1 de septiembre de 2023 11:57 hs

Hola, Nico por acá. Espero que estés muy bien y que estas últimas semanas te hayan tratado bien. Hoy retomo  Doble Programa  después de la pausa obligada por el feriado del 25 de agosto con algo un poco más personal.

Hace algunas semanas, una de mis abuelas decidió liberar un poco de espacio en los placares de su casa, y le mandó a mis padres una caja de mis viejos libros para que decidiera con cuáles quedarme, cuáles devolver a esos armarios, y cuáles descartar. Nos pasamos un buen rato con mi hermana revisando esas cajas, y cada libro que agarramos era un disparador de recuerdos: viejas lecturas, juegos, los productos culturales que consumimos. Un goteo permanente de memorias que estaban archivadas y esas páginas rescataron.

En los últimos días fui conectando ese evento con algunas obras que hoy, en este Doble Programa, te quiero recomendar. La memoria atraviesa esas historias, y en particular, la memoria vinculada a objetos, a sabores, a estímulos concretos que gatillan el viaje al pasado. 

La cuestión de la memoria ha rondado estas últimas semanas. La advertencia de Spotify hace algunos días de que podría retirarse de Uruguay ante cambios en la legislación de derechos de autor planteados en la Rendición de Cuentas me hizo pensar en cómo internet nos deja todo a la mano, y nos permite acceder a un pozo infinito de recuerdos, pero al mismo tiempo, hace que todo sea mucho más efímero. Si desaparece Spotify, ¿qué pasa con mis canciones guardadas? Si se va Netflix, ¿cuántas series y películas desaparecerán en el éter? Si colapsa Google, ¿a dónde va toda esa información? 

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Venimos, además, de la Noche de la Nostalgia, donde en la redacción nos pasamos recordando canciones y costumbres de décadas pasadas, aunque los que participamos de esas conversaciones no somos tan mayores. Pero sí somos parte de una generación –para cortar grueso, pongamos que somos los que estamos entre los 25 y los 40 años– que es nostálgica por encima del promedio, lo que en Uruguay es bastante decir. 

Creo que eso tiene que ver con que somos, justamente, la generación a la que internet le partió la vida al medio. Tanta digitalidad nos arraiga mucho más a nuestra primera etapa de la vida, donde todo era analógico, y por lo tanto tangible. Después los genios del marketing lo capitalizaron y acá estamos, comprando discos de vinilo, pagando entradas para ir a ver una nueva película de las Tortugas Ninja, o comprando ropa con una estampa del dibujo animado que veíamos a los 8 años.   

En fin, vayamos a las recomendaciones, que para eso te suscribiste a esta newsletter. Espero que las disfrutes, y como siempre, mi correo electrónico está abierto a tus mensajes y comentarios.

El plato fuerte 

The Bear

Si hay algo que puede disparar un recuerdo y llevarnos al pasado, es la comida. Esos sabores que nos quedan impregnados en el cerebro y nos trasladan a un evento particular (bueno o malo). En una escena clave de la segunda temporada de la serie El Oso (The Bear), que este 23 de agosto se estrenó en la plataforma  Star+, el protagonista de esta historia, el chef Carmy Berzatto, se queda con la mirada perdida en un canoli de pistacho.

Varios años después, ante la necesidad de crear un menú para su nuevo restaurante, rescata esa receta familiar y le encarga a su pastelero que la versione. Porque en el menú tienen que estar representados quienes trabajan en el lugar, y un plato puede conectarse con la personalidad y la historia de quienes lo hacen.

Ese valor de la comida está todo el tiempo presente en esta segunda temporada, que toma todo lo que ya había hecho la primera –que era excelente– y edifica arriba algo todavía mucho mejor, que la convierte, para mí, en una de las series del año junto a la cuarta y última entrega de Succession



The Bear sigue los vaivenes de Carmy y el resto del equipo del restaurante, una troupe de personajes con sus mochilas vitales a cuestas, que en la cocina encuentran un refugio y una segunda oportunidad, pero también una fuente de tensiones, peleas, y sacudones. Como pasa en las familias, digamos.

