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La guerra del Paraguay en un cómic tan ficticio como realista

Cruza de western, película de carreteras, cómic histórico y bélico, la novela gráfica Ya no quedan héroes recorre el episodio más vergonzoso para la historia uruguaya

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09 de diciembre de 2019 a las 05:00

Los casi siete años de la guerra del Paraguay, de 1864 a 1870, son recorridos por una nueva historieta escrita y producida desde Uruguay, pero con artistas argentinos. “La  idea fue desde un inicio denunciar la guerra y las atrocidades cometidas por la infame Triple Alianza”, dice Silvio Galizzi, guionista de este libro que, a pesar de haber sido escrito sobre una bibliografía de más de 30 libros, es una historia de ficción.

La historia sigue los pasos de Avril, una fotógrafa irlandesa que contrata en México a Sheridan, un coronel norteamericano que abandonó las filas confederadas tras la batalla de Gettysburg. Juntos inician un larguísimo periplo que los lleva a atravesar y tomar parte de la guerra del Paraguay. En su camino conocen a Melchora, una prostituta, y se cruzan repetidas veces con Bob El Orejas, un liberto estadounidense que se vengó brutalmente de sus ex amos, y con quien Sheridan tiene una cuenta familiar pendiente. 

“Es curioso cómo algunas fichas van cayendo solas cuando te ponés a escribir”, dice el guionista. Se refiere a que la idea de poner a Sheridan y Bob en medio del conflicto fue una idea que se le ocurrió para su argumento mucho antes de encontrar documentos que hablaban de que efectivamente esto era posible desde el punto de vista histórico porque muchos mercenarios de otras nacionalidades tomaron parte.

“No quise relatar todo desde un punto de vista acartonadamente escolar, contándola a través de los personajes de la historia con mayúsculas. Quise contarla desde el punto de vista de la gente de a pie, a la cual esa historia le pasa por encima”, agrega Galizzi. En ese sentido, cuenta que la serie Roma, de HBO, le sirvió de inspiración ya que relataba episodios históricos a través de la mirada de dos legionarios romanos. Ya había hecho algo similar en su anterior novela gráfica, Crónicas del inxilio, en la que relataba episodios cotidianos vividos durante la dictadura.

Colaboradores

La guerra de la Triple Alianza ya había sido retratada en historieta. En Argentina hay obras de autores tan diversos como Felipe Pigna, Rep, Solano López y Guillermo Saccomano.  En Uruguay el antecedente más cercano es una sintética historieta de 24 páginas escrita por Rodolfo Santullo y publicada en la web Bandas Educativas. Y en Paraguay se han producido algunas novelas gráficas con autores de varios países.

Para Galizzi, el primer referente del cómic no vino desde esos casos precisamente. “Salvando las siderales distancias, otra referencia fue lo que hacía Hugo Pratt con Corto Maltés. Aunque esta última influencia fue inconsciente al principio”.

El libro está dibujado por dos artistas argentinos, como forma de colaboración binacional que ya se ha vuelto moneda corriente en la producción historietística de la última década. La primera parte, que incluye descarnados episodios reales (la batalla de Gettysburg o los niños paraguayos a los que les pintaron barba para enviar al frente cuando ya no quedaban casi adultos) y ficticios (una violación y más de un asesinato), está a cargo de Majox. Esta dibujante ya había colaborado con Galizzi en una historieta corta y también había publicado aquí una novela gráfica sobre el genocidio armenio con guión del uruguayo español Abel Alves. Su estilo es continuador de la línea clara francobelga y su narrativa visual fluye con riqueza y variedad de recursos.

El rosarino Esteban Tolj había dibujado Crónicas del inxilio y aquí se ocupa de más de dos tercios del libro. Apasionado por la historia, tiene un estilo más bocetado que el de Majox. También su aporte se nota en el cambio de la narrativa visual con estructuras más rígidas de páginas. El contraste en la forma en que ambos dibujantes traducen lo que escribió un solo guionista es un buen ejemplo de cómo la historieta es, en casos así, es resultado de una colaboración casi como en el cine.

