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Jorge Traverso: "Hoy los periodistas están bajo sospecha"

A pocos días de estrenarse "Periodistas", el programa que conducirá en TNU martes y jueves a las 21 horas, el comunicador habló con El Observador

El periodista es fanático de la literatura y el cine.

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26 de septiembre de 2020 a las 05:03

De 17 a 21. Su horario de trabajo es ese y no se modifica. Puede dedicarle más tiempo antes o después, pero respetar esas cuatro horas es casi sagrado. Dice que quizá sea un resabio de los 23 años al frente de un informativo con un horario similar, aunque no está seguro de que sea por eso. No importa. Se aferra a su rutina y la defiende. Ni su alto en la televisión y radio desde hace unos tres años ni la cuarentena cambiaron eso. Entonces, lee y apunta. También trabaja en un libro que escribió a mano y que en unos días pasará a la computadora. Pero a partir de la próxima semana su tiempo de oficina será, nuevamente, dentro de un canal. Porque desde el 29 de setiembre Jorge Traverso estará al frente del nuevo periodístico de TNU que se emitirá martes y jueves a la hora 21.

Y junto con el comienzo de Periodistas –así se llama el programa–, se dará el regreso a los medios de uno de los periodistas con mayor trayectoria en Uruguay. 

Así está el mundo amigos. La frase se repitió religiosamente noche tras noche de lunes a viernes. Pero un día pasó a ser historia. Traverso –hacedor de esa combinación de palabras–, que junto a Blanca Rodríguez formó la dupla más longeva en la historia de los informativos en Uruguay (23 años), se despidió de Subrayado en 2013. Un año después, al terminar el ciclo de su programa de entrevistas Hablemos, se desvinculó del canal. No así de la televisión. En 2014, se sumó a VTV, donde condujo hasta fines de 2017 Hora pico. Hasta ese momento se mantuvo alejado de los medios (en radio, su último programa fue ese año en radio Rural). 

Traverso –o Schubert Pérez, como lo registraron sus padres al nacer– cuenta que en este tiempo no tuvo ninguna oferta para hacer televisión en un canal privado. Este año tenía previsto trabajar para una cadena de cable chilena que se iba a instalar en Buenos Aires, pero dada la situación de Argentina, ese proyecto no prosperó. También dice entusiasmado que maneja la posibilidad de hacer algo “vía streaming” más adelante. Mientras tanto, apuesta al proyecto periodístico que liderará en el canal estatal y destaca al equipo de periodistas que lo acompañan: Alfonso Lessa, Cecilia Olivera, Diego Zas y María Eugenia Rodríguez Cattaneo.

Sobre el desafío de hacer un periodístico en el canal del Estado, sobre la situación de los programas locales, sobre los riesgos del periodismo por Twitter, Traverso dialogó con El Observador. Además reflexionó sobre la necesidad que tiene de ser reconocido y admitió que no planea su retiro porque piensa hacer periodismo hasta que la vida se lo permita.

¿Qué lo atrajo de la propuesta de TNU?

La idea me resultó acorde a muchas de las cosas que me gusta hacer en televisión y me entusiasmó. La propuesta es la de hacer un buen programa. No solamente se instala como idea central hacer de la política un tema excluyente, sino que vamos a abordar otros temas que hacen a la vida de un país y su gente. Con un equipo que es muy bueno, periodistas de primer nivel. Además, es una posibilidad en tiempos muy complicados de volver a la pantalla chica. 

¿Implica un desafío extra hacer un periodístico desde el canal del Estado? 

También me planteaba esa pregunta. Yo empecé en el canal estatal y la experiencia fue de total libertad. En este caso también tenemos un manejo abierto de las temáticas y personajes que tengamos en el programa. No hay indicaciones previas de ningún tipo para hacer preferencias o generar focos de conflictos. Estar en un canal estatal suele generar en los demás una sensación de que hay un pacto previo de ser más simpático con el que gobierna que con el resto de las fuerzas políticas. Pero a mí no me hicieron ninguna indicación de ese tipo, no lo hubiera aceptado. Las cosas que yo diga son mi responsabilidad y si a la gente no le gustan es porque no le gusta mi pensamiento. Además esas dudas también están en los canales privados, donde nos podemos preguntar si hubo o no una tendencia. No hay que confundir el canal del Estado con el canal del gobierno. Eso provoca ciertas sospechas que nosotros nos encargaremos de rectificarlas.

