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La Amazonía es parte de la identidad de Brasil

La mayoría de la población, incluso sin haber visitado la Amazonía, desea su protección y el desarrollo de la región respetando su ambiente natural

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05 de septiembre de 2019 a las 05:03

Por Sergio Abranches*. 

En una de mis visitas a la Amazonía navegué por el río Negro desde Manaos hasta la pequeña ciudad Nuevo Airão. Encontré una joven, en esa época de 29 años, que dirigía el Parque Nacional de las Anavilhanas. Giovanna Palazzi, nacida en San Pablo, lejos de la Amazonía, de ascendencia italiana, se enamoró de Anavilhanas, el segundo archipiélago de islas fluviales más grandes del mundo a la edad de 14 años en una excursión con su colegio. En aquel viaje decidió que estudiaría ecología para poder trabajar allí. A los 28 años, comenzó a dirigir el Parque de las Anavilhanas con sus 300 mil hectáreas de archipiélagos de islas fluviales alargadas formadas por los sedimentos de arena blanca, traídos de las inmediaciones del Monte Roraima por el río Branco, afluente del río Negro.

Esta breve historia tiene dos aspectos. El primero, la espectacular biodiversidad amazónica. El parque de las Anavilhanas, un área de conservación estratégica, tiene una enorme variedad de formaciones vegetales, típicas de la floresta tropical húmeda. Forma parte del paisaje forestal inundado. Los árboles quedan con sus troncos enteramente cubiertos por las aguas del río durante el período de lluvias. Se navega entre las copas de los árboles. Las 400 islas aparecen solamente en el período de sequía. Las aguas son oscuras por causa de los taninos y aceites naturales que extrae de las cortezas de los árboles en el bajante y que están allí para protegerlos de insectos y otros parásitos. Por ello, en las orillas del río Negro no hay mosquitos, lo que lo hace particularmente atractivo para los turistas. Es una región de especies que forman parte de la mitología regional, como el boto tucuxi y el boto rosado, especies de delfines de agua dulce. Fue este paisaje mutante y exuberante, lleno de especies casi míticas, que construyó la imagen histórica de brasileños y extranjeros sobre la Amazonía. Una tierra de misterios y riquezas inmensas. Un El Dorado desconocido, codiciado y temido.

El otro aspecto de esta historia es la relación de las nuevas generaciones con la Amazonía. Aquella visión históricamente construida de El Dorado, que los militares, durante la dictadura, transformaron en el “infierno verde” a ser conquistado para que el país pudiese tener acceso a sus riquezas, se fue disipando a medida que la región se tornaba más conocida. Las fotografías expresionistas del fotógrafo Sebastião Salgado, mostrando la tragedia humana y ambiental del los buscadores de oro de Sierra Pelada, en la década de 1970, contribuyeron para despertar la conciencia de que la Amazonía estaba en peligro. El archipiélago de las Anavilhanas fue convertido en unidad de conservación por el propio régimen militar en 1981. Hoy está en la Lista de Humedales de Importancia Internacional (Lista Ramsar) y es Patrimonio Mundial Natural de Brasil reconocido por la UNESCO. Cuando Giovanna, hoy con 40 años, se enamoró del lugar y decidió prepararse para trabajar en su protección, la visión de los brasileños sobre la Amazonía ya era otra. Ya no era un El Dorado de riquezas minerales, oro y piedras preciosas, sino un patrimonio de mucho mayor valor en biodiversidad y que debería ser protegido de la explotación predatoria. Los brasileños no se volvieron ambientalistas radicales. Comenzaron a valorar la diversidad biológica de la Amazonía, a la vez que comenzaban a conocer sus innumerables atractivos turísticos, todavía muy mal explorados.

Hoy en día, la mayoría de la población, incluso sin haber visitado la Amazonía, desea su protección y el desarrollo de la región respetando su ambiente natural. Una encuesta realizada por el mayor instituto de opinión pública brasileño, IBOPE, puso de manifiesto la visión contemporánea de los brasileños de su selva tropical, en un momento en que la deforestación está en aumento y los incendios criminales están devastando grandes áreas. Los brasileños ven la Amazonía como un motivo de orgullo nacional, el 88% lo cree así y el 95% consideran que preservarla es esencial para mantener ese orgullo. Existe una opinión casi unánime (94%) de que la protección de la selva tropical es fundamental para la identidad de Brasil. Para el 97%, la conservación de la diversidad biológica amazónica es decisiva para la salud del medio ambiente brasileño, y el 94% está de acuerdo en que también es esencial para la salud ambiental global. La importancia de la Amazonía para la economía es reconocida por el 87%, y el 93% están preocupados con el aumento de la deforestación ilegal en la región. Por esta razón, el 96% quieren que el presidente aumente la vigilancia para evitar la deforestación, y el 89% quiere que el parlamento brasileño asuma el compromiso con la extinción de la deforestación ilegal y que el país y sus autoridades tengan tolerancia cero con este crimen. Incluso entre los votantes del presidente Bolsonaro, la mayoría absoluta comparte esta opinión.

¿Por qué, entonces, el gobierno brasileño tiene hoy actitudes tan contrastantes con la opinión de la sociedad de su país? Hay un distanciamiento entre el gobierno y la sociedad en Brasil. El presidente tiene una agenda que responde a intereses muy específicos, de propietarios mineros y productores de baja productividad, y de una minoría compacta de seguidores fieles y devotos de sus valores. Un presidente con mentalidad autoritaria, que no quiere oír todas las voces de la sociedad, sino solo la parte que piensa como él. El gobierno está comenzando a actuar en la Amazonía para combatir la deforestación y las queimadas (los incendios provocados por productores rurales para generar nuevos espacios de cultivos) solo debido a la presión interna, política y social, y de la comunidad global. El agronegocio exportador brasileño se ha manifestado contrario a la omisión de la política ambiental de Bolsonaro. Aislado, el presidente actúa, pero sin la convicción de que ésta es la opción correcta.

* Sergio Abranches es sociólogo y doctorado en Ciencia Política de la Universidad de Cornell, Estados Unidos. Socio y analista senior de Applied Dynamic Partner (SDA). Comentarista de CBN Radio y analista político. Autor de cinco libros, entre ellos "Copenhagen Before and After - Global Climate Policy" (Civilización brasileña, 2011), "The political economy of deforestation in the Amazon" (publicado en inglés, CGD Climate and Forest Paper Series No. 10) y "The Age of Unpredictability" (Companhia das Letras, 2017). Premio Nacional Literario Pen Clube do Brasil, 2018.

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