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La Constitución no es el problema

¿Se desea, acaso, cambiar el capítulo de Derechos, Deberes y Garantías que viene a ser el núcleo fundamental de nuestra Carta Magna? ¿Se desea coartar derechos y libertades fundamentales?

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05 de diciembre de 2012 a las 00:00

La Constitución no es el problema


En Uruguay tenemos la manía de cambiar o tratar de cambiar la Constitución como se cambia de camisa. Lo hemos hecho en varias oportunidades desde 1917 y nada indica que cambie la tendencia. En lugar de respetar y aplicar la Carta Magna que nos dimos oportunamente los uruguayos como pacto que regula nuestra convivencia, estamos dedicados a propiciar nuevas reformas. Aún se llega a proponer “reformar la Constitución” sin saber bien para qué o en qué materias. Así, en las elecciones pasadas, el Frente Amplio había incluido en su programa de gobierno la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Consultados los principales dirigentes sobre cual sería el motivo de tal consulta y cuáles los cambios necesarios a introducir, ninguno de ellos supo responder satisfactoriamente. Ni siquiera se supo cómo tal propuesta llegó al programa electoral del FA. Afortunadamente los programas de gobierno no siempre se cumplen o no se cumplen totalmente, y esa pésima idea quedó por el camino porque los dirigentes más sensatos la ocultaron piadosamente baja la alfombra y acallaron rápidamente alguna voz que decía “en el programa del FA hemos propuesto convocar a una Constituyente”.

Pero la idea de reformar la Constitución resurge como las 9 cabezas de la Hidra de Lerna, que Hércules debía matar como una de sus doce tareas para cumplir el castigo impuesto por Zeus. Cada vez que cortaba una cabeza de la Hidra, esta volvía a resurgir. Hasta que por fin Hércules logró quemar los muñones de las cabezas cortadas e impedir así su crecimiento.Olvidado el intento de llamar a una Constituyente, el Plenario Nacional del FA ha hecho un llamado a reformar la Constitución aunque sus objetivos siguen siendo igualmente vagos que las veces anteriores. La resolución que aprobó hace diez días solo acordó “identificar y consensuar los principales cambios que requiera la Constitución para poder aplicar las transformaciones que impulsamos desde nuestro programa”.

Aparte del menosprecio a la Constitución que refleja el texto como si ésta fuera un molesto estatuto legal que impide hacer ciertas cosas, el Plenario cayó además en la frágil ilusión de comprometer una “estrategia única” y “unidad de acción” en una alianza de casi una treintena de partidos y grupos en discordia, que van desde el realismo de sus dirigentes más competentes hasta las propuestas “sesentistas” que propugnan sectores radicales que han logrado trabar en varias oportunidades las reformas propuestas por el presidente Mujica, especialmente para reformar el estado y la educación.

Nuestra Constitución es un documento imperfecto por su excesiva extensión detallista en vez de limitarse a conceptos fundamentales a ser complementados por leyes o enmiendas, que sí podrían cambiar aspectos procedimentales sin violentar los principios esenciales que la Constitución consagra. Pero esa imperfección no causa daño alguno a las propuestas del FA. Por ello cabe preguntarse, ¿cuáles son las propuestas de cambio constitucional que trae el FA? ¿cuáles son “los principales cambios que requiera la Constitución para poder aplicar las transformaciones que impulsamos desde nuestro programa”? ¿Qué artículos de la actual Constitución impiden al FA aplicar las transformaciones de su programa? ¿Se desea, acaso, cambiar el capítulo de Derechos, Deberes y Garantías que viene a ser el núcleo fundamental de nuestra Carta Magna? ¿Se desea coartar derechos y libertades fundamentales? ¿Se desea limitar la libertad de expresión que tanto parece molestar? ¿O tal vez se quiera modificar el derecho de propiedad, o de reunión? ¿Se desean hacer modificaciones al estilo de la nefasta estatización del agua, que se consagró en la reforma de 2004?

Hay que tener algo muy claro. En la Constitución no están los problemas de este país. Y menos en la sección de Derechos, Deberes y Garantías. Los problemas están en quienes apoyan concepciones de organización de la sociedad que van contra esos derechos y garantías. Reformando la Constitución no sirve para construir sino para destruir y dificultar el progreso y la convivencia de los orientales.

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