En este tiempo fuera de la pantalla, ¿consumió productos televisivos locales? ¿Cómo ve la variedad de periodísticos que surgieron en el último año?

No soy un consumidor permanente. También busco contenidos en YouTube y en plataformas que me permitan acercarme a cómo se está trabajando en otras partes del mundo. Hay una televisión que está cambiando. No sabemos bien en qué consiste su futuro; se está experimentando y buscando. Antes el juego era que el público iba a buscar en los canales su material. Ahora el público tiene una oferta infinita de cosas para elegir en otros medios y los canales deben llamar su atención. Veo poca tele uruguaya. No le quiero dedicar a la televisión una parte sustancial de mi vida como espectador. Sí quiero observar cómo se trabaja y observar fenómenos nuevos que puedan estar apareciendo. 

No hago juicio de la tarea de mis colegas. Creo que esa abundancia de programas se debe a que había un gran vacío. Pero en realidad son pocos los programas periodísticos que hay. Más que sorprenderme de que hayan aparecido estos programas me sorprendía el vacío que había en el pasado.

¿Cómo ve el rumbo que tomaron los informativos con la coyuntura actual?

Con esto del coronavirus empecé a aproximarme más como espectador. Una primera idea: tres horas de informativo es un exceso insoportable. Hubo un esfuerzo muy importante por parte de los medios, pero a veces puede saturarnos cierta repetición de temas o personajes. Por otro lado, creo que los medios de comunicación han descubierto que la ciencia garpa. Tuvimos la fortuna de que en Uruguay aparecieron profesionales importantes, que además saben transmitir al público el conocimiento científico.

Que la salud y la ciencia hayan ganado protagonismo en los medios, ¿será algo que quede instalado? 

Debería. La televisión –y no lo digo yo, lo dicen pensadores que examinan el fenómeno visual– va a necesitar pensar distinto, conservando algunas cosas que son permanentes en la atención del público pero ingresando también en campos en los que el público también tenía interés pero hasta el momento no aparecían en pantalla. No sé en qué momento pero no creo que falte mucho ni que sea mañana. En breve en el mundo vamos a ver una televisión con fórmulas diferentes.

¿No le dieron ganas de volver a trabajar en un momento tan particular?

No, lo viví como espectador. Cuando comenzó la pandemia me lo tomé en serio. Entonces lo primero que hice fue hacerme una rutina, porque entendí que la batalla más dura iba a ser contra el tiempo y el encierro. Ahora me despierto más tarde, fue el único cambio brusco además de salir poco. Me levanto entre 8.30 y 9 horas (estaba acostumbrado a levantarme 5.30), desayuno, escucho algo de radio, leo diarios y veo cuáles son los trending topics de Twitter, para ver hacia donde endereza el público. A eso de las 11 AM me pongo a trabajar en cosas que tengo como obligación y en proyectos que de repente nunca saldrán pero que ocupaban mi interés. Leo, escribo y paso tiempo con la familia. Entre las 17 y las 21 horas –y eso no se cambia– tengo mi horario de trabajo, como si tuviera un jefe con un reloj mirando a qué hora entro y salgo. 

¿Su libro es uno de los proyectos en los que trabaja? 

Sí, y está casi terminado. Tendría que hacer una segunda lectura. Está reposando como el vino y pienso entregarlo en octubre. No sé si saldrá este año porque los planes editoriales han cambiado. Sigue en manuscrito, ahora lo paso a la computadora. El libro es más que nada un gusto y un encuentro conmigo mismo. Es un encuentro con cosas que me ocurrieron y con otras que ahora estoy descubriendo por qué quedaron determinadas en mi memoria. 

¿Es en primera persona? 

En buena parte, pero no todo. Hay entrevistas, crónicas de viaje, experiencias de vida, algunos sentimientos. Hay una carta a mi padre. Él murió muy joven, entonces, intenté contarle qué fue lo que pasó desde que murió en adelante, como si estuviera conversando con él. Leí muchos libros para eso y me hizo mucho bien. Soy muy meticuloso en cosas que no quiero olvidar y en otras que no quiero que pasen del ámbito privado a lo público. Pero quiero contar algunas cosas. 

¿Busca que el público uruguayo lo conozca desde otra perspectiva?

Es que nunca conocemos a las personas que aparecen en una pantalla de televisión o en la radio. Nos hacemos un imaginario. Siempre traté de parecerme en la tele a cómo soy. Pero ahí tenés que aceptar ciertas normas formales. Ahí está la persona pública, no el que está preocupado porque le duele la muela o está cansado. Los periodistas no deberíamos ser personajes. Deberíamos ser simplemente individuos que conectamos a las personas con lo que pasa en el mundo y nada más. También es interesante leer, ver y escuchar a quienes enseñan y marcan ciertas reglas de conducta y del ejercicio del periodismo que son buenas, sobre todo en tiempos en los que el periodismo también está en cuestión. Hoy los periodistas están bajo sospecha. Lo vemos en las redes sociales.

En ese sentido, ¿cómo ve la incidencia de Twitter sobre el trabajo de los periodistas? 

Twitter debería existir con la identidad real de las personas. Se ha convertido en una red peligrosísima de mentiras y canalladas. Hay que tomar distancia. Es muy fácil y simple calificar o destruir a alguien ahí. No me gusta como red social. La utilizo muy poco. Y generalmente no peleo por la noticia en Twitter, no soy una liebre. Más que nada la uso para largar algún comentario sobre algo. 

Creo que las redes son estupendas, somos nosotros los que las manejamos y los que tenemos que ser honestos. Nos están permitiendo ver ciertas cosas que antes no se veían o que parecían poco trascendentes para el periodismo. Vi una encuesta de los Estados Unidos que decía que el 70% de los temas que aparecían en las redes sociales no eran tratados por el periodismo. Eso tiene dos aspectos. Por un lado, el interés del público. Por el otro, la gran pregunta: ¿el periodismo tiene que acceder a los intereses inmediatos de las personas o tiene que crear interés sobre los grandes asuntos que hacen al país, al mundo, a las familias, a la sociedad? Todavía no tenemos respuesta. Sigo creyendo en el periodismo a pesar de que estamos en grandes dificultades. 

En tantos años al frente de un noticiero y en distintos programas televisivos, ¿nunca lo abrumó la sobreexposición? 

No tuve situaciones desagradables. Sí críticas duras. Tengo mucho estímulo para hacer cosas. Tengo una respuesta agradable, me llevo bien con la gente. Comprendo que a muchos les gusta mi trabajo y a muchos otros no. Quisiera que la gente supiera que detrás de lo que pueda preguntar o decir mi intención es profesional. 

Se suele decir que existe una especie de adicción por parte de los artistas hacia el aplauso o reconocimiento. ¿Sucede también esto con figuras públicas como usted?

Hay cierto narcisismo en quienes aparecen en un medio de comunicación visual. Después de todo, nos ubicamos frente a las cámaras para que nos vean y escuchen. ¿Cómo intentar ser y decir que uno es modesto frente a esa circunstancia? Es complicado. Pero detrás de esa persona yo puedo decir muy cómodamente que voy al supermercado, al fútbol, a un parque y a cualquier lugar, y me siento cómodo. Desde sitios bellos y caros hasta otros de barrio, que me recuerdan a cosas que tienen que ver con mi niñez. Tuve la oportunidad de estar con un jefe de estado como Felipe Gonzalez a solas un domingo, paseando en el Palacio de la Zarzuela mientras me mostraba sus bonsáis después de un reportaje. Y tuve la posibilidad de conocer lo más profundo de un barrio. Me gusta el reconocimiento, el “te extrañamos”. Me gusta también que acá sean ponderados en dejarme almorzar o cenar si estoy en un lugar, pero que se acerquen a saludarme como si fuera un viejo conocido. Se ha querido generar una farándula uruguaya. No sé si existe, pero yo no pertenezco. 

Tras el regreso a la democracia, el año pasado fue la primera vez que no trabajó en el informativo durante las elecciones nacionales. ¿Lo extrañó?

No extraño absolutamente nada de Subrayado. En principio sentí alivio. Lo que pasa es que acordé con el canal como tres meses antes mi salida y eso me permitió hacer el duelo. Hoy no me veo en un informativo.

¿Cómo quedó el vínculo con el canal?

Todavía estamos cerrando el tema legal. Pero es algo que ya pasó. Porque en el canal viví momentos formidables. Tuve mucho apoyo en sus principios, yo le di mucho y el canal me dio a mi. Fue en la última etapa que se generaron una serie de elementos que llevaron al conflicto. Pero no soy desmemoriado, en ese canal viví momentos personales y profesionales de mucha satisfacción. Y tuve buenos amigos y compañeros. La imagen que construí fue con el apoyo de un canal que me dio elementos para realizar mi trabajo.

¿Con Blanca Rodríguez siguen en contacto?

Hace muchos meses que no nos conectamos. Tuvimos una relación fantástica como excelentes compañeros. Nos comunicábamos más al principio, pero eso pasa, la vida te va proponiendo otras demandas. En esos 23 años construimos una amistad. En los trabajos en equipo lo mejor que puede ocurrir es que tus compañeros se luzcan lo máximo posible, porque eso va a hacer lucir tu trabajo también. 

¿En algún momento se planteó qué tiene que pasar para que se retire de los medios? ¿Piensa en la jubilación?

Es una pregunta que me hago. Pero tengo la impresión de que el periodista muere periodista. Estoy seguro de que voy a dejar la televisión antes que el periodismo. Y tal vez me atreva a hacer alguna experiencia fuera de la televisión, intentando ver nuevos caminos. Tengo el enorme privilegio de poder elegir ahora y de decir que me voy a ir manejando de acuerdo a donde me lleven los impulsos. A medida que pasa el tiempo vas viendo tus transformaciones y las de la idea que tenías del mundo, y eso me atrae. No me veo sin hacer nada. Tampoco me veo trabajando tanto como antes, porque ahora puedo irme una tardecita a tomar un café o tener un encuentro con amigos, cosas que durante años me prohibí y no quiero perder. 

Tampoco le estoy cerrando la puerta a los jóvenes, porque si viene una persona que hace las cosas mejor que yo o que tiene mayor afinidad con el público, ya estoy. Es la gente la que decide. Lo bueno es que uno puede seguir haciendo periodismo hasta para uno mismo. Y aunque sea escribiendo en un cuaderno para mí solo, quiero hacer periodismo hasta que la vida me lo permita.

Traverso y su apego hacia la entrevista

¿Cuáles considera sus grandes mojones periodísticos?
Hablemos significó mucho. Antes En voz alta, un programa de entrevistas en canal 5 que hice cuatro meses y después Canal 10 me fue a buscar. Me gusta mucho la entrevista. Me gusta conocer gente, pero no personalmente, sino tratar de conocerla interiormente. No me interesan tanto las anécdotas, me interesan más los pensamientos. Y me he llevado sorpresas. El prejuicio es algo que en el periodismo no debe funcionar. Tuve muchas satisfacciones. Hubo un cambio de época, se salía de la dictadura y empezábamos a tener la libertad de poder decir lo que queríamos. Conocer a alguna gente que yo quería conocer, otra que no se me había ocurrido y conocí, la decepción también de conocer gente que admiraba y que personalmente me resultan antipáticas. Desimpatizar con aquello sobre lo que tenía una idea distinta. Hay un descubrimiento humano y hay un aprendizaje.
Hice entrevistas a sociólogos, artistas, políticos, psicoanalistas, filósofos. Si lo haces con continuidad y por mucho tiempo y poniéndote presión, con deseo de preguntar pero también de ir al fondo de las cosas, terminás aprendiendo y adquiriendo conocimientos con el tiempo. Por supuesto que esa cultura general también debe apoyarse en la lectura y en tu formación. 
¿Recuerda su entrevista más difícil?
A veces son las que considerás que salen de taquito. Por más leña que le ponga a la chimenea el periodista, si el entrevistado no rinde no resulta. El entrevistado siempre quiere dar su mejor imagen y salir bien. Nadie quiere exponerse para quedar mal. En ese sentido, los personajes mayores y menores se parecen. También las campañas políticas son muy presionadas, incluso por la gente. Hacés una entrevista y te llaman unos para decirte que le levantaste permanentemente centros al entrevistado y otros que te dicen que fuiste duro con él.  Creo que la entrevista es el género rey del periodismo. Es el origen de todo, de una conversación. Creo que no se debe ponderar mucho al entrevistado pero tampoco destruirlo. No es la misión del periodista destruir a alguien. Si hay un entrevistado que tiene que quedar destruido, que se destruya solo a través de la guía que pueda hacer el periodista.
 

 

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