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Karina Núñez, la mujer que levanta la voz por las trabajadoras sexuales

Plantea que las prostitutas tienen que ser escuchadas en los espacios donde se debate sobre su vida

Karina Núñez afirma que las voces de las trabajadoras sexuales no son escuchadas

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29 de marzo de 2021 a las 05:00

Con una mano sostiene una Polaroid donde se la ve con cuatro de sus hijos. Con la otra abre un cuaderno floreado de tapa dura y descubre las anotaciones de su próximo libro: Memorias de una buena puta. Karina Núñez tiene mucho para decir, pero dice que nadie escucha las voces de las trabajadoras sexuales.

Nació en una familia donde la prostitución se heredaba de alguna forma, aunque su bisabuela no quería ese destino para su abuela, ni ella para su madre. Núñez reconoce que su mamá “intentó de muchas formas que no entrara” pero para ella era algo normal: “Venía de un proceso de naturalización del trabajo sexual y la prostitución como lo normal”, explica.

Mi madre pasó todo el embarazo mío dentro de una whiskería, por lo tanto mi espacio de confort no iba a ser una sala de ballet”, apunta Núñez señalando que muchos de los episodios de violencia de los que su madre fue víctima cuando era gestante luego se repitieron en secuencia. “La sensación de pertenencia a un espacio no te la olvidás”, asegura.

Nacida en Fray Bentos, la militante social y presidenta de la Organización de Trabajadoras Sexuales del Uruguay (OTRAS), reconoce que la mujer que es ahora el resultado de un largo proceso de construcción del que fue acompañada por otras mujeres que “tuvieron la paciencia” de educarla con ejemplos. “Antes no me visualizaba como una sujeta de derechos”, sostiene.

A los 12 años, mientras su padre era preso político y su madre la dejaba a cargo de una mujer que debía cuidarla para ir a trabajar, un vecino le mostró una moneda y le prometió que se la daría si ella se sentaba en su falda. Con la inocencia de una niña ella aceptó pero fue la primera vez que se percibió explotada sexualmente. Durante años lo sintió como algo casi heroico, porque no le había tocado a sus hermanas poner el cuerpo a la violencia.

Karina empezó a trabajar a los 18 años. Durante muchos años trabajó “con camiones”: “Recorrí cinco países viajando en camión y trabajando ahí. No sentía miedo, lo que no quería era estar en mi casa. Cualquier cosa me daba más seguridad que estar en mi casa”, recuerda.

Punto y aparte

Sus hermana no pasaron por ninguna forma de abuso o prostitución, pero fueron sus hijas la primera generación que logró cortar con la cadena. De hecho su hija Valeska es la primera en ser universitaria, actualmente estudia Relaciones Laborales en la Facultad de Derecho, y su madre dice con orgullo que es “una gurisa estudiosa, inteligente y que tiene capacidad”. El mérito es compartido.

Tenemos compañeras que también han logrado que sus hijas lleguen a la universidad este año. Me hace sentir muy feliz porque esas mujeres forman parte del proceso que soñé durante muchos años y reafirman que el reduccionismo del trabajo sexual es el mecanismo para liberar a quienes no quieren estar ofreciendo servicios sexuales”, dice Núñez.

"Si me preguntas si prefiero ser política o ser yo, prefiero ser yo", dice Núñez

Feminismo, esa mala palabra

"Para las compañeras sindicato y feminismo son malas palabras", dice Núñez, quien fundó la segunda organización de trabajadoras sexuales en la historia del Uruguay y agrega que la mayoría de sus compañeras "lo asocia a practicas que son de extremo".

Para ella, el feminismo es una herramienta que "bien utilizada" es poderosa. "Una de las cosas que te enseña el feminismo es que si no interactuás en comunidad no hay avance posible en la conquista de la protección porque, si bien el fin ultimo es lograra la igualdad en todos los ámbitos y todas las formas, estamos lejos de que el patriarcado de forma real deje de oprimirnos", dice Núñez y asegura que mientras tanto hay un "doble trabajo" para las feministas: "que el patriarcado caiga y que la menor cantidad de mujeres posibles seamos lastimadas".

Entre las corrientes del feminismo existe lo que se conoce como "abolicionismo", aquellas mujeres que sostienen que la prostitución debería ser erradicada. En este sentido Núñez dice que es una postura que le genera "mucho dolor e impotencia".

"Me genera mucha rabia que no nos escuchen y que entiendan que la mayoría de las trabajadoras sexuales están porque ellas son las que todavía no están convencidas de que tenemos que estar en los espacios donde se decida sobre nuestros destinos", dice Núñez y relata un que en un encuentro virtual con autoridades estatales se encontró con una postura inesperada: "En una reunión se nos dice que InMujeres no tiene una línea de trabajo con las trabajadoras sexuales porque a la interna del instituto tienen un debate entre ellas sobre si el abolicionismo o el reglamentarismo en Uruguay", asegura.

"Mientras ellas debaten con las patitas calentitas y la panza llena las compañeras en las esquinas se las está comiendo el bicho"

"Tenemos que esperar que ellas desde sus privilegios decidan qué hacer con nuestras vidas", se lamenta la trabajadora.

"Soy la que más gente ha metido presa por trata"

En 2011 empezó a colaborar para presentar denuncias por trata de personas, desde ese entonces sostiene que hizo más de 740 colaboraciones, van más de cuatro redes desbaratadas y cerca de 20 trabajadoras sexuales liberadas de las redes. "¿Y después me dicen que me tengo que nombrar abolicionista para hacer cosas? No me he cruzado a ninguna que se dice abolicionista en ninguna de las instancias", comenta.