O sea que en definitiva, es una historia familiar. Es durísima por momentos, fascinante por otros, emotiva siempre. Además de incluir un muy interesante juego visual y narrativo, la serie plantea una conexión entre los protagonistas, el proyecto de restaurante que están construyendo y sus creaciones gastronómicas donde la memoria está siempre rondando, y el pasado carga, con lo bueno y con lo malo, sus decisiones en el presente. 

De bonus track, o como recomendación adicional, te dejo esta nota del señor editor Emanuel Bremermann, que consultó a distintos cocineros uruguayos sobre qué tan real es la serie en su retrato del mundo culinario, y cómo se conectan con ella.

La memoria en un whisky con hielo 

En esa lista de historias vinculadas a la memoria que me fui cruzando últimamente aparecieron también un par de libros. Uno es el libro autobiográfico del actor Elliot Page, que se llama Pageboy, y del que  hoy mismo publicamos una breve reseña junto a otras recomendaciones literarias que compaginamos con Ema y Carla. Uno de los aspectos que más me gustó del libro es que de alguna forma, avanza como la propia memoria lo hace: de forma desordenada, enganchando recuerdos de forma no lineal, pero que van construyendo una narrativa coherente.

Contarse a uno mismo no suele ser nada fácil, y más cuando en esa historia hay, como pasa en este caso, bastante dolor, pero también un final feliz al encontrarse a uno mismo y estar en paz con quienes somos.

Algo de eso también hay en la novela Cien cuyes, del  escritor peruano Gustavo Rodríguez, que leí esta semana. La última ganadora del premio Alfaguara, es la historia de una cuidadora de ancianos limeña cuya historia se va cruzando de una forma bastante profunda (pero que no conviene revelar), con aquellos que tiene a cargo. Personas que, confrontadas con el final de la vida, hurgan habitualmente en su memoria, añorando la juventud pasada, a los afectos que ya no están, y también conectando canciones, películas, platos de comida o el sabor particular de un whisky con hielo con episodios claves de sus largas vidas a los que disfrutan volviendo una y otra vez para calmar la ansiedad y la inminencia del final. Es un libro bastante doloroso, pero también encantador y lleno de ternura.

Si por alguna razón no estás para algo con ese componente de tristeza, te recomiendo el podcast Objituario.  Lo descubrí a través de otra newsletter y me devoré los ocho episodios que van publicados hasta ahora, y que van saliendo de forma semanal (ayuda bastante que sean breves). 



Este proyecto sonoro de origen colombiano convoca a distintas personas para que elijan un objeto clave en sus vidas que hayan perdido. Sobre ese artículo en cuestión –una muñeca, una moto, un gorro– crean un obituario, contando la historia de ese objeto, por qué fue importante, cómo desapareció y cómo se conectó con el momento de sus vidas en el que jugó un papel clave. 

Objituario

Me pareció una idea fascinante y divertida, y que crea una combinación particular de alegría, nostalgia y emotividad. 

En la vuelta:
  • Cine - La película uruguaya Temas propios, que  será la candidata nacional al Oscar 2024, está en cartelera desde la semana pasada. Se la puede ver en Cinemateca, y en las cadenas Life y Movie.
  • Teatro - La historia del asesino Pablo Goncálvez llegó al teatro bajo la dirección de Sebastián Carballido. El caso del primer asesino en serie del Uruguay es el argumento de El asesino de Carrasco, que va en el Teatro de la Candela todos los viernes de setiembre.
  • Música - Agarrate Catalina Sinfónica.  Por primera vez en el escenario del Teatro Solís, la murga Agarrate Catalina se encuentra con la Banda Sinfónica de Montevideo. Será el martes 5 de setiembre y las entradas se pueden adquirir acá.

Nuestro propio Macondo

Hola, Carla por acá. Aparezco para sumar a este catálogo de la memoria que te ofrece hoy Nico Tabárez.

