Economía y Empresas > CULTURA DEL DÓLAR

La fe de los uruguayos para ahorrar en dólares tiene sus riesgos

Muchos ahorristas desconocen los resultados financieros que les puede acarrear el billete verde

Tiempo de lectura: -'

04 de abril de 2015 a las 18:26

Uruguay es un país de creyentes. Aunque parezca absurdo afirmarlo en un territorio en el cual 45% de los ciudadanos no profesa ninguna religión, a la hora de atender sus finanzas son muchos los uruguayos que se manifiestan con fervoroso fanatismo por un dogma financiero: eligen la moneda estadounidense para depositar sus ahorros y también su fe.

Javier es el paradigma de los uruguayos que creen en el dólar. Cada mañana, escucha con atención en la radio la cotización de la divisa y sigue a través de los portales de noticias los pronósticos de economistas y analistas financieros. Tiene una cuenta en pesos en el banco para los gastos del día a día, pero su desvelo está concentrado en la cuenta en dólares que destina a sus ahorros. Para él, cada dólar que ingresa a esa cuenta es un ladrillo más que coloca en la obra siempre en construcción de su riqueza personal.

A sus 50 años, Javier atravesó períodos de fuerte devaluación y alzas de precios de más de 100% anual, pero el billete verde seguía ahí, resguardando el valor de sus ahorros contra viento y marea. Le han surgido algunos negocios u oportunidades de inversión a lo largo de su vida y siempre los sopesó en términos de cuántos dólares debería destinar y cuántos dólares esperaba recibir.

Aunque parece una persona afable y racional, es un auténtico extremista financiero, un ferviente adorador del billete verde. Cuando un amigo o un familiar le habla de Unidades Indexadas (UI), letras de regulación monetaria o de opciones de inversión diversificadas, se abraza a su dogma y no escucha razones ni argumentos. No va a misa ni profesa ningún credo religioso, pero sin saberlo, deposita su fe en una moneda impresa a más de 8.000 kilómetros de su hogar.

No hay sondeo en el país que releve cuántos son los creyentes en el dólar, pero algunos datos muestran que los uruguayos siguen pautas de ahorro más cercanas a la fe que a la ciencia económica. A fines de febrero, 77% de los depósitos en el sistema bancario uruguayos estaban en cuentas nominadas en dólares. Si bien, a los golpes, los uruguayos han aprendido a endeudarse en la moneda en la que perciben sus ingresos, todavía no ven como un riesgo el ahorro en dólares.

Según una encuesta de Equipos Consultores y la Universidad Católica, 53% de los uruguayos aseguraba en febrero que la divisa estadounidense era la mejor opción para guardar sus ahorros. En un momento en el cual el dólar acumula una suba de 36% en los últimos dos años, parece lógico que la preferencia de los uruguayos por depositar dinero se incline a favor del billete verde. Pero aun en 2011, cuando el dólar alcanzó niveles mínimos luego de años de caída sostenida, 28% de los encuestados seguía apostando por el dólar.

El uruguayo que cree en el dólar

El dogma del uruguayo que cree en el billete verde se asienta sobre el supuesto de que los precios en dólares de los bienes y servicios a los cuales aspira acceder con sus ahorros se mantienen estables.

Por lo general, el ahorrista de clase media piensa en un auto, un viaje o un inmueble como el destino para sus ahorros. En Uruguay, el precio de esos bienes y servicios se suele expresar en dólares. Ningún aviso clasificado ofrece un auto a $ 700 mil ni un apartamento por un millón de UI. A primera vista, no parece descabellado ahorrar en dólares para comprar un bien o un servicio cuyo precio se expresa en esa misma moneda.

El problema con ese razonamiento es que los uruguayos expresan en dólares todos los precios de cuatro ceros o más, sin importar que los factores asociados a la oferta y demanda en un mercado concreto estén asociados o no al dólar. Esa costumbre termina distorsionando la percepción que muchos tienen sobre la evolución de los precios en los productos de mayor valor, y conducen a la toma decisiones financieras equivocadas. Si el precio de un producto expresado en moneda estadounidense sube cuando el dólar baja y baja cuando el dólar sube, es porque los fundamentos detrás de su precio no siguen la lógica del dólar. El poder de compra del dólar a la hora de adquirir ese bien o servicio no será estable en el tiempo.

El mercado automotor es un buen ejemplo de ese punto. Si el dogma de los creyentes en el dólar fuera cierto y los fundamentos detrás de los precios de los autos estuvieran asociados a esa moneda, su valor en dólares se hubiera mantenido estancado en el pasado reciente, indiferente al ir y venir de las cotizaciones.

Sin embargo, desde setiembre, el valor de los autos que releva el Instituto Nacional de Estadística (INE) como parte de la canasta de consumo de los uruguayos, bajó casi 3% medido en dólares. Eso se explica porque los autos que adquieren los uruguayos no provienen en su mayoría de EEUU, sino de Brasil, Asia y Europa, donde el dólar también está subiendo con fuerza. Si bien el uruguayo paga en dólares su vehículo, el precio termina siendo expresado en esa moneda solo después de una conversión. Su precio original viene dado por una canasta de varias monedas, con una evolución que difícilmente coincide con la del dólar.

