El Observador | Nicolás Cichevski

Por  Nicolás Cichevski

Economista, Columnista de El Observador y Gerente en CPA Ferrere
16 de septiembre 2021 - 16:41hs

El resultado de las elecciones primarias le agrega un manto de incertidumbre a las políticas económicas que desplegará nuestro vecino en los próximos meses. ¿Cómo nos afectaría un nuevo retroceso de la economía argentina? De eso te quiero hablar en la newsletter Rincón & Misiones de hoy.

Luego de un año y medio en donde la agenda estuvo dominada por la gestión de la pandemia, las vacunas y la economía, Argentina celebró el domingo sus elecciones primarias de cara a las legislativas que se llevarán a cabo en noviembre. En ese contexto, si bien se anticipaba que el resultado sería menos favorable para el oficialismo en comparación con la elección de 2019, la magnitud de la derrota sacudió el ambiente político y puso un signo de interrogación sobre la forma en que encarará el gobierno los desafíos económicos que tiene por delante. A nivel nacional, el Frente de Todos obtuvo el 31% de los votos, 13 puntos porcentuales menos que en 2019, y perdió en la siempre estratégica Provincia de Buenos Aires. De repetirse estos resultados dentro de dos meses, el gobierno perdería el control de ambas cámaras en el legislativo.  

Inicialmente, el mercado financiero tomó con cierto optimismo los resultados y las acciones de las principales empresas argentinas aumentaron cerca de 10% en la mañana del lunes mientras que el riesgo país cayó un 3,6%. Sin embargo, con el paso de las horas el foco de atención viró hacia el impacto que tendría para la economía una radicalización de la política económica en lo que resta del año y el próximo, un escenario que, si bien no necesariamente es el más probable, ganó adeptos en el ala dura del oficialismo ante el deseo de aumentar el gasto público en los próximos meses para revertir el resultado. Ayer miércoles, la mejora en el precio de las acciones se redujo a casi 3% y la caída del riesgo país se redujo a 3%.

El contexto macroeconómico

Los ciclos electorales suelen tener un fuerte vínculo con los económicos y los últimos 15 años no fueron la excepción en Argentina. Entre enero de 2004 y enero de 2012 la economía creció cerca de 50%, a un ritmo promedio anual de más de 5%. El fin del boom de los commodities sumado a la inconsistencia de las políticas económicas adoptadas posteriormente, entre las que se encuentran el fuerte aumento del gasto público financiado con emisión monetaria y el cepo al dólar, frenaron el crecimiento económico. Entre fines de 2012 y comienzos de 2018, la actividad creció solamente un 3% (0,5% promedio anual) en un contexto de elevado déficit fiscal primario (en torno al 4% entre 2015 y 2017), financiado con emisión inicialmente y con deuda pública a partir de 2016, ante el optimismo generado en los mercados por la llegada de Macri al gobierno. 

La demora en atacar el déficit fiscal heredado -el famoso gradualismo-, la postergación de los objetivos de desinflación por parte del Banco Central, y el aumento de la tasa de interés por parte de la FED (de 1,4% a 2,4% entre marzo y diciembre de 2018) consolidaron un escenario especialmente adverso a partir de mayo de 2018, cuando el gobierno acudió al FMI por primera vez. El valor del dólar en relación al peso se duplicó en los primeros ocho meses del año y el costo de financiar el déficit fiscal (el riesgo país) pasó de 400 a 700 puntos básicos. Consecuentemente, la inflación se disparó, desde 26% en mayo 2018 a 56% en junio 2019, y el gobierno debió acudir nuevamente al Fondo a inicios de 2019. 

La economía entró en un círculo vicioso en donde la única alternativa para financiar el déficit fiscal fue la fuerte y rápida reducción del gasto público (el déficit primario cayó de 3,8% en 2017 a 0,4% en 2019), que provocó una nueva fase de estancamiento económico en medio de un año de elecciones presidenciales. La economía cayó un 4,5% entre enero de 2018 y agosto de 2019 y luego el resultado de las elecciones PASO complicó aún más el escenario financiero externo para el país. 

