Bien dicen que el primer signo de civilización fue el hallazgo de un fémur fracturado y soldado: prueba de que alguien cuidó al doliente y no lo abandonó a la suerte.
En vistas a la nota publicada en este diario, el sábado 12 de marzo de 2022, sobre lo que nuestros legisladores se inclinarían a votar en caso de resolverse a la brevedad el asunto de la legalización o no de la eutanasia y el suicidio asistido, quiero manifestar mi preocupación y, por qué no, hacer un pedido de auxilio.
Quiero pedir auxilio a los legisladores, en nombre de todos los pacientes que, enfrentados al desafiante momento del final de la vida o a las dificultades de la enfermedad, puedan manifestar un deseo de dejar de vivir ambivalente, que puede costarles la vida en el marco del proyecto de ley en cuestión.
Quiero pedir auxilio a los legisladores, en nombre de todos los pacientes que, coaccionados sutilmente por el cambio cultural que esto implicaría, solicitarían la eutanasia para 'evitar una carga' a sus familias, vecinos y amigos.
Los pacientes desamparados, con dolor, atravesando emociones negativas o movilizados por la presión de la situación, necesitan apoyo extra de sus seres queridos, de los prestadores de salud y de la sociedad toda.
Legalizar la eutanasia y el suicidio asistido para casos difíciles violenta la dignidad de quienes enfrentan una dificultad. El Estado pasaría de proteger toda vida como derecho humano irrenunciable, a proteger la vida solo de sanos y productivos, creando dos categorías de personas: a quienes se les concede el deseo de eutanasia, y a quienes se les brinda prevención del suicidio.
Uruguay es un país solidario, capaz de evaluar las consecuencias que un deseo de pocos puede tener en la sociedad toda, especialmente sobre los más vulnerables. Legisladores, no nos suelten la mano. Merecemos cuidado y amparo, no descarte.
Dra. Agustina da Silveira Dieste