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La guerra desconocida

La "normalidad" de Afganistán es dudosa y dista mucho de ser tangible

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29 de enero de 2018 a las 05:00

Días atrás un grupo armado atacó el hotel Intercontinental de Kabul, matando a casi medio centenar de personas. Como en la capital afgana hay cadenas internacionales de hoteles lujosos y una supuesta "vida normal", la mayoría seguramente desconoce que la interminable guerra de las fuerzas del orden y militares contra grupos radicales islámicos continúa. La "normalidad" de Afganistán es dudosa y dista mucho de ser tangible. Antes de ayer, otro signo ominoso de violencia irracional volvió a demostrar que la presencia de militares estadounidenses en ese país no ha servido de tanto.

Más de 100 personas murieron y 235 resultaron heridas luego que un comando suicida sorteara dos puestos de control, haciendo detonar explosivos en una zona considerada "segura", donde hay oficinas gubernamentales y embajadas. El paulatino resquebrajamiento de la frágil estabilidad que algunas zonas de Afganistán han tenido en forma intermitente destaca que la situación, que no era buena, empeoró y que el país asiático, uno de los más enigmáticos y complejos del mundo, va camino a convertirse en un problema tan acuciante como en los tiempos cuando los talibanes llegaron al poder y se convirtieron en tema noticioso de portada. Acabado el espejismo de estabilidad política que por un corto período se percibió, la dura realidad vuelve a prevalecer, tal cual los sangrientos hechos recientes lo declaran.

El enemigo, según consta, no estaba derrotado, en verdad nunca lo estuvo del todo, por lo que la situación en ese país, no tan bien conocida fuera de fronteras, vuelve a ser motivo de seria preocupación para el gobierno afgano y sus aliados militares. Aunque en territorio afgano operan cadenas hoteleras prestigiosas, dando la idea de que el país consiguió renacer de la barbarie, en verdad Afganistán sigue en el semicaos y la prometida democratización y pacificación nacional todavía está lejos, muy lejos, de concretarse. El territorio, que desde los tiempos de Alejandro Magno se ha resistido blindadamente a los intentos de extranjería, continúa siendo extranjero a la tranquilidad y a las posibilidades de tener a la realidad del presente como el único futuro posible.

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