El guepardo es el animal terrestre más veloz que existe, ya que puede alcanzar velocidades que oscilan entre los 95 y los 115 kilómetros por hora (muy por encima del propio Usain Bolt). Esa característica le convierte en un depredador implacable. Pero, pese a ello, no siempre logra cenarse a sus presas.
¿Cómo pueden los impalas y las cebras escapar de sus garras?
La respuesta la encontró un equipo del Royal Veterinary College, de la Universidad de Londres: cuando notan que el guepardo está demasiado cerca, giran bruscamente, saliéndose de su trayectoria.
El guepardo, a pesar de ser un 20% más fuerte y un 37% más de capacidad para acelerar que sus presas, no tiene tanta capacidad de reacción y, gracias a esto, los impalas y las cebras no son cazados.
Los investigadores utilizaron unos collares para seguir a los animales y registrar cada detalle de sus movimientos (ubicación, velocidad, aceleración y rendimiento de giro). En total, analizaron 5.562 carreras de alta velocidad. También tomaron pequeñas muestras de músculo.
Según se relata en un artículo publicado en Nature y consignado por el diario español ABC, el equipo analizó cinco medidas de rendimiento: la potencia muscular, la rapidez de aceleración y desaceleración, la velocidad de giro (que se basa en el agarre y la fuerza de las patas), la velocidad de carrera y la frecuencia de pasos. Con los datos se determinó que sí, los depredadores son más atléticos que sus presas; sin embargo, estas tienen más opciones para girar y cambiar de dirección y, por lo tanto, son menos predecibles.
Los datos de los collares demostraron que cebras e impalas desarrollan la mitad de su velocidad máxima durante las cacerías para poder girar.