10 de julio de 2020 14:00 hs

Esta semana la coalición de gobierno concretó finalmente su mayor obra de acuerdo político con la aprobación de la Ley de Urgente Consideración (LUC), esa norma que estaba marcada como la “prueba de fuego” para el “gobierno multicolor”, como coincidían previamente analistas periodistas  y hasta integrantes  de esa coalición.

Por ello se podría esperar que esta fuese una semana de festejos para todos los partidos que integran el bloque. Sin embargo, si uno busca las reacciones públicas, sólo encontrará expresiones de euforia en el presidente Luis Lacalle Pou y su equipo. El resto de los líderes, incluso blancos, guardaron silencio. De ellos solo Guido Manini Ríos se expresó en Twitter  luego de la aprobación y dijo que la  LUC “solo es una herramienta más” para cumplir con el programa de gobierno.

¿Qué hay detrás de esto? ¿Cuán sólida está la coalición? Pero sobre todo: ¿cómo funcionan los mecanismos de poder en la interna del gobierno? Esta nueva edición de la newsletter EnClave tratará de responder esas preguntas.

La concentración de poder presidencial

Esta semana los ministros y subsecretarios, y por tanto de manera instantánea los líderes que no están en el gabinete y a los que responden esos jerarcas, se enteraron de un nuevo cambio de funcionamiento en la rutina del gobierno.

Cuando empezó la administración, Lacalle había establecido que en vez de realizar consejos de ministros todas las semanas, realizaría acuerdos mano a mano con los ministros y los subsecretarios una semana y las reuniones de gabinete entero a la semana siguiente. Llegó la pandemia y eso nunca funcionó. En más de cuatro meses de gestión, Lacalle reunió a todo su gabinete tres veces: dos por el Covid y una por presupuesto.

Ahora, según me comentaron fuentes de la coalición, los acuerdos ministeriales serán incluso cada vez más distantes en el tiempo.

Una posible interpretación de esto es que al presidente, que hasta ahora nunca había tenido cargos administrativos, no le gusta tanto la burocracia y el papeleo y prefiere dejar estos acuerdos (que es el ámbito donde se discute y se aprueba mucho trámite de gestión) para realizarlos cada dos o tres semanas con cada ministerio. También se puede leer como que realizar acuerdos todas las semanas implica bloquear la agenda entera de dos días.

Pero aún siguiendo esas interpretaciones -y sin pensar que pueda haber detrás de eso estrategia- hay un efecto político inmediato en esa forma de gobernar sin ámbitos colectivos: se fortalece cada vez más a la Presidencia. A Lacalle y a su mano derecha política, Álvaro Delgado.

En un consejo de ministros, por más que al fin de cuentas sea el presidente el que baje la línea, hay discusión, intercambio, aportes. Uno dice algo, el otro lo complementa, otro lo discute. Se va generando conversación y consensos. Si el clima es bueno incluso uno puede convencer a otro.

También es cierto que un mecanismo así es más lento. No va con la lógica ejecutiva que pretende darle Lacalle a su gobierno y sí va con la lógica que tanto criticó desde la oposición al “gobierno en asamblea” que llevó adelante el Frente Amplio.

En las reuniones semanales “pico a pico”, como llama el presidente a los acuerdos, la gestión se vuelve más ejecutiva. Pero también se fortalece el presidente. Es más difícil que no se imponga la voluntad del mandatario.

Pero si ahora se dilatan aún más estos encuentros, la concentración de poder en Torre Ejecutiva se profundiza.  No porque no exista diálogo entre Presidencia y los ministros. Al contrario. Casi que no hay día que todos los ministros tengan algún tipo de contacto con el presidente o con Delgado. Todos los días al menos un ministro va a la torre para alguna reunión. El relacionamiento es constante y desde el entorno del presidente están al tanto de cada movimiento en las secretarías de Estado. ¿Por qué es más concentración de poder? Porque el vínculo empieza a darse mano a mano con el ministro. En el acuerdo también está el subsecretario, que en general es de otro partido diferente al del ministro. Se diluye aún más el debate.

Si uno mira este modelo de gestión que lleva adelante Lacalle Pou e intenta encontrar alguien que haya operado de manera similar en el pasado, el ejemplo más cercano es el de Jorge Pacheco Areco. Durante su gestión casi que no realizaba reuniones de gabinete y los acuerdos con los ministros eran muy esporádicos.

En Torre Ejecutiva no ven este mecanismo como una concentración de poder sino de gestión. Aseguran que esta forma de trabajo apuesta a una impronta fuerte en la dirección.

Sin embargo en algunos de los socios, especialmente los colorados, empezó a generar ruido este funcionamiento. En su columna de esta semana en Correo de los Viernes, el expresidente Julio María Sanguinetti analizó la situación emergente de la renuncia de Ernesto Talvi a la cancillería y escribió que “es fundamental que la coalición responda” con “debates internos, sí, pero con efectiva unidad a la hora de decidir”. Pero también aprovechó para pasarle un mensaje a Lacalle: “El Partido Nacional debe asumir que este no es un gobierno blanco sino, como ha dicho el presidente reiteradamente, multicolor”.

En Cabildo Abierto, en cambio, no les molesta esa concentración de poder de Lacalle en el entendido que una conducción más verticalista ayuda a la ejecutividad. Eso, siempre y cuando, haya acuerdo con los socios en el rumbo de las decisiones.

