En torno al conflicto bélico en Siria entre un dictador tiránico y unos rebeldes que de luchadores por la libertad tienen muy poco si es que tienen algo, y que ya lleva casi dos años y 100.000 muertos, creo que se destaca una gran hipocresía, de la que el gran perjudicado es el pueblo sirio.
Hay hipocresía de la comunidad internacional que mira para otra parte, tanto en los muertos por bombas como en lo mucho más grave de los muertos por armas químicas que tienen efectos espeluznantes como los del gas sarín.
Hay hipocresía de parte de Rusia, gran aliado de Siria desde las épocas del padre de Al Assad, cuyos métodos de gobierno fueron buena escuela para su hijo y sucesor. Rusia bloquea cualquier resolución del Consejo de la ONU para realizar una acción militar en Siria pero no porque defienda la paz sino porque defiende a un aliado. Y su afirmación de que votaría esa acción militar si se prueba fehacientemente que fue Assad quien usó armas químicas, también contiene hipocresía porque sabe que China nunca dará su apoyo en la ONU. O sea, no habrá autorización de la ONU aún con voto ruso.
Hay hipocresía de los Estados Unidos al pensar que con una acción militar limitada y de castigo logrará algo en Medio Oriente. Sufrirán los sirios, Basar Assad no sufrirá mucho, y los yijadistas islámicos tendrán un motivo más para odiar y atacar a Occidente.
El presidente Obama ha presentado enfáticamente la necesidad de atacar Siria, no para cambiar el régimen nefasto de Assad (algo que podría tener algún sentido estratégico), sino par enviar una señal a los dictadores, grandes o pequeños, o a los terroristas, o a los ejércitos que practican genocidio, de que el uso de armas químicas no les saldrá gratis. Un argumento de naturaleza moral.
Pero el mismo Obama en el año 2002 decía, “Ahora bien permítanme ser claro: no tengo ninguna ilusión sobre Saddam Hussein. Él es un hombre brutal. Un hombre despiadado. Un carnicero de su propio pueblo para asegurar su propio poder. Él ha desafiado repetidamente resoluciones de la ONU, ha frustrado los equipos de inspección de la ONU, ha desarrollado armas químicas y biológicas, y ha codiciado la capacidad nuclear. Él es un chico malo. El mundo, y el pueblo iraquí, estarían mejor sin él. Pero también sé que Saddam no representa una amenaza inminente y directa para los Estados Unidos, o para sus vecinos, que la economía iraquí está en ruinas, que el ejército iraquí es una fracción de su antigua fuerza, y que trabajando en conjunto con la comunidad internacional Saddam puede ser contenido hasta que, en la misma forma que todos los pequeños dictadores, desaparezca en el basurero de la historia”.
Y en 2007, Obama dijo a la agencia AP que las tropas de EE.UU. en Irak deberían ser retiradas aunque ello terminara en un genocidio. Dijo Obama: "Bien, si ese es el criterio (el de evitar genocidio) por el cual se toman decisiones sobre el despliegue de las fuerzas de EE.UU., con ese argumento tendríamos 300.000 soldados en el Congo, en este momento - donde millones han sido sacrificados como consecuencia de las luchas étnicas, cosa que no hemos hecho”. Y continuó: "Estaríamos desplegando tropas unilateralmente y ocupando el Sudán, cosa que tampoco hemos hecho. Y aún para los que nos preocupamos por (el genocidio) de Darfur no creo que sería una buena idea."
Pues bien. Parece que desde 2002 y desde 2007, Obama ha cambiado de posición. Sin duda, es distinto hablar y actuar desde la Casa Blanca que fuera de ella y siendo oposición. Pero en estas materias de intervención internacional es preciso ser muy cuidadoso. Es preciso, además, ser consistente. Bill Clinton rehusó intervenir en Ruanda cuando en 1994 los hutus mataron un millón de tutsis. Pero en 1999, lideró la acción de OTAN para detener el genocidio serbio en Kosovo, cosa que se logró con gran éxito.
Como se ve, las políticas cambian, los intereses cambian. Lo que no debería cambiar son los criterios morales sobre cuando la guerra es legítima. El mundo se ahorraría muchos problemas. En Siria, todavía estamos lejos de Kosovo y de Ruanda. Obama debería recordar sus palabras sobre Saddam y el resto del mundo –especialmente Rusia- debería colaborar seriamente para buscar una solución pacifica al conflicto sirio.