"La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado", Gabriel García Márquez.

La Comedia Nacional le pidió a cuarenta escritores y escritoras de Uruguay y Latinoamérica que escribieran un texto en el que versionaran o se inspiraran en Cien años de soledad para construir una experiencia teatral a partir de una mirada latinoamericana del legado de García Márquez. Las versiones fueron coordinadas por la guionista Esther Feldman y posteriormente trabajadas en conjunto por Marianella Morena y Paula Villalba para montar MacondoEl estreno será en octubre y las entradas estarán en venta próximamente. 

Lo traigo a colación por dos cuestiones. En primer lugar, para que pongas atención, porque las entradas para las últimas obras del elenco de la ciudad se vendieron volando. Después no digas que no te avisamos. Y, en segundo lugar,  porque tengo la teoría de que todos tenemos nuestro propio Macondo.

Macondo, lo nuevo de la Comedia Nacional

Hace algunos años mi padre y sus hermanos nos llevaron a todos sus hijos a visitar el nuestro. Un pequeño pueblo de Tacuarembó en el que nacieron, crecieron y absorbieron historias que transmitieron a las siguientes generaciones con una dosis de realismo mágico propiamente garciamarquiano. La familia Buendía, Úrsula y Melquíades bien podrían haber pasado por Paso del Cerro. Y, para vos, ¿cuál es tu Macondo?

Siguiendo con las memorias literarias, este domingo 3 de setiembre –fecha en que Eduardo Galeano hubiera cumplido años– se va a inaugurar en la Fotogalería del Parque Rodó la exposición Instantes de Galeano, una selección de aquellas fotos que el escritor uruguayo había guardado para sí mismo.

Una de las imágenes de la muestra de Galeano

Con la curaduría de Roberto López Belloso la muestra al aire libre es una mirada al archivo personal de uno de los escritores más influyentes de los últimos años. Una visita a sus memorias. Fotografías analógicas de su tarea periodística, su vida familiar y la escena cultural latinoamericana. La exposición se puede recorrer en cualquier momento del día de forma gratuita.

Y si hablamos de memoria, esta semana fui a ver Llamaste a Walter, la secuela de Terrorismo emocional en la que Josefina Trias revuelve en su memoria para poner en escena una obra que se abre desde los recuerdos de una adolescente uruguaya durante la crisis de 2002. Este jueves fue su última función (por ahora) pero te dejo con la canción de la obra, una pegajosa versión adaptada de Milonga de Manuel Flores de Eduardo Darnauchans.

La del estribo

Mundo Grúa, disponible en Netflix

Una más, antes de irnos, aunque descolgada del tema de hoyHace algunos días Netflix sumó a su catálogo un puñado de películas del director argentino Pablo Trapero, y hay dos que me parecen muy buenas dentro de ese grupo. 

Una es Mundo Grúa, el primer largometraje de Trapero. Cuenta, en líneas generales, la vida cotidiana de un operario de una grúa en una obra, Rulo, su vínculo con su hijo y cómo se planta ante la mediana edad, y también con un pasado con claroscuros, con momentos de fama pero también unos cuantos golpes.

La otra es  Carancho, con  Ricardo Darín en uno de sus papeles menos “darinescos”, encarnando a un abogado que perdió su título y ahora se dedica a captar clientes desesperados para un estudio que se aprovecha de las víctimas de accidentes callejeros y en coordinación con médicos y conductores de ambulancia, embolsarse algo de dinero de las compensaciones económicas que cobran.

Martina Gusmán y Ricardo Darín en Carancho

Gracias por leer esta edición de Doble Programa. Te llevas el bolso cargado de opciones, y con que al menos una te sirva, ya me quedo conforme. Te recuerdo que nos podés escribir tanto a mi como a Carla, y que siempre agradecemos los comentarios que nos llegan, sean positivos o negativos. 

Nos reencontramos el viernes que viene. Que tengas una gran semana.

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