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Marchar a caballo: historias de jinetes que vinieron desde el interior para escoltar a Lacalle Pou

El sábado 15 de febrero una delegación de 19 jinetes partió desde Rivera con el objetivo de llegar el 1° de marzo a la capital, como habían prometido años atrás

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29 de febrero de 2020 a las 05:02

Una patriada es una entrega anónima y desinteresada. Significa hacer algo en beneficio de todos, aunque cueste sacrificio. Así lo define Washington Méndez, que está sentado a la sombra en la primera parada de descanso en Canelones. Méndez es parte de una de las delegaciones de nacionalistas que vienen cabalgando desde Rivera hace 15 días.

Son más de 500 kilómetros de cabalgata. Son 30 kilómetros a la madrugada y 30 más por la tarde. Muchas horas expuestos al sol. Poco a poco el calor comienza a sentirse y el cansancio le pesa a la mente. Algunos tienen la mano que lleva la rienda quemada, muchos llevan crema en los labios para curarse.

Cabalgan con esperanza, expectativa, con ilusión. Cabalgan con compromiso.

“Cuando conocemos el país desde arriba de un caballo nos crece la esperanza”, comenta Lilián Padern, una de las mujeres que viene en el grupo. “Estamos confiados que nuestro presidente y nuestra vicepresidente van a ser un gran gobierno. Nos trae esperanza, nos motiva”, agrega.

La esperanza es el sentimiento que más se escucha.

Méndez es uno de los tantos que reflexiona. “¿Qué país queremos?, eso es lo que tenemos que pensar. Del primero de marzo yo pretendo “que los uruguayos sean uruguayos, patriotas, orientales”. Y agrega que la marcha es para todos los uruguayos y sobre todo para las nuevas generaciones.

Parte de la caballería cabalgando al amanecer

Lo prometido es deuda

Más allá de la amistad los unió una promesa: cuando el Partido Nacional llegara al gobierno irían a Montevideo andando a caballo. La logística comenzó a idearse unos meses atrás, pero la idea tiene más tiempo.

Todos compartieron el sueño y la unión hizo a la fuerza. Se reunieron para pensar cómo organizarían la marcha. Según Gerardo Cabrera, que forma parte de la organización, no hubo misterio, fue sencillo. ¿Quién cocina?, ¿quién maneja?, ¿quién puede traer esto? Si bien implica un costo para cada uno, nadie dejó de venir por un tema de dinero.

La otra dificultad era buscar lugares dónde alojarse. Buscaron en función de los kilómetros que iban a recorrer cada día. En esas zonas buscaron sitios de productores, establecimientos y así fueron armando el mapa.

Cabrera nació en Guichón, Paysandú, pero por trabajo ahora vive en Rivera. Fue edil departamental en el 2005 y 2010 en Rivera, pero ahora prefiere simplemente acompañar. Confiesa que cuida más a sus caballos que a cualquier otra cosa. “Son nuestras piernas”, agrega.

Gerardo Cabrera sostiene el cartel que llevará cuando escolte a Lacalle Pou

En setiembre de 2009 Antony Meneses cabalgaba en la marcha hacia Masoller junto a su familia. Tenía 14 años y su padre Aldo le prometió que si ganaba el Partido Nacional la elección se irían a caballo hasta Montevideo. La historia demostró que ese año no se les pudo dar, pero la meta quedó pendiente: aunque fueran ellos dos solos viajarían hasta la capital. En el 2014 se sumó su hermana Cecilia a la promesa, pero el partido tampoco logró el triunfo ese año. Hoy Meneses tiene 24 años y como prometió y con orgullo, marcha junto a su padre y su hermana. Los tres cabalgan con la divisa 1836 Defensores de las leyes, creada por Manuel Oribe cuando era el segundo presidente constitucional.

El amor a los caballos es un sentimiento que Meneses no puede terminar de explicar. Se viene transmitiendo de familia y hoy lo ve reflejado en su hija de un año, a quien le brota la alegría cada vez que se sube a uno.

Antony Meneses acollara a sus dos caballos

***

Un pabellón patrio y una bandera del Partido Nacional flamean desde dos cañas colocadas en una de las camionetas que acompaña la cabalgata. Edison Melio, jubilado policial oriundo de Rivera, es el encargado de manejar el vehículo que asiste a los jinetes y caballos. Maneja despacio y frena en la banquina cada pocos kilómetros para controlar la marcha.

Alambre eléctrico -para sitiar un lugar apropiado para los equinos- sillas, ropa, lonas, colchones, herraduras. La camioneta de Melio va bien equipada, pero no solo abastece de agua y comida a los montadores y sus pingos. Está atento y preocupado porque estén bien y no ocurran incidentes; se arrima a ofrecer una crema para las manos; Melio también es una compañía.  

Los caballos descansan después de tres horas de cabalgata

No solo decidió venir para dar apoyo, sino para estar y compartir la experiencia. Se siente orgulloso del triunfo del Partido Nacional después de 30 años y define a la marcha como un “logro único, muy particular”, su mayor motivación.

A Melio lo acompaña Nicolás Leites que es herrero y se encarga de controlar el bienestar de los caballos y a estar atento si hay que ajustar herraduras o cambiar alguna cuerda.

Cada jinete vino con dos caballos, para alternarlos uno a la mañana y otro a la tarde. Cuando salieron de Rivera eran 19 jinetes. Hoy en el grupo son más de 40, en el recorrido se sumó un compañero de Artigas y un grupo de Durazno. Y se van sumando cada vez más. Se estima que lleguen a Montevideo más de mil jinetes, más los acompañantes.