Algo parecido sucede cuando se analiza el mercado inmobiliario. Entre 2008 y 2013, un apartamento de US$ 90 mil en la capital pasó a valer más de US$ 150 mil. Sin embargo, si el precio de la vivienda se expresa en la cantidad de meses de ingresos que requiere una familia uruguaya promedio para acceder a un inmueble, su valor prácticamente se mantuvo estancado en 40, según los técnicos de la Agencia Nacional de Vivienda (ANV).

La diferencia abismal entre esas dos trayectorias se explicó por la caída del tipo de cambio durante ese período y el aumento de los salarios. El precio de la vivienda parece acompañar en el largo plazo la evolución de la capacidad de consumo de los uruguayos, con lo cual está mucho más atado a la suerte de la moneda uruguaya –una vez descontada la inflación– que de la estadounidense.

Para quienes ahorran para un viaje, tampoco el dólar parece ser la mejor moneda de referencia. A pesar de la fuerte suba del billete verde en los últimos 12 meses respecto al peso uruguayo (14%), los uruguayos aumentaron 27% su poder de compra en Brasil y 24% en Europa, según el Índice de Capacidad de Consumo en el Exterior de El Observador (ICCE-EO), que mide la evolución de la cantidad de bienes y servicios a los que acceden los uruguayos fuera de frontera. En consecuencia, por más que los paquetes turísticos a esos destinos que se adquieren en la plaza local expresen sus precios en dólares, los agentes del mercado consultados aseguran que esos valores han bajado, ajustándose a la nueva realidad.

El dogma del creyente en el dólar simplifica al extremo la realidad y asocia al dólar todos los bienes y servicios que se adquieren en el exterior. Sin embargo, los precios de los productos importados dependen de una compleja interacción entre las distintas monedas atadas a diversos factores de mercado y decisiones de política que las hacen subir y bajar, escapando a las predicciones incluso de los analistas más avezados.

La alternativa al dólar

Si el dólar es una vara equivocada para medir la riqueza de un hogar uruguayo, ¿qué opciones tiene el ahorrista? Lamentablemente no existe una respuesta única a esa pregunta. Si el objetivo es conservar el poder de compra a futuro, lo primero es saber cuál será el destino de ese dinero. Seguramente la canasta de consumo para ese ahorro estará expresada en una diversidad de monedas, pero es muy probable que el peso tenga una participación relevante y, salvo que se esté pensando en un viaje a EEUU o en una casa en Miami, la participación del dólar no será mayoritaria.

La inflación resulta una complejidad adicional para el ahorrista. Si los precios al consumo suben mes a mes, la capacidad de compra de un billete cualquiera caerá en consecuencia. Por eso ahorrar en pesos es siempre una mala idea. Ese problema el ahorrista local puede salvarlo a través de la unidad indexada, que es una moneda asociada al peso que sube en la medida en que aumenta el costo de vida. Si en marzo los precios subieron 0,7%, la UI subirá esa misma magnitud en abril. De esa manera, el ahorrista en UI no gana ni pierde poder de compra en la plaza uruguaya.

Que el dólar sea una mala opción para ahorrar no quiere decir que sea una mala opción para invertir. Mientras que el ahorrista pone por delante la seguridad de mantener un determinado poder de compra por su dinero en el largo plazo, el inversor está abierto a la posibilidad de correr un determinado riesgo de perder, siempre y cuando venga acompañado por una posibilidad aún mayor de ganar.

Un uruguayo que coloca su dinero en dólares no es un ahorrista, sino un inversor que apuesta a que la cotización de esa moneda va a subir frente a su canasta de monedas de consumo –y no solo eso, apuesta a que con esa suba va a compensar el incremento de su costo de vida–. La ciencia económica y financiera dice que ese evento está asociado a una probabilidad –hoy en día muy alta, dada la actual coyuntura de los mercados internacionales de capitales–, pero nunca a una certeza.

Un inversor que compró dólares a $ 19 en abril de 2013, hoy acumula un aumento de 13% su capacidad de consumo en Uruguay. No solo hay que considerar que el precio del dólar subió 33% en ese período, sino además que la moneda uruguaya perdió 15% de su valor en el mercado de bienes y servicios.

Es por eso que aquel uruguayo que compró dólares a $ 18,8 en agosto de 2011 apenas pudo mantener su poder de compra en moneda local, aun cuando el dólar cotiza hoy más de $ 6 por encima de aquel entonces. En tanto, el uruguayo que compró dólares en enero de 2010 a $ 19,6 todavía acumula una pérdida de capacidad de consumo de 15% y deberá esperar a que el dólar alcance los $ 29,6 –a precios de hoy– para recuperar su inversión.

El fundamentalista del dólar confunde el ahorro con la inversión, e invertir no es una decisión que debería tomarse a la ligera. Antes debería medirse el riesgo asociado y compararlo con su retorno esperado. Depende del perfil del inversor qué tanto riesgo se está dispuesto a tomar, y de la coyuntura del mercado cuál es la rentabilidad esperada que se asocia a ese nivel de riesgo. Los bancos, corredores de bolsa y gestores de patrimonio ofrecen asesoría para tomar esas decisiones de manera responsable. Aquel que apuesta al dólar como ahorro y cree que está optando por la opción segura, está tomando, sin saberlo, un riesgo que no está en línea con los rendimientos esperados.

Comentarios