4 de febrero de 2015 21:06 hs

Corría el año 2004 y una voz con actitud salía de las pantallas de MTV versionando el tema Fell in Love with a Girl de The White Stripes. Pero, en lugar de la estridencia de las guitarras de Jack White, salía un soul groovero pegadizo y una voz que no parecía provenir de esa chica inglesa de 17 años de nombre Joss Stone.

Su primer álbum, The Soul Sessions (2003), es una suerte de catálogo donde la joven cantante sacaba lustre de su registro, interpretando temas de Sugar Billy, The Isley Brothers y, por supuesto, Aretha Franklin. Al año siguiente se puso detrás de la pluma y editó Mind, Body & Soul, un éxito tanto en su país como en Estados Unidos.

Stone pronto ayudó a conformar una generación de cantantes inglesas y blancas que hicieron del soul su punto de partida, con Amy Winehouse como su mayor exponente y la estrella que quemó demasiado rápido. También aparecieron Adele, la gran voz actual y emperadora de las baladas emotivas; Paloma Faith, la versión más indie, excéntrica y teatral, y Duffy, un personaje secundario en esta historia, que no pudo mantener el éxito de su primer disco y no ha vuelto a editar luego del fracaso de su segundo álbum.

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Pero hoy, ya con la tendencia transformada en normalidad, Stone mantuvo la esencia soul y un espíritu libre que parece venir directamente desde Woodstock, desde su look hasta su costumbre de cantar descalza. No obstante, también ingresó otros géneros a la ecuación.

Doce años y seis discos después, Stone es una de las cantantes jóvenes más reconocidas mundialmente. Gracias a su segundo trabajo recibió tres nominaciones a los premios Grammy, incluyendo Mejor artista nuevo, y en 2007 se llevó su primer gramófono. Ha colaborado con artistas de la talla de Jeff Beck y Ringo Starr, además de formar parte del grupo SuperHeavy, junto a Mick Jagger, Damian Marley, Dave Stewart y AR Rahman.

Para su actual y quinta gira, la cantante decidió realizar una gira mundial “real”. Se propuso visitar 204 países, de los cuales ya tiene cubiertos 30. Su Total World Tour, además de comenzar este año en Latinoamérica, trae a la inglesa a Uruguay por primera vez. Stone se presentará el 18 de marzo en el Teatro Metro, en un show para el que quedan pocas localidades.

“¡He estado tan ocupada que es ridículo!”, dijo la cantante en entrevista con El Observador desde su casa en Inglaterra. “Pero está bueno. Siento que estoy llenando mi vida de cosas e historias”.

Crisol de inspiraciones

El principio fue con Aretha Franklin. Fueron los discos de la reina del soul los que pusieron la semilla del canto en la garganta de Stone. Luego germinó por su cuenta.

“Encontré mi voz cantando por la casa”, contó la artista. “Simplemente cantaba junto a los discos que sonaban. Cantaba en el campo, jugando con mis amigos. Y pensé: ‘Bueno, ¡yo puedo hacer esto! Es divertido’. Siempre disfruté mover mi voz. Encontrar diferentes notas o gritar bien fuerte”, explicó.

Sin embargo, la música con la que luego daría vuelta al mundo responde en parte a sus propias raíces. Si en su casa sonaba de todo, eran las grandes voces femeninas las que le llamaron la atención, como Whitney Houston. “A mi madre le gustaba mucho. Y Melissa Etheridge, que también me encanta, es una cantante increíble. Y mi padre escuchaba mucho James Brown. Así que tuve de todo un poco. Tengo un gusto bastante amplio. Mis hermanos escuchan punk, hip hop y rock. Creo que tuve muchas opciones”, afirmó.