La pandemia (y su gestión) agudizó la crisis económica, y sin acceso a financiamiento externo (el riesgo país ronda los 1.500 puntos básicos), el fuerte aumento del gasto público para enfrentarla fue financiado en su totalidad con emisión monetaria, trasladándose a precios (la inflación cerró 2020 en 36% y ya supera el 51%) y acentuando la brecha entre el dólar oficial y los paralelos. En el siguiente gráfico se observa la evolución de las expectativas de crecimiento para el período 2017-2021, que confirman el rápido deterioro de la economía en los últimos años. Mientras que a inicios de 2018 se esperaba un crecimiento promedio anual de 3%, la primera crisis financiera redujo las proyecciones al entorno de 0,2% y luego de las elecciones PASO de agosto 2019 las expectativas auguraban una caída promedio en el período de 1,4%. Actualmente, se espera que el PIB cierre 2021 con una caída de 8% en relación a 2017 (2,0% promedio anual). 

Las perspectivas de corto plazo

Luego de reestructurar exitosamente la deuda con los acreedores privados en setiembre de 2020, el gobierno tenía en su agenda renegociar el acuerdo con el FMI, que actualmente implica pagar US$ 36.000 millones entre 2022-23 y es imposible de afrontar en las condiciones actuales de la economía. De no acordar antes de marzo, cuando debe abonar la primera cuota de casi US$ 3.000 millones, el país se expone a entrar en default con el Fondo, lo que agravaría aún más la situación. La expectativa del gobierno era acordar rápidamente luego de las elecciones de noviembre, pero el resultado adverso de las PASO nubló el escenario, ya que cualquier acuerdo con el FMI posiblemente incluya un viraje hacia políticas más ortodoxas que garanticen la sostenibilidad de la deuda y el cumplimiento del nuevo calendario acordado en el mediano plazo. En otras palabras, una fuerte reducción del gasto público que evite la necesidad de financiar el déficit con emisión monetaria. Un ajuste fiscal en 2022 luego del magro resultado electoral y la falta de apoyo político interno le agrega incertidumbre al escenario económico de corto plazo. 

Si bien todavía no está claro cuál será el devenir político del gobierno -en estas horas circulan versiones de múltiples cambios en el gabinete-, si parece probable un escenario de alta incertidumbre durante los próximos 18 o 24 meses, derivado de un enfoque relativamente más heterodoxo de la política económica y más proclive al financiamiento del gasto vía emisión. Ello dificultaría aún más la recuperación económica y tendría un impacto adicional en los tipos de cambio informales y en la inflación. 

En este contexto, es de esperar que la paridad cambiaria con nuestro vecino continúe fuertemente afectada en los próximos trimestresComo te mencioné semanas atrás, el principal shock negativo para nuestra economía es vía menores ingresos de divisas por turismo, pero no es menor el impacto que recibiremos una vez que se abran las fronteras y la población del litoral cruce periódicamente a realizar sus compras. En ese sentido, días atrás trascendió que el MEF prepara un paquete de medidas que abaraten la producción y los precios de los bienes comercializados en ciudades fronterizas

En caso de que se configure un escenario político más proclive a elevar el gasto público, no debe descartarse un deterioro adicional del peso argentino que nos encarezca aún más, por lo que tendremos que estar atentos a los acontecimientos en la vecina orilla. 

Soy Nicolás Cichevski, columnista de El Observador y gerente del área de consultoría económica en Grant Thornton. Hasta aquí esta nueva entrega de Rincón y Misiones, la newsletter exclusiva para suscriptores Member de El Observador para entender mejor la realidad económica y los temas que tocan nuestro bolsillo, y contar con mejor información para tomar decisionesMe podés escribir aquí por comentarios u sugerencias.

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