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La breve y fulgurante carrera política de Gonzalo Aguirre

El exvicepresidente de la República, quien vivió su mejor hora durante la apertura democrática, murió hoy a los 81 años  

Gonzalo Aguirre con Luis Alberto Lacalle, quien lo acompañó a votar en el Club Biguá en noviembre de 2019.

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27 de abril de 2021 a las 10:29

Gonzalo Aguirre Ramírez, nacido el 25 de enero de 1940, llegó a la política uruguaya con naturalidad absoluta, pues provenía de una familia largamente privilegiada y dedicada a los asuntos públicos. Una parte del nomenclátor montevideano evoca a sus ancestros. Su abuelo, que actuó como un segundo padre, fue Juan Andrés Ramírez (1875-1963), un prestigioso abogado, periodista y director del diario El Plata y co-fundador del Partido Nacional Independiente, enemigo acérrimo del liderazgo de Luis Alberto de Herrera, o Herrerismo. 

El periodista César di Candia recordó hace tres décadas que en los años de 1960 “el ‘Oso’ Aguirre era una de esas figuras-referencia de los barrios, sin las cuales éstos parecen perder parte de su identidad. Soltero irredimible, dirigente perpetuo del Club Trouville, vocacional de largos trasnoches y esquinas llenas de cuentos, memorioso infatigable de tangos y resultados maroñenses y recuerdos políticos, compañero de madrugadas solitarias por esas calles de Pocitos recostadas a la rambla”.

Efectivamente: era noctámbulo y le gustaban las copas —tomó demasiadas—, el básquetbol, las carreras de caballos y cantar tangos. 

La madrugada del 16 de junio de 1984, a bordo del “vapor de la carrera” que atravesaba el Río de la Plata entre Buenos Aires y Montevideo trayendo del exilio al caudillo blanco Wilson Ferreira Aldunate, se la pasó cantando tangos en una mesa del comedor, en compañía de otros políticos (así lo recuerda el autor de esta biografía, quien fue uno de los periodistas que participó de ese viaje tan lleno de pinceladas surrealistas).

También fue un abogado erudito y meticuloso, cuando no embrollón, de extraordinario talento para la polémica y particularmente agresivo en los difíciles tiempos de dictadura: una de las primeras espadas del Partido Nacional. Años después, entre 1990 y 1995, sería vicepresidente de la República.  

Gonzalo Aguirre con Javier de Haedo durante el gobierno de Luis Lacalle Herrera. Foto de archivo.

Tiempos de apertura

Se ganaba la vida como abogado y comenzó a hacer política activa en la lucha contra la dictadura impuesta en 1973. Fue secretario del triunvirato clandestino que dirigió al Partido Nacional, que integraron Dardo Ortiz, Carlos Julio Pereyra y Mario Heber (luego Jorge Silveira Zabala). Debido a sus acciones políticas fue procesado por la Justicia militar. 

A partir de 1980 se destacó como un escritor y polemista de mucho vuelo y belicosidad. Por entonces casi no hubo escaramuza política con los militares que no lo tuviese en primera fila.

Acompañó largamente al prestigioso historiador Juan Pivel Devoto (incluso podía vérselos a ambos viajando en ómnibus urbanos pues no conducían coches), participó en negociaciones con los militares y fue uno de los líderes intelectuales del Movimiento Nacional de Rocha, que encabezaba Carlos Julio Pereyra.

Ingresó al Directorio del Partido Nacional a fines de 1982, integró la delegación de los blancos en las frustradas negociaciones con los militares en el Parque Hotel y fue el redactor, junto a Enrique Tarigo, de la proclama que el actor Alberto Candeau leyó en el histórico acto del Obelisco, en Montevideo, el 27 de noviembre de 1983.

Tras el acuerdo del Club Naval de agosto de 1984, en el que el Partido Colorado, el Frente Amplio y la Unión Cívica pactaron el modo de apertura con los militares, el Partido Nacional se vio forzado a participar de las elecciones nacionales sin su principal líder, Wilson Ferreira Aldunate, quien había sido apresado al regresar a Uruguay.

Después de muchas discusiones, el sector mayoritario de los blancos proclamó la fórmula Alberto Zumarán-Gonzalo Aguirre. Realizaron una campaña entusiasta, con una propuesta entre nacionalista de izquierda y populista, pero el 26 de noviembre fueron derrotados con amplitud por la fórmula Julio Sanguinetti-Enrique Tarigo, del Partido Colorado, cuya moderación e idoneidad resultó más convincente.