El aporte de Tolj también llegó hasta algunos aspectos del argumento. Galizzi cuenta que el rosarino quería incluir la segunda revolución industrial, la guerra de Crimea, la Comuna de París y el impulso de los primeros feminismos, entre otros elementos. Eso más los casi siete años de la guerra del Paraguay y el periplo de los personajes desde Estados Unidos hasta estas latitudes, era imposible de meter de forma coherente en casi cien páginas de historieta.

“Tuve que descartar temas que, por otra parte, no estaban inicialmente en mi mente”, dice Galizzi. “Pero lo de las mujeres quedó, tomando en cuenta, además, los tiempos reivindicativos que vivimos. Así que me dije: ¿y por qué no? ¿Y por qué no uno, sino dos personajes femeninos fuertes. Y de paso aprobar el test de Bechdel”.

Se refiere, por un lado, a un famoso test que sirve para evaluar si una obra de ficción sortea la brecha de género o si la sostiene. Y por otro se refiere al hecho de que el personaje irlandés de Avril se basa en un fotógrafo uruguayo llamado Javier López, quien dejó un enorme registro de las atrocidades de esa guerra.

 

Perdedores

“Siempre me atrajo ver la historia desde el lado de los perdedores. Para los ganadores ya está la historia oficial. Es un poco lo que dice Solano López en su arenga final a sus últimos combatientes: ´Aquel que triunfa es aquel que muere por una causa bella, no el que permanece vivo en la escena de  combate´. Por otra parte, si la idea de la novela era, hacer una especie de western, aunque sudamericano, ¿qué mejor que meter un pistolero como uno de los protagonistas? Y mucho mejor si además era un rebelde confederado como el Josey Wales de Clint Eastwood”.

Apasionado por la Guerra de Secesión y por los westerns, Galizzi creó a Sheridan para armar un hilo conductor entre el norte del continente y el sur en lo que se denomina road comic, equivalente al cine de carreteras. “Por otra parte, con todo ese rollo de la corrección política, me fascinó la idea de que la némesis de Sheridan fuera un ex esclavo negro… Y me gustó la paradoja de que un esclavista del sur terminara luchando y quizás muriendo por la causa de la libertad. Y, forzándolas levemente a causa de las distancias a recorrer, las fechas me dieron hasta para meterlo en la invasión francesa de Napoleón III a Méjico”.

Más allá de las libertades de la ficción para ir armando una trama tan larga, se nota una intensa preocupación por la ambientación histórica y en ese sentido se trata de un trabajo muy ambicioso. “La idea fue esa desde que la concebí. Como dije, mi idea era abarcar esos hechos, denunciarlos pero tratando de no sonar pedagógico y no aburrir. No sé si al final lo conseguí”, afirma el guionista. Los personajes hablan mucho sobre lo que está ocurriendo como fondo y en cierto punto los protagonistas desaparecen por varias páginas para la recreación de batallas y episodios reales. En esas secciones, que en realidad son pocas, la historia pura y dura sigue su paso a ritmo de cómic con pequeñas pinceladas que van formando una pintura mayor.

Parte de la reivindicación histórica que se hace trata sobre lo evolucionado que era Paraguay hasta la guerra y la ignorancia de quienes resolvieron aplastarlo es hecha por personajes femeninos.  “Delineados los tres personajes centrales y sus características, solo uno de ellos podía llegar a tener el bagaje de conocimientos suficiente para ello, Avril”, explica Galizzi. “Sheridan no es más que un guerrero algo bruto que sabe puntualmente lo que pasó en su guerra y lo que lo rodea en lo inmediato. Sucede lo mismo con Melchora, que es otra guerrera. La historia se va conociendo por la boca de ellos, porque no me gusta el recurso del narrador omnisciente. O sea que fue imperativo narrativamente que esa tarea recayera sobre Avril. Cabe recordar que en la vida real, el personaje femenino histórico que reivindicó las virtudes de Paraguay fue Elisa Lynch, la esposa del Mariscal Solano López, quien aparece brevemente al inicio del tercer capítulo. Y, obviamente, tenía sobrados motivos para hacer su reivindicación”.

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