos los que deberán juzgar si lo que decidió el gobierno fue lo correcto.

El GACH tal vez se terminó por cansancio (físico y espiritual) pero sobre todo por hartazgo de todo lo que mencioné antes. El gobierno no se alineó a una parte de las propuestas del informe que el grupo emitió en febrero, pero esa no es la única razón de este final algo abrupto. A los científicos no les gustó que se apropiaran de ellos desde la izquierda o desde algún sindicato, ni que ciertas figuras de la coalición los acusaran de alinearse con la izquierda o, al contrario, los intentaran hacer responsables las decisiones del gobierno. 

Estos últimos meses de primera ola sacaron lo peor de los uruguayos y los científicos quedaron en medio de una agresividad a la que tal vez los políticos están acostumbrados, pero a la que nadie debería acostumbrarse. Ojalá sepan que somos muchos los uruguayos que sabemos valorar su trabajo sin preguntar a quién votaron o votarán y pocos los que llegaron incluso a amenazarlos a través de las redes sociales.

Tenemos una deuda de gratitud con los 55 científicos del GACH, una deuda que debe pagar el gobierno, la oposición y, sobre todo, los uruguayos, honrando con nuestras acciones y dichos lo que nos aconsejaron hacer durante un año largo y duro, para ellos y para nosotros. Cuando todo esto parecía más suavecito, Radi dijo: "Esto es como estar jugando un partido en La Paz, a 4.000 metros de altura, y estar aguantando el 0 a 0. Estamos contentos pero nos pueden golear en tres minutos”. Esa frase futbolera está hoy más vigente que nunca, luego de cuatro meses desastrosos por las muertes, los contagios, la desesperanza y la crisis económica. 

Gracias GACH por las horas de trabajo, por el compromiso, por la paciencia y el temple para resistir embates no provocados, por los tapabocas que ahora usamos sin dudar, por las escuelas que cerraron y abrieron siguiendo su consejo, por las actividades al aire libre, por las alertas -incluso cuando no las escuchamos-, por mantenerse firmes cuando la primera ola nos pegó como un tsunami, por hacer silencio cuando los atacaron o dudaron de ustedes. Gracias por permitirnos creer que podemos estar todos alineados, al menos por un tiempo, por una causa justa. 

Este gracias es un hasta luego y no un adiós, porque me niego a pensar que ningún gobierno uruguayo de acá en adelante pueda ser tan ignorante de dejar pasar el capital científico que tenemos en este país para asesorar en, ojalá, tantos otros temas que no sean solamente una pandemia y que requieren de conocimiento técnico aunado al político. 

 

Temas:

Member Opinión GACH Coronavirus pandemia Uruguay

Seguí leyendo

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos