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La FIFA y sus colmos

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06 de abril de 2018 a las 04:00

Años atrás, hablando con alguien que conoce muy bien el tema, me decía de lo riguroso que es el escrutinio para elegir al cirujano encargado de operar al presidente estadounidense en caso de que requiera una visita al quirófano.

Analizan minuciosamente toda la foja laboral del galeno, estudiando cuántos pacientes se le quedaron en la sala de operaciones durante un procedimiento, aunque son tan buenos quienes son considerados, que prácticamente son magos con un bisturí en la mano.

La FIFA, afortunadamente, no realiza cirugías, pero tampoco escrutinios estrictos a la hora de elegir los árbitros que pitan en los mundiales. En todos los anteriores siempre hubo elecciones dudosas que terminaron afectando los resultados de los partidos, y el que viene no es la excepción.

Viendo la lista de los réferis elegidos para representar a América Latina uno entiende –o al menos hace el intento– la poca credibilidad que tiene el máximo organismo del fútbol. En una columna publicada en julio pasado dije en la parte introductoria: “En el fútbol sudamericano pasan cosas extrañas que autorizan a sospechar respecto a posibles tejes y manejes previos a los partidos. Se trata de eso, o bien, en lo relacionado a los árbitros, que estos en su mayoría son incapaces. La actuación de Julio Bascuñán, en el partido entre Nacional y Botafogo, fue tan decepcionante como sospechosa. Comenté antes del partido: ‘Este chileno es un sinvergüenza, de lo peor’. No me equivoqué”.

Bascuñán, que estaba al lado de la jugada en el citado match, no pitó un penal enorme como una casa a favor de Nacional, siendo el mismo árbitro que meses antes había expulsado de manera escandalosa a Jonathan Urretaviscaya en el partido de eliminatorias contra Perú.

Pues bien, Julio Alberto Bascuñán González, nacido el 11 de junio de 1978, representará a su país luego de ser uno de los seis árbitros sudamericanos designados por la Comisión de Árbitros de la FIFA para pitar en Rusia.

Bascuñán llegará al mundial con una interesante carta de presentación: ha sacado casi mil tarjetas amarillas y cerca de cien rojas. Quizá los eligieron por su rapidez a la hora de meter la mano en el bolsillo, y no por su cuestionable objetividad.
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