Del crisol de músicas que formaron su infancia, a la hora de componer, la formula que encontró para mantenerse fiel a sí misma fue no pensar mucho. “La gente dice que tenés que escuchar y estudiar la música, que tenés que saber de tu oficio y la historia de la música que estás haciendo. Lo entiendo totalmente, pero en lo personal, no soy muy buena estudiando. Y no lo hago, solo escucho y canto. Toco y me divierto. Si no lo hago, dejo de cantar. Esa es mi regla: si disfruto y me hace sentir bien, hay que seguir por ese lado. Es de esa manera que se encuentra a uno mismo”, dijo.

Stone y su banda toman prestado del soul, R&B, reggae y pop. Pero en todas las instancias, en lugar de apostar a algo más “futurista”, intentan que el sonido sea lo más fiel posible, por ejemplo, mediante grabaciones en vivo.

“Intentamos que suene lo más crudo y real posible. Es como que nos dirigiéramos cada vez más atrás en lugar de ir para adelante. Lo que tenemos ahora en el mundo son sonidos que son casi de ciencia ficción. Intento evitarlos, pero tampoco es que me oponga a ellos”, explicó la cantante. De hecho, en parte de ese gran catálogo musical que maneja se incluyen tanto el dub como el hip hop. “No me molesta incorporarlos, siempre y cuando suenen apropiados”, aclaró.

Uruguay y el world music

El próximo disco de Stone, que saldrá en el correr del año, sonará diferente: “Es un álbum de reggae con R&B y hip hop, pero podría decirse que es de world music”, dijo, refiriéndose a ese paraguas que es la música que fusiona sonidos locales o folclóricos con contemporáneos.
Para esto utilizó instrumentos atípicos, como el hindú tabla, compuesto por dos tambores que dialogan. “Musicalmente estoy más educada que nunca, porque estoy escuchando muchísimas cosas nuevas”, afirmó.

Parte de esta exploración sin dudas nace de sus giras por el mundo, pero en particular la debe a su tiempo en SuperHeavy y su colaboración con el hijo del mítico Bob Marley. “Damian me influenció mucho. Ya había hecho algunas cosas en formato reggae, porque me gusta. Y cuando se las mostré me dijo: ‘¡Deberías hacer un disco de reggae en serio!’. Cinco años después aquí estamos”, dijo entre risas.

Tanto Marley como Mick Jagger dejaron además una marca en la cantante a nivel profesional: “Mick es una mente brillante, es muy inteligente. Es un artista muy intenso. Tanto él como Damian son grandes letristas. Y me gustó la experiencia de trabajar con ellos porque yo soy un poco perezosa en ese sentido. Mi onda es: ‘ok, esto me gusta, voy a hacer esto’. No pienso mucho. Pero ambos piensan muy profundamente lo que hacen. Se toman el tiempo”.

En este sentido, la cantante tuvo que aminorar su natural marcha acelerada para acompasarse a sus tiempos. “Fue interesante, porque hizo que observara más lo que estaba sucediendo. Tengo muchos más recuerdos de esa experiencia que de otros discos. Precisamente porque tuve que frenarme”, afirmó.

Con este panorama, Stone se embarca en su gira mundial, cuyo objetivo principal no es hacer dinero, sino llegar a la mayor cantidad de personas posible. Y la mayor dificultad que se ha encontrado fue esa: enfrentarse con productores que lo que quieren es generar ganancia:

“Esta gira se trata de todo menos el dinero. Es de cómo la música conecta cada cultura y cada lenguaje. La música nos hace a todos uno”. En Uruguay, las entradas iban de $1.350 hasta $ 2.550 y $ 3.150. Estas últimas son las únicas localidades que aún quedan disponibles.

De cada país que visita, además de buscar alguna organización o causa con la que pueda ayudar con su presencia, intenta conocer sus sonidos tradicionales. Stone aseguró: “Mi misión es colaborar con algún artista uruguayo que me pueda enseñar su música. Así que no solo aprendo sobre el lugar y cómo son las personas, sino también cómo suena el país. Disfruto más esa parte de la gira que cualquier otra cosa”.

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