En la plaza de los Treinta y Tres están sentados el físico alemán Albert Einstein y el filósofo uruguayo Carlos Vaz Ferreira, casi en la misma posición que en la fotografía que les fue tomada en abril de 1925. Alrededor de estas dos figuras bañadas en bronce, los vecinos deambulan por la plaza como si ellos también fuesen de carne y hueso.
Esta obra de Velarde Gil es uno de los últimos monumentos que incorporó Montevideo a su mobiliario urbano. Si bien la ciudad no vive la “esculturamanía” de las primeras dos décadas del siglo XX, sí hay propuestas originales. Pablo Lecueder, director de Océano FM, tiene algo que contar al respecto.
En abril de este año, con motivo del recital del Paul McCartney en Montevideo cobró fuerza su propuesta para instalar un monumento en homenaje a los Beatles en la plaza Maggiolo. Se buscó reproducir la famosa imagen de los cuatro genios de Liverpool cruzando Abbey Road: un muro, y sobre él la silueta de los músicos en hierro. Según una resolución de la Junta Departamental, fechada en abril último, se autorizó la colocación de una plaqueta con la leyenda “Cambiaron la música para siempre”.
Los diseños y temáticas de los nuevos monumentos en Montevideo abren un nuevo período en los casi 150 años de historia escultórica urbana en el país, según el arquitecto William Rey, expresidente de la Comisión de Patrimonio. Empero, dice que es difícil definirlo: “No tengo muy claro cómo identificarlo”.
A diferencia de otros tiempos, dijo, actualmente los monumentos no son apreciados como antes, ni tienen el valor informativo de otros tiempos. “Para la cultura contemporánea no son tan importantes. Las ideas se transmiten a través de los medios, no en la ciudad. Han quedado más como un recuerdo”, explicó.
Además se ha perdido “la capacidad de ver la obra en el espacio público”. En Montevideo hay monumentos románticos, otros que homenajean los oficios, otros que recuerdan las tradiciones y muchos –fundamentalmente en las décadas del 70 y del 80– que repiten la imagen de Artigas.
“Estatuamanía”
Montevideo tuvo su auge de monumentos durante las primeras dos décadas del siglo XX. Según Rey, la ciudad no estuvo ajena a los movimientos escultóricos de las urbes europeas. Ya desde la segunda mitad del siglo XIX incorporó las primeras estatuas en la vía pública.
La más emblemática de ese período es la “Columna de la paz” o “Estatua de la libertad”, ubicada en la plaza Cagancha, recientemente objeto de pintadas futboleras. Es de los monumentos más viejos de la capital uruguaya. Fue construido por el italiano José Livi con bronce y mármol.
Por esos años, según William Rey, también comenzaron a aparecer algunas piezas en edificios públicos y en casas particulares, tanto en mármol como en hierro fundido. También en el Cementerio Central, hasta el día de hoy uno de los paseos escultóricos más importantes de la ciudad.
“Aparecen algunas temáticas de origen romántico”, dice Rey. Es por eso que en algunos barrios de la ciudad, como el Prado y Carrasco, hay monumentos como el Deseo encadenado o Amor esclavo, El sueño o Hebe.
En casi todos los casos son figuras humanas, semidesnudas, que evocan el deseo amoroso o la pasión y la naturaleza. Por lo general son reproducciones de obras de artistas europeos. “Esas primeras décadas están marcadas por la mirada esteticista, de base alegórica, y para decorar el espacio público”, explicó Rey.
Distinto es lo que sucede a partir de la década de 1930. No todo fue fútbol y vueltas olímpicas en los años del centenario. Los escultores nacionales reflexionaron sobre temas locales. Algunos vinculados a la historia del Uruguay, que dieron lugar al Obelisco, y otros a las tradiciones.
En esa época fueron representados también los oficios. Montevideo tiene un monumento al canillita, al aguatero, al estibador, al obrero urbano, al peón de estancia, al pescador y a la maestra.
De esa época es “La carreta”, de José Belloni, declarado monumento histórico en 1978, que según el libro Estatuas y monumentos de Montevideo, publicado por la Intendencia en 1986, “recuerda el clásico medio de transporte y carga utilizado por los hombres de campo de nuestro país, antes de la introducción del ferrocarril y los automóviles”.
A partir de los años de 1950, cuenta Rey, aparecen los monumentos representativos de los inmigrantes. También de algunas figuras, sobre todo políticos y hombres de las ciencias y de las artes: Luis Batlle Berres, Florencio Sánchez, los doctores Luis Morquio y Atilio Narancio, entre otros. También son homenajeados en la ciudad poetas como Dante Alighieri y José Martí. Músicos como Ludwig Van Beethoven, pintores como Leonardo Da Vinci o Juan Manuel Blanes; personajes como Hernandarias y Cristóbal Colón y científicos como Alejandro Humboldt y Albert Einstein.
Es curioso, pero en Montevideo Einstein también está sentado solo, en el Parque Rodó. En agosto de 2005 la Junta autorizó a la comunidad judía a colocar una placa en ese monumento, en homenaje al científico por los cien años de la teoría de la relatividad.
No sólo Einstein tiene más de un homenaje. La figura de José Artigas está en la Plaza Independencia, en la abandonada estación de AFE y en la escalinata del Banco República en la Ciudad Vieja, sólo por mencionar tres ejemplos. Según Rey, en los años 70 y 80 se instalaron monumentos vinculados a la “orientalidad”. Las imágenes de Artigas fueron muy repetidas.
“Hubo reiteración hasta el cansancio de imágenes conocidas”.
Rey no se atreve a decir cuántas estatuas hay en Montevideo. En el libro que publicó la Intendencia en 1986 se contabilizan alrededor de 160. Hay más. No está incluido el monumento a Wilson Ferreira Aldunate en la explanada municipal, ni el de los Derechos Humanos frente a la Suprema Corte de Justicia, por mencionar dos.
Trámites lentos
Según dijeron fuentes municipales, cualquier ciudadano puede proponer la instalación de un monumento en la ciudad. Necesita autorización de la Intendencia y aval de la Junta Departamental. Es el mismo proceso que tiene la nomenclatura de las calles. Tiene que ser aprobado por mayoría especial de dos tercios del cuerpo de ediles. “Es para dar más consenso a la decisión. De alguna manera se trata de honores públicos”, dijo una fuente de la Junta.
El presidente de la Comisión de Nomenclator de la Junta Departamental, Miguel di Ruocco, dijo que de momento, en este período no se instalaron monumentos nuevos en la ciudad. En breve habrá una más: la escultura Greetingman de seis metros del artista Young-ho Yoo, que el gobierno coreano entregará a Uruguay a fines de octubre para su instalación en Plaza Corea (Juan M. Espinosa y Av. Ing. Juana Pereyra).