El béisbol, hockey, básquetbol, boxeo, natación o golf podían ocupar el lugar de deporte de referencia en Estados Unidos. Cualquiera menos el fútbol, denostado a ser un deporte de latinos que, en su versión local femenina, corrían detrás de una pelota en una práctica que denominaban Soccer.
Pero Estados Unidos estaba empecinado en crecer y competir de igual a igual con las potencias.
La ausencia de una tradición en ese deporte intentó ser paliada con la contratación de jugadores emblemáticos como Pelé, Omar Caetano, Juan Masnik, Marco Etcheverry, Carlos Valderrama y, más cercano en el tiempo, Cuauhtémoc Blanco y Thierry Henry.
La organización del Mundial de 1994 demostró que Estados Unidos estaba a la altura desde la organización, pero muy lejos desde la pasión de sus hinchas. Una vez que el torneo se fue para Brasil la llama del fútbol se extinguió como si nada.
Pero llegó Jürgen Klinsmann con la intención de cambiar la mentalidad y hacer de Estados Unidos un equipo de temer. Y lo logró en esta Copa del Mundo. El equipo generó una identidad propia y los hinchas comulgaron con la idea de espíritu combativo de sus jugadores. El alemán logró edificar un nuevo paradigma contracultural y se metió la gente en el bolsillo.
Desde su llegada al cargo, el estratega logró un cambio de filosofía de juego, apostando a la rotación constante del balón y a la elaboración de triángulos tácticos para exprimir al máximo los pasillos laterales del rival.
El eje del juego se genera en la medular, donde Estados Unidos no tiene nada que envidiarle a las selecciones que hacen del toque corto casi un mandamiento. La apuesta es con un doble cinco (Jones y Beckerman) fijo y apostando al juego por las bandas de Bedoya y Cameron.
La falta de Landon Donovan hizo titubear a los hinchas, que luego se redimieron ante el excelente rendimiento de Clint Dempsey.
A nivel comercial el aumento en la inversión por parte de la industria audiovisual de Estados Unidos refleja el incremento del fanatismo en sus hinchas. Para la Copa del Mundo de Francia de 1998, la televisión estadounidense invirtió 22 millones de dólares por los derechos de imagen del certamen. Para las ediciones de 2010 y 2014 la cifra creció hasta llegar a los 100 millones y trepará hasta los 425 millones para los mundiales de Rusia 2018 y Catar 2022.
Semejante inversión no estaría justificada sin la conversión de los fanáticos, que mutaron sus disciplinas deportivas predilectas por el fútbol. Las mediciones de audiencia funcionan de termómetro en estos casos. El partido entre Estados Unidos y Portugal (2-2) fue visto por 24.7 millones de televidentes, ante los 15.5 millones que siguieron el último y decisivo partido de la serie final de NBA entre San Antonio Spurs y Miami Heat.
La metamorfosis del Soccer ya está en marcha.