Hacia el gobierno

Gonzalo Aguirre asumió como senador en febrero de 1985, cuando los militares abandonaban el poder. En diciembre de 1986 votó a favor de la ley de Caducidad (una especie de amnistía para militares y policías), de la que fue corredactor. 

Esa ley provocó grandes desgarramientos entre los blancos. Aguirre estaba furioso. El Partido Nacional “es una gran emoción que pierde todas las elecciones”, afirmó en enero de 1987; tiene “cuerpo de león y cabeza de burro”. Entonces rompió con el Movimiento de Rocha, que se oponía a la ley de Caducidad, renunció a su puesto en el Directorio del Partido y creó su propio sector, Renovación y Victoria.

Gonzalo Aguirre con Hugo Batalla, Alejandro Atchugarry y Analía Piñeyrúa. Foto de archivo.

En esos años se casó con Marga Sosa Ferrés, natural del Chuy, con quien tuvo dos hijos: Gonzalo y Lucas.

En 1988, después de la muerte de Wilson Ferreira, acordó con Luis Alberto Lacalle integrar una fórmula presidencial para competir en las elecciones nacionales del año siguiente, siguiendo el consejo de, entre otros, Juan Pivel Devoto. Así que Lacalle, nieto del caudillo blanco Luis Alberto de Herrera, llevó como compañero al nieto de Juan Andrés Ramírez, el gran adversario de Herrera y uno de los fundadores del disidente nacionalismo independiente. 

La fórmula Lacalle-Aguirre obtuvo un amplio triunfo en las elecciones nacionales del 26 de noviembre de 1989 y asumió el gobierno el 1º de marzo del año siguiente. 

Pocos meses después, Aguirre —quien presidía el Directorio del Partido— comenzó a cuestionar la política económica del gobierno, marcadamente liberal y reformista del tradicional estatismo uruguayo. A fines de 1991 intimó por carta al presidente la sustitución de las cabezas del equipo económico: el ministro de Economía, Enrique Braga, y el presidente del Banco Central, Ramón Díaz. 

Los desacuerdos entre Lacalle y Aguirre se profundizaron hasta el punto de que el vicepresidente realizaba declaraciones más propias de un líder opositor.

Gonzalo Aguirre en el Senado. Foto de archivo.

Después de la derrota del gobierno en el referéndum de diciembre de 1992, que derogó una parte de la ley de Empresas Públicas, Aguirre y Carlos Julio Pereyra intimaron a Lacalle a descabezar el equipo económico, devaluar la moneda y conceder un aumento compensatorio a funcionarios y jubilados. 

Ambos eran hijos de la inflación de dos y tres dígitos, instaurada muchas décadas antes en Uruguay para financiar parte del gasto público, y no percibieron que el país y el mundo ya iban en otra dirección. En esa etapa ya se había iniciado un largo programa de estabilización que llevaría la inflación anual de 129% en 1990 a 8,6% en 1998.

Más tarde, Aguirre publicitó su deseo de ser candidato presidencial en 1994, pero retiró su postulación cuando las encuestas le indicaron un apoyo ciudadano mínimo. Respaldó la candidatura de su primo, Juan Andrés Ramírez, quien fue doblemente derrotado en los comicios de noviembre de 1994: por Alberto Volonté en la interna del Partido y por el colorado Julio Sanguinetti en las elecciones nacionales. Gonzalo Aguirre no logró ser electo senador, y tampoco en 1999. En 2009 por fin volvió a respaldar la candidatura de Lacalle Herrera en la interna partidaria.

Continuó su vida como abogado, contribuyó a idear y redactar la reforma constitucional aprobada en diciembre de 1996, que introdujo las elecciones partidarias internas y la segunda ronda electoral o balotaje, y hasta 2009 publicó artículos de opinión en el diario El País.

Afectado por el párkinson, lúcido pero sin poder valerse por sí mismo, vivió desde marzo de 2019 en una habitación de la Asociación Española, en Montevideo. Incluso sobrevivió allí al coronavirus, que lo afectó en marzo de 2021. Se mantuvo intelectualmente activo, leyendo y dictando cartas, aunque muy solo y aburrido, convencido de que todo tiempo pasado fue mejor.

Aún en noviembre de 2019 concurrió a votar con entusiasmo, en una silla de ruedas que empujó el expresidente Luis A. Lacalle. Se dio el gusto de ver otro triunfo del Partido Nacional, esa vez liderado por el hijo de su cicerone.

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