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Una cicatriz extraña: hombres con cáncer de mama

El 1% de los pacientes con cáncer de mama son hombres, pero existen y se realizan mamografías, ecografías y mastectomías 

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27 de noviembre de 2018 a las 05:03

Por Leticia Costa Delgado

En el año 2009 José Luis Badano estaba descansando en Cabo Polonio. En un momento, mientras sacaba agua con una bomba le empezó a doler el cuerpo. Médico cirujano de profesión, llevó la mano a la zona de la espalda, hacia atrás del hombro derecho y fue tocando cada músculo para ubicar dónde surgía el dolor. 

“Dije ‘a ver qué me acuerdo de Anatomía’ y comencé a revisarme el dorsal, el trapecio, y todos los músculos (de la zona)”, rememoró. Como no localizaba el origen del dolor siguió palpando hacia adelante y cuando llegó al pecho, específicamente a la tetilla, sintió algo raro. “Toqué como un granito de arroz”, precisó. 

Tenía cáncer de mama. A partir de ese momento, Badano pasaría a integrar el 1% de los pacientes hombres que tienen esta patología en Uruguay (18 casos al año teniendo en cuenta que hay 1.800 diagnósticos en ese período)

Era viernes de Semana Santa. Cuando subió de la playa su hija menor, que se estaba por recibir de médica, le pidió que lo palpara. “Quiero saber si ese nodulito es móvil o está adherido”, le señaló. La respuesta de su hija, fue que el nódulo estaba “libre”, lo que indicaba que no había invadido la piel y que podía aguardar al lunes para ir a su mutualista.

Ya en Montevideo, le hicieron una mamografía. “Las señoras me miraban como diciendo ‘¿a qué venis?’”, se río. Confirmaron el diagnóstico y de allí fue a consulta con cirujano, la cual derivó en una mastectomía.

Le extirparon toda la mama derecha, porque él así lo pidió. “No estaba para hacer pruebas a los 68 años. Era un principio de tranquilidad, como tomarme un Valium, ‘si me saqué un pedacito, ¿dejé algo? ¿Tuvo tiempo que comunicarse con su entorno (ese pedacito)?’ Vendrá en otro lado, pero por lo menos acá estoy seguro que no va a venir”, remarcó.

Hoy Badano tiene una cicatriz del lado derecho y le falta un pezón. Hace vida normal pero dice que ese brazo “se cansa distinto” con el ejercicio físico. Además, el hecho de no tener tejido mamario tiene la particularidad de que, al ser un hombre flaco, cuando contrae los músculos del pectoral derecho, las fibras “saltan” como si estuvieran dibujadas en un libro de medicina. 

A veces, en verano, cuando está sin remera alguien le pregunta si lo operaron del corazón y le señala la cicatriz, a lo que él responde que no, que el corazón está del otro lado y cuenta qué tuvo, generando la sorpresa de quien tiene delante.

En materia de tratamiento, no tuvo que hacerse radioterapia ni quimioterapia porque los estudios indicaron que el tumor era 100% dependiente de la producción de estrógenos, hormonas femeninas que también están presentes en los hombres. La terapia consistió en administrarle un medicamento que controlaba su producción.

De todas formas, anualmente le realizan una ecografía o mamografía en el pecho izquierdo a modo de control. Su presencia en la sala de espera sigue generando sorpresa entre las pacientes. 

El año que Badano recibió su diagnóstico se enteró de otro hombre que había tenido cáncer de mama por esas fechas. En su caso, no había desconfiado de esta enfermedad, sino que creyó que tenía una lesión en la piel y no consultó; estuvo seis meses aplicándose crema y su tratamiento y pronóstico fue más complejo.

“Cuando el porcentaje de la patología es tan mínimo, medio que queda en el olvido y puede pasar desapercibido en el estudio del paciente”, reflexionó como médico retirado. “Si es hombre más bien pensás que tiene un sarpullido o un quiste, pero no lo planteas (al cáncer de mama) como eje”.

Síntomas

Usualmente la enfermedad se presenta con un agrandamiento de la glándula mamaria, lo que se conoce como ginecomastia. Badano había tenido este problema años antes de encontrar el tumor.

Así como luego su enfermedad terminó siendo totalmente dependiente de una producción anormal de estrógenos, su ginecomastia respondió favorablemente a un cambio en su dieta.

“Abandoné el pollo y desapareció la ginecomastia. No tengo la prueba científica contundente para demostrar que ‘esto’ da ‘esto’, pero la evolución lo demostró”, señaló Badano.

A nivel científico no existen estudios que demuestren una relación causal entre la ingesta de carne de aves y el cáncer de mama.

Junto a la ginecomastia, otros síntomas que pueden ser alerta de cáncer de mama en hombres son cambios en la piel que cubre el pecho, tales como hoyuelos, arrugas, enrojecimiento o descamación, cambios en el pezón, como que empiece a hundirse, o algún tipo de secreción, indicó el área de “Atención al paciente e información sobre salud” en el sitio web de la Clínica Mayo, de Estados Unidos. Además, algunos hombres heredan genes mutados que aumentan su riesgo de padecerlo. 

José Parada, médico radiólogo, expresidente de la Sociedad Uruguaya de Mastología y actual tesorero de la Federación Latinoamericana de mama dijo que esporádicamente ve algún caso de cáncer de mama en hombres y que todos los que ha visto han evolucionado favorablemente. La mayoría ha sido entre los 40 y los 60 años.

“Si hay un desarrollo mayor de tejido mamario de un lado que del otro hay que desconfiar, tocarse y ver qué tengo. Saber si es o no es”, apuntó el especialista. Los métodos para confirmar el diagnóstico (la mamografía, la ecografía y punción en la mama) son los mismos que en la mujer. “Es la misma enfermedad, en otro sexo”, remarcó. 

¿Qué función cumple la mama en el hombre? “Ninguna”, subrayó Parada. “Es una glándula sudorípara que migra durante el desarrollo para convertirse, en el caso de la mujer, en la fuente de alimentación del recién nacido”.

Un artículo elaborado por Pau Carazo, investigador Marie Curie en el Departamento de Zoología de la Universidad de Oxford, relaciona el hecho de que los hombres no desarrollen las mamas durante la pubertad a la evolución genética. 

“La evolución siempre actuará para intentar maximizar el número de descendientes de un individuo”, precisó el investigador. “La apuesta evolutiva ganadora en el caso de los hombres consiste en invertir poco en la cría de su descendencia, y lo máximo posible en (intentar) aparearse con el mayor número de mujeres posibles”.  Por esta razón, la evolución no ha favorecido en la especie humana el desarrollo de pechos en los hombres; pero por tener tejido mamario, pueden desarrollar cáncer allí.

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