Mate, truco y payadas

En estos días se reviven las tradiciones. Jugar al truco y contar los puntos con porotos y chapitas de botella. Dormir siesta acostados sobre los pelegos desplegados en el pasto y esperar la comida para descansar. Así conviven en estos 12 días de viaje.

Un día en la marcha comienza con el mate amargo, cuenta Lilián Padern. Despertarse con el sonido de los baldes que preparan para alimentar a los caballos y ensillar lo más temprano para evitar cabalgar con el sol del mediodía. “Para nosotros es un amigo el caballo”, confiesa, es por eso que han descansado dos días en todo el recorrido y eligen las madrugadas y las tardes para andar bajo el sol menos fuerte.

El más joven del grupo tiene 13 años y el más grande 65, pero las edades no inquietan la convivencia. En la dificultad de llegar cansados y sedientos se teje la camaradería. Una convivencia que se construye día a día y en la cual han vivido momentos inolvidables como cantar juntos, compartir guitarreadas y recitados y charlar de la vida y de política. “Somos como una familia., concluye Padern.

Partida de truco, con porotos y chapitas cuentan los puntos

Asegura que “los jóvenes que están aquí van a querer trabajar para que gane el partido y repetir esta vivencia”. Por su parte, sueña con contar “mil veces” todo lo que han pasado y vivido.

Padern fue candidata a diputada  por la lista 2004 de Jorge Larrañaga y hoy integra el Directorio del Partido Nacional. Además, su familia lleva el legado histórico en la sangre. Viaja junto a su marido, Aparicio Saravia, y sus dos hijos, Martín y Aparicio. Soñaba con la marcha desde 2004.

Para el domingo, una de las pocas mujeres del grupo, espera que sea una “hermosa fiesta, histórica”. “Nos acercamos para decirle al presidente que puede contar con nosotros para lo que venga”, afirma. Y concluye que “lo mejor para el presidente va a ser lo mejor para el país”.

Un foodtruck criollo

Bajo la sombra del puente de Paso Pache, en Canelones, Juan Leal y Manuel Alanis cocinan para 45 personas. Debajo de la ruta preparan un "carretero campero". Pican cebolla, cortan chorizo casero y pelan zapallos.

La dupla está a cargo de la cocina y el camión que transporta los víveres del gran campamento de la delegación. A 12 días de marcha llevan 24 comidas preparadas. En el camión cargaron 60 kilos de arroz; 25 kilos de fideos; dos bolsas de 25 kilos de cebolla, dos de zapallo, dos de papa, una de zanahorias.

Carretero campero

“Se cocina para que sobre, para que nadie quede nervioso”, comenta Juan. Está claro que comida nunca puede faltar; con lo que sobra reinventan un nuevo plato para la comida siguiente.

La dupla improvisa una cocina en donde sea. Montan una mesa de caballetes y despliegan los utensilios y condimentos. Se conocen hace años y la amistad se nota en su método de trabajo. Son prácticos, ejecutivos y rápidos, lo cual es importante cuando comienzan a llegar los jinetes. Mientras uno calienta el agua de la olla de 120 litros de capacidad, otro pela zanahorias y papas. La dinámica está aceitada.  

Juan Leal y Manuel Alanis, los cocineros de la delegación

En el camión almacenan todo para la manutención de los animales. “La prioridad son los equinos, nosotros somos secundarios”, afirma Leal. Tienen un tanque con mil litros de agua, por si paran en un lugar donde los caballos no tienen dónde beber, ración y remedios. Aparte guardan el equipaje de los jinetes, monturas y generadores de luz, ya que para prevenir incendios nunca prenden fuego en el campo. Al momento tienen tres garrafas. Tampoco falta la cama donde duerme el dueño del camión, Cabrera.

Parte de la caballería rumbo a Paso Pache

La patria se hizo a caballo
Hay cosas que el gaucho no puede prestar: la mujer, la guitarra, el cuchillo y el caballo. Hoy en día el caballo significa todo para el gaucho, es su medio de transporte diario, no solo en la tarea de los campos, sino de visitas en momentos de ocio. El lujo del gaucho es tener el gran apero y tener el gran pingo, afirma Guillermo Seré, coordinador de la Comisión del Partido Nacional Por los Héroes Servidores.
¿Por qué es tan importante la marcha a caballo para los nacionalistas? Se dice que la patria se hizo a caballo y la independencia americana también. El arma fundamental que utilizaban los viejos gauchos frente a los cañones extranjeros era la caballería. Cada patriada que se hizo por recuperar derechos o lograr nuevas libertades se hizo siempre con la base del caballo. Y ha sido parte integrante de la lucha del Partido Nacional.
Cabalgar desde todos los departamentos hacia Montevideo significa “reverdecer las viejas tradiciones de la patria” asegura Seré. Y agrega que ve muy positivo para que las nuevas generaciones las conozcan y sepan “que el apoyo de las lanzas que lograron las libertades iban manejadas por verdaderos centauros a caballo que hicieron posible eso”.
A lo largo de la historia ha habido muchas marchas a caballo. Seré recuerda el famoso triunfo del Partido Nacional en 1958 con “extraordinarias” caravanas a caballo y la que realizó Benito Nardone ("Chicotazo"). Pero reconoce que esta manifestación es histórica porque “reúne la alegría y el consenso de muchas divisas”. Además, hasta el momento no ha habido una escolta gauchesca en una asunción presidencial.
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