Esta militancia la ha puesto en situaciones al menos incómodas. "En 2016 apareció un dominicano con una nueve milímetros y me la puso en la frente", recuerda y confiesa que pensó que se le terminaba el mundo. Le han llegado amenazas y fotos de su familia en más de una oportunidad.

Pero el episodio que recuerda con más dolor sucedió en 1999, cuando "no tenía idea de lo que era una red de trata" e hizo una denuncia en la comisaría de Young. "Me cagaron a palos por buchona", dice y agrega que a raíz de la paliza estuvo 11 días en un CTI y demoró 3 meses en volver a caminar. Este año se enteró que uno de los involucrados entró a trabajar en la Intendencia de Paysandú, mediante un convenio con la fundación A Ganar, y decidió hacerlo público. La comuna señaló que Sergio "el zorro" Escobar “no cumple funciones en áreas sociales”, sino que participa de un programa de apoyo a expresos y privados de libertad.

"Yo quiero ser Karina"

A Núñez la etiquetaron toda su vida. "Para mí las etiquetas son un estorbo, por más que me quieran construir en lo que quieran para poder evitar que les choque tanto que están interactuando con una prostituta yo se cual es mi lugar. Se que cuando las luces no me lleguen y que lo que tenga que decir ya no les moleste me van a ladear más que siempre, y el único lugar donde tengo para volver es donde salí que es el trabajo sexual", sostiene.

Se define como una persona que no puede ser correcta y ese es un aspecto que molesta. "Tengo que ser correcta porque mis actitudes pueden invalidar la ayuda para mis compañeras, entonces me prostituyo con ellas para poder conseguir algo", sostiene y dice que en ocasiones debe construir "un hibrido para ser oída".

Núñez fue la primera trabajadora sexual en ser candidata al Parlamento, en las últimas elecciones figuró en la lista que lideraban Oscar Andrade y Carolina Cosse en por el Frente Amplio (FA) en Young. "Reafirmé que no sirvo para la política pero que es un espacio necesario para generar cambios reales", dice ahora Núñez y asegura que no puede ser política porque no puede ser condescendiente. "¿De qué te sirve ser la primera en todo si nada de lo que hacés redunda en el cambio de vida de tus compañeras? No te sirve de nada", señala.

"Si me preguntás si prefiero ser política o ser yo, prefiero ser yo".

"Soy afiliada al Frente Amplio y soy una convencida de que las izquierdas son el camino para llegar a la igualdad, pero también estoy convencida que dentro de mi fuerza política está la mayor resistencia a que las trabajadoras sexuales seamos consideradas sujetas de derecho. Porque si no fuera así en estos 15 años que el FA gobernó las trabajadoras sexuales habríamos tenido que estar en otra posición, no tan jugada como la que estamos ahora".

Un año de pandemia en las calles

A un año de declarada la emergencia sanitaria Núñez considera que las vidas de las personas que están en el trabajo sexual no han cambiado. "Si no salís a la calle a exponerte al virus no pagas el alquiler, la luz y el agua", dice la activista y agrega: "De las oraciones no se pagan las cuentas".

Desde la organización le brindan asistencia a 174 mujeres en todo el país. "Las formas que tenemos de sustentarnos en este último año fueron dadas por la solidaridad de gente perteneciente a los sindicatos, organizaciones de la sociedad civil y de personas que de forma personal han ido colaborando a través del colectivo Abitab (114606), que es de donde salen casi todos los recursos", explica Núñez y señala que se arman canastas con donaciones que se entregan de forma semanal o quincenal, dependiendo del lugar donde se encuentre la trabajadora.

Núñez sostiene que durante la pandemia debieron generar núcleos alimenticios para que las trabajadoras pudieran comer sin ser violentadas. "Todo el mundo habla de las ollas pero cuando las compañeras fueron a buscar hasta terminaron pidiéndole sexo oral para darles un plato con comida", cuenta y señala que es habitual en algunos puntos del interior del país.

"Buscábamos una compañera mayor y en su casa se concentraba lo que mandábamos. Ella era la encargada de cocinar para todas toda la semana, le pagábamos el gas, le dábamos para la luz y la vieja que no podía salir a trabajar se encargaba de cocinar para las mas jóvenes", relata Núñez. Agregó que mantuvieron esa dinámica en Rivera, Soriano, Fray Bentos y Paysandú. "Cuando abrieron los lugares de trabajo cada una se empezó a dispersar, porque la mayoría no trabaja donde vive", señala y dice que ahora continúan asistiendo a las compañeras mayores: "Tenemos compañeras de 70 años".

Publicará la tercera edición de su libro y está escribiendo uno nuevo

Entre las páginas del cuaderno floreado Núñez guarda un montoncito de papeles escritos a mano con agradecimientos para incluir en la tercera edición de su libro El ser detrás de una vagina productiva. "Mirá esta, es una imagen futurista", dice Núñez y señala una de las ilustraciones de Paola Gago donde está retratada "dentro de diez años, dejando la calle". Actualmente su salud la alejó del trabajo sexual pero asegura que "el estigma no te saca de la calle". Sostiene que todavía "falta mucho" y remarca que el trabajo sexual es una construcción social: "¿Si sos la sociedad que las crea por qué no podes ser la sociedad que las ayude a caminar rumbo a la salida?".

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