Sin mesa política porque “no es un colegiado”

¿Cómo saber desde el  Poder Ejecutivo si los rumbos planteados tienen acuerdo político de los socios? El camino elegido por Lacalle Pou para eso es el mano a mano constante. Así como el presidente habla casi que a diario con los ministros, también lo hace así con los líderes de la coalición. No hay semana en la que no se reúna, hable por teléfono o intercambie algún whatsapp con Jorge Larrañaga, Guido Manini Ríos, Ernesto Talvi o Julio María Sanguinetti. Por falta de diálogo no es. Por atención a sus planteos tampoco. Lacalle -salvo los encontronazos con Talvi que derivaron en su salida del gabinete- tiene muy buena y fluida relación con todos ellos, que a la vez se sienten bien atendidos.

Pero lo que algunos reclaman es una reunión periódica de líderes. Una especie de mesa política para discutir los temas. Porque de nuevo, no es lo mismo el mano a mano, que determinados encuentros donde se van generando discusiones, consensos o disensos.

Para utilizar una metáfora muy buena que escribió Nelson Fernández  en una columna de hace algunas semanas un ámbito de reunión de los accionistas para marcarle el rumbo al CEO de la empresa, que después tiene libertad para ejecutar ese plan.

Tanto Manini como Sanguinetti le plantearon ya a Lacalle  que les gustaría tener este ámbito.

Hasta ahora solo se reunieron una vez todos los líderes, que fue antes de asumir el gobierno cuando Lacalle les presentó la LUC.

 

Inés Guimaraens

Como bien explicó el politólogo Oscar Bottinelli  en enero en una columna en la que también utilizó una metáfora, la forma de liderar la coalición de Lacalle Pou hace que toda negociación sea directamente con él como eje central: “No se trata de una rueda de automóvil, compacta, que gira en torno a un eje, sino una rueda de carro, partida, sin llanta ni aro exterior. Como toda rueda de carro tiene un eje central del que parte un conjunto de rayos, y sin la llanta y el aro exterior que une a un rayo con otro”, escribió.

Es cierto también que hoy, con las diferencias internas del Partido Colorado, sería difícil decidir a quién convocar a una reunión de negociación. ¿Talvi representa a todo el partido cuando ya no le atiende el teléfono al otro líder partidario? ¿Si invita también a Sanguinetti, no tiene un problema con Talvi? ¿Qué hace con Edgardo Novick, que está desaparecido?

Siguiendo la metáfora empresarial, Nelson Fernández calculó cómo es el capital accionario hoy de cada líder con el Partido Colorado dividido: Lacalle Pou 53%, Manini Ríos 20%, Talvi 11%, Sanguinetti (y otros colorados) 12% y Pablo Mieres (PI) y Daniel Peña ante la ausencia de Novick (PG) 2% cada uno.

En Torre Ejecutiva entienden que no corresponde un ámbito de negociación como esa asamblea de accionistas porque se trata de una coalición “y no de un colegiado”.

Otros dos factores: la pandemia y que al gobierno le va bien

Otro elemento que ayudó muchísimo a la concentración de poder en Presidencia fue la crisis sanitaria generada por el covid-19. El gobierno decidió, correctamente a la luz de los resultados, concentrar el mensaje público en Torre Ejecutiva. No se podía tener, entendieron, diversos mensajes que agregaran confusión a la población. Eso le dio a Presidencia un rol más importante.

Además Lacalle, como ya marcamos hace un tiempo en otra newsletter, Lacalle repitió hasta el cansancio durante varias de las ya míticas conferencias de prensa una frase que fortaleció esa idea de su rol:  “La responsabilidad última me compete a mí y me hago cargo de las medidas que tomamos”. Si es el responsable y se hace cargo, es también quien tiene la última palabra.

Ahora que empezó a aflojar el coronavirus, de todas formas se mantiene esa inercia de concentración en las decisiones también en otros ámbitos.

A la vez, que el gobierno logre buenos resultados tanto en materia sanitaria como en otros ámbitos (bajó las cifras de algunos delitos, cerró un acuerdo salarial que parecía difícil, logró una emisión de deuda histórica, por ejemplo) y que la oposición no encuentro muchos ángulos para golpear, también le da aire al presidente con sus socios.

Camilo dos Santos

El desafío del presupuesto

Ahora se viene el presupuesto y esto será complejo. Por varios motivos. El primero es que se tratará de un presupuesto de recorte. El gobierno quiere bajar el déficit y todos los ministerios -y por tanto los partidos a los que representan- pretenden a la vez poder cumplir con determinados planes a los que se comprometieron.

En segundo lugar, porque también los socios de la coalición quieren marcar sus perfilismos. Tanto Cabildo Abierto como el Partido Colorado están empeñados en mostrar que no son lo mismo que el Partido Nacional. Y en la discusión presupuestal eso estará presente.

Lacalle tiene un desafío grande allí. ¿Seguirá usando esta configuración de gobierno o dará lugar a una reunión de accionistas como piden algunos de los socios para evitar que queden cosas por el camino en su proyecto de presupuesto?

Lo veremos en las próximas semanas.

Soy Gonzalo Ferreira, editor jefe de El Observador. Podés escribirme a este mail por sugerencias y comentarios

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