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La larga sombra de Malthus

Un hijo es una riqueza y una bendición, no una carga maldita

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01 de marzo de 2018 a las 05:00

Por Bonifacio de Córdoba

En 1798 el clérigo anglicano Thomas Malthus (1766-1834) publicó su Ensayo sobre el principio de la población. En ese ensayo, Malthus planteó una de las ideas más falsas y nocivas de la historia de la ciencia: su "ley de la población", que establece que "La población, si no encuentra obstáculos, aumenta en progresión geométrica. Los alimentos sólo aumentan en progresión aritmética." A partir de este simple modelo matemático, Malthus pronosticó que la superpoblación causaría una gran crisis económica y quizás la extinción de la especie humana hacia 1880. Para contrarrestar el crecimiento de la población, el piadoso clérigo propuso varios métodos para reducir la natalidad, y otros para incrementar la mortalidad por medio del hambre, las epidemias y las guerras. "En vez de recomendar limpieza a los pobres, hemos de aconsejarles lo contrario. En nuestras ciudades haremos más estrechas las calles, meteremos más gente en las casas y trataremos de provocar la reaparición de una epidemia. En el campo, construiremos nuestras aldeas junto a lagos pútridos y estimularemos la formación de poblados en los terrenos pantanosos e insalubres. Sobre todo, impediremos la cura de enfermedades. Quienes creen hacerle un gran beneficio a la humanidad estudiando la manera de extirpar para siempre ciertas enfermedades merecen nuestra reprobación" (Thomas Malthus, op. cit.). ¡Menudo cristiano!

La teoría de la selección natural de Darwin fue inspirada en parte por la ley de la población de Malthus. Pronto la teoría darwinista, basada en la supervivencia de los más aptos en la lucha por la vida, fue aplicada a la propia sociedad humana, dando origen a un darwinismo social conectado con el racismo y la eugenesia.

Uno de los objetivos principales de los partidarios de la eugenesia era la esterilización forzada de los considerados por ellos como menos aptos. Estados Unidos fue el primer país en aplicar programas de esterilización forzada con fines eugenésicos. Se estima que de 1910 a 1970 sus programas estatales esterilizaron a unas 65.000 personas. Las víctimas más numerosas fueron personas con discapacidades intelectuales o enfermedades mentales. El programa de esterilización forzada de la Alemania Nazi se inspiró en parte en esos programas estadounidenses.
Después de la II Guerra Mundial, la eugenesia quedó desacreditada ante la opinión pública debido a su asociación con los nazis. Por eso las Sociedades Eugenésicas americana y británica adoptaron una nueva estrategia llamada "criptoeugenesia": "perseguir objetivos eugenésicos por medios menos visibles" (C. P. Blacker, destacado eugenista).

La doctrina de Malthus existe hoy en la forma llamada "neomalthusianismo", que difiere del malthusianismo original sobre todo en dos aspectos: 1) La utilización de la anticoncepción y el aborto como medios para limitar la población (Malthus rechazaba esos medios). 2) La consideración del problema demográfico desde el punto de vista de los presuntos intereses de los pobres (Malthus lo consideraba desde el punto de vista de los ricos); aunque cabe sospechar que no pocos neomalthusianos persiguen en realidad el criptoeugenismo.

El neomalthusianismo ha influido muchísimo en las políticas públicas por medio del Informe Rockefeller (1972), el Informe Kissinger (1974), las Conferencias sobre Población de la ONU, etc. Un caso muy notable fue la terrible política del hijo único por pareja en China, vigente de 1979 a 2015 (ahora se permiten hasta dos hijos). Para implementar su política de control demográfico, el gobierno chino emplea, entre otros instrumentos, el aborto forzado.

Sin embargo, hoy los demógrafos y los economistas saben que la "ley de la población" de Malthus es un mito pseudocientífico. Desde 1798 hasta hoy los recursos económicos crecieron bastante más que la población, lo que causó una elevación general del nivel de vida. La ciencia demográfica habla hoy de una "transición demográfica" en vez de una "explosión demográfica". Se parte de un estado de equilibrio preindustrial con altas tasas de natalidad y de mortalidad. La revolución industrial disminuye primero la tasa de mortalidad, produciendo una etapa de gran crecimiento demográfico; pero luego disminuye también la tasa de natalidad, llegándose finalmente a un nuevo estado de equilibrio, con bajas tasas de natalidad y de mortalidad. La humanidad se acerca rápidamente hacia el nuevo estado de equilibrio, pero entretanto las políticas neomalthusianas generan problemas graves, como por ejemplo la exacerbación del envejecimiento de la población e incluso la caída demográfica (por ejemplo en Japón y en Europa; en este último caso si no se toma en cuenta la inmigración).

Los malthusianos de ayer y de hoy han olvidado un hecho muy simple y fundamental: cada niño que viene al mundo no trae consigo solamente un estómago que alimentar, sino también una cabeza para pensar y dos manos para trabajar. Un hijo es una riqueza y una bendición, no una carga maldita.
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