7 de mayo de 2020 5:02 hs

Llegar a casa, sacarse el jean, ponerse un pantalón deportivo, calzarse las pantuflas. O llegar con el frío de la noche, darse una buena ducha y marchar enseguida hacia el pijama calentito. La comodidad le gana a la imagen, y no importa. Esos son pequeños placeres que algunos disfrutan cuando llegan a sus hogares después de una jornada laboral intensa. Pero, ¿qué pasó con eso cuando la cotidianeidad quedó limitada al hogar?, ¿qué se hace ahora que el espacio en el que se cumple con la responsabilidad laboral es el mismo en el que se aflojan las exigencias?

No es sencillo. Desde hace dos meses que gran parte de los uruguayos duermen, cocinan, estudian, trabajan, entrenan, miran películas, leen un libro, tienen reuniones (virtuales) con amigos o, simplemente, se tiran en el sillón a “hacer nada” en un mismo espacio: su casa. Y una vez que esos límites espaciales se difuminaron con el nuevo escenario que planteó la llegada del coronavirus a Uruguay, para algunos resultó todo un tema ver cómo organizarse para marcar rutinas y nuevos hábitos que sean útiles para sobrellevar de la mejor manera posible los días de encierro.

Aunque quizá los primeros días trabajar de pijama fue una tentación en la que muchos cayeron, esa acción resulta para algunos mentalmente insostenible a lo largo del tiempo. Porque la cabeza también responde en función de cómo se ve cada uno. Por más que pese, la imagen personal no está definida únicamente por la vida social. Si bien durante estos días son menos las exigencias de estar prolijos, usar determinado tipo de ropa, maquillarse -para quienes lo hacen a diario-, peinarse de determinada manera o afeitarse todas las mañanas, por ejemplo, descuidarse del todo tampoco es lo mejor. Es por eso que la psicóloga y asesora de imagen argentina, Águeda García Irízar, insiste en que, así como durante la cuarentena es importante respetar horarios y rutinas, también es necesario cuidar de la imagen.

“Generalmente en nuestras casas tenemos espejos. Si no, bajo nuestra mirada están nuestras piernas. Siempre nos vemos. Creo que es importante respetar la disciplina de las distintas actividades que hacemos. Cuando hago ejercicio uso ropa de gimnasia, si cocino me pongo un delantal, si tengo ganas de arreglarme un poco para una cena en casa ¿por qué no puedo hacerlo?, incluso si quiero me puedo tomar 15 minutos para peinarme distinto”, indicó García Irizar. A su vez, la experta explicó que en el caso de los adultos que tienen hijos, influye el ejemplo que se da. Porque, por ejemplo, si un niño ve que su padre o madre terminó de entrenar y en lugar de bañarse y cambiarse de ropa se pone a trabajar, ¿cómo se le explica después que cuando llega de la escuela se tiene que cambiar porque estuvo corriendo?

Para la asesora, lo ideal es otorgarle a cada actividad un look, “que no quiere decir que sea de revista”, pero sí que sean cambios de ropa que sirvan para delimitar lo que se hace durante el día.

La imagen personal

La imagen personal como concepto aislado, frívolo y superficial suele estar demonizado. Pero la forma en la que alguien se viste o cómo decide peinarse, no es solo una cuestión de envase. “Nos vestimos para agradarnos y sentirnos bien también”, afirma la psicóloga y explica que el cómo se siente una persona con su imagen tiene gran incidencia sobre su estado de ánimo y la relación con su “interior”.

“Se trata de buscar una coherencia entre cómo me veo internamente, qué es lo que quiero, cómo me quiero ver y cómo me siento con mi cuerpo -que eso merece un capítulo aparte- y cómo traduzco todo eso en algo que me represente bien”, por ahí va, según García Irizar, la imagen personal. A su vez, la profesional subrayó lo importante que es trabajar sobre la autoaceptación y, si no estamos conformes con cómo nos vemos, se puede trabajar en ello pero eso no debe impedir disfrutar de este cuerpo, esta imagen, esta actitud y sonrisa y estas ganas de vivir y demostrar lo bien que hago lo que hago”.

Entonces, descuidar cómo nos vemos frente al espejo, no parece ser la mejor opción para levantar los ánimos en tiempos donde, dadas las circunstancias, tienden a caer.

Ordenar el ropero: una técnica para compartir con los más chicos

Ya pasaron dos meses y probablemente haya más de una persona que se prometió ordenar ese mueble lleno de papeles y objetos del siglo pasado o el ropero que junta prendas que desde hace años no se tocan. Tranquilos todos: el procrastinar también existe en cuarentena.

Y aunque es cierto que ya pasaron casi dos meses desde que el tiempo en casa se amplió de sobremanera, ordenar lo que desde hace tiempo se necesita  es posible. Solo es cuestión de, según considera la psicóloga y asesora, elegir con tiempo un día y horario para comenzar la tarea. El consejo de la experta es apelar a la técnica de “las tres cajas mágicas” y elegir un grupo de prendas o accesorios y organizarlos. Para García Irizar, lo ideal es dedicarle a este tipo de orden una hora y media, porque más puede hacer que la tarea resulte densa y engorrosa y menos puede que no sea suficiente.

La técnica que propone la psicóloga puede servir para organizar el orden de ropero de los adultos pero también es una excelente opción para adaptarla y convertirla en un juego para los más chicos.

pexels

Para llevar adelante la técnica de “las tres cajas mágicas” es necesario elegir primero qué sector se quiere ordenar. Lo más sencillo para comenzar pueden ser los accesorios, las medias o los zapatos. Luego, hay que separar tres cajas y cada una debe llevar una de estas etiquetas: para arreglar este mes; ni loco lo tiro; lo que se fue y no volvió. La idea es que quien vaya a ordenar su ropero comience por organizar las prendas u objetos con las que es necesario hacer algo, ya sea arreglar, desechar o separar como un recuerdo.

“Parece ser un poco maniático, pero no lo es. Se trata de una técnica que hace que nos comprometamos con ese proceso, que suele ser menos complicado y más divertido de lo que podemos imaginar si no lo hacemos asiduamente”, apreció la profesional.

En el caso de los niños, García Irizar explica que esta técnica puede convertirse en un juego que sirva, por ejemplo, para clasificar los juguetes.

¿Qué significa cada caja?

  • “Ni loco lo tiro”: es la caja más pequeña, donde se guarda aquello que realmente nos representa y que tiene una connotación emocional fuerte.  Aquí se pueden guardar cartas, documentos, accesorios a los que se le tiene cierto cariño, porque fueron un regalo de alguien importante o porque se heredaron de un ser querido, por ejemplo. 
  • “Para arreglar este mes”: ¿quién no guarda un zapato o una mochila que se le rompió y se autoconvence de que ‘en estos días lo llevo a arreglar’, y nunca más lo hace? Por eso, la experta en orden aconseja dejarse de excusas y clasificar las prendas que necesitan ser arregladas. Visualizarlas, quizá, sirve como motor para repararlas o desecharlas si sabemos que no van a tener un arreglo posible. Además, esta caja incluye esas prendas que no se pueden usar por el talle, por ejemplo, pero aún no nos animamos a dejar.
  • “Lo que se fue y no volvió”: este es quizá el paso más complejo, porque se trata de identificar aquello que se va a ir del ropero. Se trata de esa prenda que ya no usamos y nunca volveremos a usar, porque no nos gusta más of porque ya no va con nuestro estilo o tamaño, por ejemplo. Y en el caso de los niños y los juguetes, es una buena opción para invitarlos a regalar o donar todos esos objetos con los que ya no juegan.
     

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