16 de agosto 2023 - 10:56hs

Por Sarah O’Connor

Si algo puede decirse que está de moda en el mundo de la legislación laboral, probablemente sea el "derecho a desconectarse".

Francia, Bélgica, España, Portugal, Italia, Luxemburgo, Colombia, Perú, Argentina, Costa Rica y Tailandia en los últimos seis años han introducido nuevas normas que, a grandes rasgos, les otorgan a los empleados el derecho a desconectarse de la tecnología laboral fuera del horario de trabajo. Si el Partido Laborista del Reino Unido gana las próximas elecciones, ya ha dicho que también introducirá el derecho a la desconexión, "aprendiendo de los países donde se ha introducido con éxito".

Es fácil entender por qué la idea atrae a los políticos. Los hace parecer progresistas, que están al tanto del cambiante mundo laboral y tienen algo que decir al respecto. También refleja la inquietud real que siente mucha gente ante la disolución de los límites entre el trabajo y la vida personal.

Más noticias

La idea también tiende a ser acogida en las encuestas. Una encuesta realizada por Ipsos en el Reino Unido el año pasado reveló que el 60 por ciento de los adultos estaban a favor de "una ley que otorgue a los empleados el derecho a ignorar las comunicaciones relacionadas con el trabajo fuera de su horario oficial de trabajo o de turno", y solo el 11 por ciento en contra. Esa encuesta también sugirió que el problema de no poder desconectarse no se limita a los profesionales mejor pagados, aunque ellos lo experimentan más intensamente. Un poco más del 80 por ciento de las personas que cobran más de £55,000 al año afirman que revisan y responden a los mensajes de trabajo fuera de su horario habitual, al igual que lo hace el 65 por ciento de las personas que cobran menos de £55,000 al año.

Es igualmente fácil entender por qué los críticos han pronosticado que las leyes serán un desastre, sobre todo las más draconianas, como la de Portugal, que les prohíbe a los empleadores contactar a los empleados fuera del horario laboral.

Según ellos, estas políticas no toman en cuenta la realidad de cómo funcionan las compañías modernas. Los empleados de distintas zonas horarias tienen horarios de trabajo diferentes; ¿ya no se les permite comunicarse? ¿Qué pasa con las personas que quieren elegir su propio horario sobre la marcha, tomándose tiempo libre para recoger a sus hijos o salir a correr durante el día y luego ponerse al día más tarde por la noche? ¿Realmente vamos a agobiar a empresas y trabajadores con costosos trámites burocráticos en lugar de dejarlos que lo decidan por sí mismos?

Pero, a pesar de todo el debate que se suscita cada vez que se anuncia uno de estos nuevos derechos, hay algo que siempre me ha preocupado: ¿por qué nunca nos enteramos de cómo les está yendo realmente en la práctica?

La respuesta, por lo que sé, es que han tenido menos impacto del que esperaban sus partidarios o del temían sus detractores. En Irlanda, Síobhra Rush, socia en el bufete de abogados Lewis Silkin de Dublín y experta en asuntos laborales, afirma que el "código de buenas prácticas" del país sobre el derecho a la desconexión causó "un gran furor" cuando empezó a aplicarse en 2021. Pero, en realidad, ella no lo ha visto aparecer en ningún caso laboral.

El mayor cambio en la cultura laboral que ella ha visto son las nuevas cláusulas de exención de responsabilidad al final de los correos electrónicos que dicen algo así como "Estoy enviando esto durante mi horario de trabajo, pero, a menos que esté marcado como urgente, no espero una respuesta fuera del tuyo".

Tal vez eso sea de esperar en Irlanda, el cual adoptó un enfoque cuidadoso y paciente, pero la historia parece ser similar en Portugal, el cual estaba en el otro extremo del espectro. Inês Reis, socia del bufete portugués pbbr y responsable de asuntos de trabajo y empleo, me dice que "nada ha cambiado realmente" como consecuencia de la ley. Ella no tiene constancia de ninguna queja hasta la fecha, aunque afirma que, al igual que en Irlanda, los empleados están agregando cláusulas de exención de responsabilidad a sus correos electrónicos explicando que no esperan una respuesta urgente.

Nadia D'Agostino, asociada principal de Eversheds Sutherland, está de acuerdo en que la ley en Portugal "no ha creado un gran cambio cultural". Ella dice que no hay mucho ímpetu para que los empleadores cumplan la ley, porque las multas son relativamente bajas, ni tampoco hay mucho incentivo para que los empleados hagan denuncias.

"Es una demanda difícil de presentar", afirma D'Agostino. "No hay recompensas económicas automáticas; tendrías que interponer una demanda por daños y perjuicios [por lo que] es más fácil que los empleados hagan el trabajo y presenten demandas por horas extras".

¿Fue entonces una pérdida de tiempo? Yo no iría tan lejos. Los nuevos derechos y códigos sí parecen haber incitado a empleadores y empleados a ser más considerados en cuanto a cuándo comunicarse fuera del principal horario laboral. Muchas de las leyes europeas exigen que las compañías y los trabajadores acuerden una política que les convenga, lo cual parece bastante razonable dadas las complejidades de las distintas organizaciones.

Pero hay una lección para los votantes: no hay que dejarse engañar por la formulación de políticas performativas. Ya sea que pienses que una nueva propuesta de ley parece estupenda o espantosa, detente y pregunta primero cómo piensa aplicarla el Gobierno.

Temas:

Financial Times Member

Seguí leyendo

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos