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Julen y la gente sola: nuevas canciones para una generación angustiada

Federico Morosini cuenta el proceso detrás de las canciones del segundo disco de la banda indie, uno de los más destacados del año en el panorama local

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09 de diciembre de 2019 a las 05:00

Cuando Julen y la gente sola publicó su disco debut, el presidente era José Mujica y todavía faltaba una semana para que se votara a su sucesor; Donald Trump era solo un excéntrico millonario,  Instagram era una red social minoritaria y todo pasaba casi que en exclusividad por Facebook. No existía el movimiento #MeToo, David Bowie estaba vivo y el termino millennial no era de uso extendido.

Cinco años después, las cosas han cambiado, porque nada dura para siempre. Incluso la formación de la banda liderada por Federico Morosini se alteró. Y sin embargo, Para siempre se llama el segundo álbum del grupo, estrenado a fines de octubre. Una extensa espera para un disco anticipado, con algunas canciones con aroma a hit que ya se escuchaban en vivo desde hace años, pero que no estaban disponibles para escuchar en loop en una plataforma de streaming.

Uno de esos temas es Funeraria, quizás la más pegadiza y memorable del álbum. “Vas a conseguir un mejor trabajo, y vas a encontrar alguien que te quiera, vas a sonreír aunque todo salga mal”, dice su estribillo, y ahí se resume una característica clave de Julen y la gente sola: que la generación millennial, esa que llora en los baños de la oficina, la de los antidepresivos y los ansiolíticos, la que muestra la vida ideal en Instagram casi que por mandato social, tiene en estas canciones un punto de referencia.

“A nadie le importa tu tristeza” o “Entre gente enferma y falsa te encontré” son otras dos de las frases que marcan ese hilo que comunica a la banda y un público de cierta edad y cierto perfil, aunque hay cuestiones universales también hilvanadas, desde el (des) amor hasta la amistad. Todo envuelto en los cánones del indie y el pop, aunque para este segundo trabajo la banda apuesta más a texturas y exploraciones sónicas que marcan una evolución y un avance con respecto a los que eran cinco años atrás.

Por más que el sonido de la banda pueda adscribirse en géneros puntuales, para sus integrantes hay otra etiqueta que puede aplicarse a su trabajo. Se consideran punks, como dijo Morosini hace algunas semanas en una entrevista. “En actitud somos punks. Capaz que no ahora, pero en el momento en el que salimos a hacer lo nuestro no dijimos ‘somos una banda de rock’, sino ‘somos una banda de pop’, y es un poco rupturista. Acá el rock está súper instalado y si te mostrás como un poco vulnerable y no estás todo el tiempo haciendo un punteo infinito, tiene algo de punk, o en ese momento nosotros veíamos como punk ir a tocar a lugares con bandas de hardcore o de rock stoner, y lo nuestro entraba ahí porque teníamos la misma actitud pero usábamos otro lenguaje. La actitud y el espíritu son punk, y el sonido es pop”, define el músico, que este año debutó además en el cine, como actor en la película Los Tiburones.

Volviendo a Para siempre, lo que para el público puede haber sido una espera larga, para la banda no fue tanto. Así, al menos, lo considera Morosini, sentado a la mesa de un bar del Cordón. “Nos llevó mucho tiempo entrar a grabar, porque el disco anterior nos puso en carretera a una velocidad muy salada. Empezamos a tocar mucho en muy poco tiempo, y en eso se nos fueron años. Al punto que entramos a grabar a fines de 2017, y las canciones ya tenían dos años de carretera. Y ahora tuvimos el periodo de grabación y mezcla en el que se nos fueron dos años. No se me hizo tan pesado, creo que al estar tocando tanto no te das cuenta”. Y agrega que el tiempo para la salida del disco fue el correcto. “Si hubiese salido antes yo no tenía la fuerza y la energía para salir, y si se iba para después capaz no salía. Si salió es porque había una banda para tocarlo y la energía para seguir compartiendo estas canciones”, afirma el cantante, guitarrista y compositor.

El rodaje escénico ayudó a que la grabación fluyera, pero también hubo en el camino entre un álbum y otro una reestructuración para el proyecto. En pleno proceso de grabación, el por entonces cuarteto cambió de bajista y baterista, y agregó un percusionista y un tecladista. Un cambio de rostros y sonido para toda la banda. “Perdimos rodaje, pero ganamos frescura y algo como una renovación de espíritu, una sensación de empezar de nuevo”, resume Morosini.

Hacedor de canciones

Como compositor, Morosini no tiene un proceso metódico para crear. Cada canción es un mundo y se construye a su manera, dice. Siempre aparece algo distinto. Puede ser una melodía acompañada de dos frases sueltas, puede ser apenas una idea. Es cuestión de estar atento, tener la lanza pronta y tirar cuando la presa está al descubierto. “Al contar elementos cotidianos, son cosas que vas cazando, y que vas anotando, que vas procesando por adentro y en algún momento cuando tiene que salir una canción es una excusa para usar ideas o imágenes que venías recolectando de antes. Es eso, como una especie de cazador”. De ahí en más, es todo trabajo.

“Construyo mucho con imágenes, sacando referencias de películas o de cosas que veo y las saco de contexto, o experiencias de amigos. Algunas salen en 15 minutos, que las escribís y decís ‘ta’, y otras escribís una idea o un estribillo, como me pasó en este disco con Funeraria. Tenía el estribillo, sabía que era poderoso, pero no tenía la canción, y me llevó como un año y medio hacer el resto de la letra. Podés tener algo bueno pero no tuviste la vivencia para seguir explorando por ahí. Es todo muy azaroso. No tengo una cosa muy lógica para construir las canciones, hay otros que si lo tienen y está de más”, explica Morosini.

Por supuesto, hay algunos temas que aparecen con más frecuencia, como esa cuestión del comentario de la vida moderna desde la perspectiva de un joven, esa vida cargada de ansiedades e inseguridades, que a veces hay que esconder ante el resto del mundo, y decir que hay algo que no funciona de esa forma de vida. “Creo que casi todas las personas de 40 para abajo tenemos eso de que vivimos en un mundo que va rapidísimo, que no te da tiempo para nada, ni para procesar las miles de cosas que le pasan a cada uno en su vida diaria, entonces creo que tenemos algo y es que somos una generación llena de angustia, zarpadísima. Y un poco la búsqueda de las canciones no es la de romantizar esa angustia o la tristeza, sino sacar algo bello de ahí, ir a un lugar donde podamos agarrar ese sentimiento de angustia y estar descansados, hacer canciones que las escuches, la puedas habitar y tengas un lugar en medio del caos. Que durante tres minutos tengas donde purgar”.

De todos modos, Morosini nota que las canciones trascienden el ámbito generacional. “Si bien tiene cosas de vivencia de nuestra generación, el resto de las personas no están hechas a prueba de balas, también tienen las cosas con las que cargan, sus propias angustias, y por ese lado se puede conectar. Tanto con alguien de 15 como con alguien de 50. Y capaz no es buscado, pero sí hay un lenguaje que se puede entender como universal”, considera.

La superbanda
Morosini es uno de los integrantes de Wild Gurí, una banda integrada entre otros por Sebastián Teysera, Pedro Dalton, Garo Arakelian y Ernesto Tabárez. En diciembre se publicará su disco debut, nacido del trabajo realizado a lo largo de un año. “Cada dos meses era juntarse para un asado, tocar y grabar. Fue bastante natural, para mí fue como un campamento de rock. De repente estaba al lado de Garo, de Pedro, de Sebastián, de Ernesto. Al principio estaba contenido, viéndolos trabajar. Aprendí un montón, porque ellos tienen un montón de años haciendo esto, y tienen mucho para trasladar y enseñar, y para mí fue muy, muy lindo”, resumió.
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