"Un tuit puede ser causa de despido, una mala foto en Facebook te descarta de un proceso de reclutamiento, y lo más triste de todo esto es que solo el 55% de las personas que están en la red son conscientes de ello", señaló la consultora estratégica de capital humano, Eva Collado, a Expansión.
Los responsables de la compañía advirtieron al empleado que ese tipo de publicaciones ponían en riesgo la reputación de la empresa, y este se comprometió a dejar de difundirlos.
Posteriormente, el trabajador marcó con un "me gusta" una publicación similar, lo que conllevó su despido por parte de la empresa y confirmó la Justicia belga con una sentencia firme del pasado 24 de marzo que dio a conocer este jueves el diario "L'Echo".
El contable argumentó que su actitud estaba amparada por la libertad de expresión, y que había respetado su compromiso ya que mostrar aprecio por una publicación en Facebook no equivale a compartirla. "Todo trabajador tiene derecho a su libertad de expresión, pero esta no puede en ningún caso empañar la imagen de la empresa y de sus dirigentes", señala la sentencia que recoge el diario.
El letrado Carl Vander Espt declaró que la sentencia muestra el "creciente peligro para los trabajadores de expresarse sin pensar en internet y en las redes sociales como Facebook o Twitter". "La frontera entre la esfera privada y pública se muestra cada vez más porosa" a ojos de la justicia, subrayó Vander Espt.
Por su parte, el abogado especializado en medios de
comunicación Jacques Englebert señaló que, a su entender, la decisión del tribunal es correcta porque "cuando se pone 'me gusta', uno se expresa", pese a que a veces los usuarios no lo perciban como tal porque se ha convertido en "un gesto fácil, banal".
¿Se pueden gestionar errores en las redes?
Además, una vez publicado ya no hay vuelta atrás. Aunque se elimine el tuit o se borre el comentario en Facebook, "siempre habrá alguien que haya hecho una captura de pantalla o una foto de aquella mala acción", explica Collado. "Todo trasciende a una velocidad de vértigo y, aún peor, queda en Google, por lo que estará ahí por siempre, salvo que nos acojamos al derecho al olvido, algo que hoy es difícil de gestionar", advierte.
Tampoco vale el pretexto de que las opiniones vertidas en las redes sociales son estrictamente personales, según la consultora y docente en Marketing Jurídico y Marca Personal & Corporativa. Paula Fernández-Ochoa. "No hay compartimentos estancos entre cuentas personales y profesionales, máxime cuando se trata de amenazas y linchamientos. Las redes sociales están llenas de oportunidades, pero son un arma de doble filo y hay que saber usarlas con estrategia y mucho sentido común", explica.