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La novedad está sobrevalorada

El inesperado placer de las experiencias repetidas

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17 de noviembre de 2019 a las 05:00

Leah Fessler  
The New York Times Service

 

Cuando ves las publicaciones de otros en Instagram puedes convencerte con facilidad de que la vida de todos los demás es más interesante que la tuya. Hace poco, durante una semana particularmente aventurera en las historias de Instagram, vi a gente practicar esquí acuático en Maui, excursionismo en Yosemite y natación con cerdos salvajes en las islas Bermudas. ¡Cerdos salvajes!

Por mero impulso, empecé a buscar en Google vuelos a nuevos lugares. Luego ordené un plato de pho del mismo restaurante vietnamita en el que como todas las semanas… y me sentí mal por no probar un sitio nuevo.

Este miedo a perdernos algo interesante tiene su origen en un “tic” psicológico común: a nivel evolutivo, estamos programados para emocionarnos y prestarles más atención a las experiencias novedosas que a las repetidas, de acuerdo con una investigación publicada en The Journal of Experimental Biology. Es básicamente psicología de “lucha o huida”: nuestros cerebros no pueden procesar todos los estímulos que nos rodean, así que evolucionamos para prestarles más atención a las cosas nuevas, llamativas y potencialmente peligrosas que a las familiares, las cuales hemos visto lo suficiente como para saber que no representan un peligro. Además, palabras como “repetición” y “repetitivo” —a diferencia de “novedad”— tienden a ser asociadas con emociones negativas, afirma Michael Norton, profesor de la Escuela de negocios Harvard.

“Las investigaciones clásicas muestran que cuando pensamos en experiencias venideras, pensamos en variedad”, afirma Norton, quien se especializa en el comportamiento del consumidor. “Si te pido en este momento que selecciones un yogur para cada día de la semana próxima, elegirás tu sabor favorito —digamos, arándano— para algunos días, pero también añadirás algunos de fresa y durazno, porque ¿quién quiere comer tanto yogur de arándano? Sin embargo, a largo plazo, a medida que la experiencia original se desvanece con el tiempo y la memoria, la repetición puede convertirse en más placentera”.
Norton añade: “Sencillamente somos más aburridos de lo que nos gustaría admitir”. 

Nuestra obsesión con la novedad se ve reforzada por las economías de la experiencia y de los influentes, las cuales otorgan estatus social con base en la cantidad de cosas nuevas que puedes hacer, ver y comprar; como bien describe Leah Prinzivalli en un artículo reciente en el que documenta el auge de las “listas de cosas por hacer” de Instagram. Esto puede ser desgastante a nivel emocional y financiero: pocos de nosotros tenemos el tiempo o el dinero para complacernos con nuevas experiencias, lo que puede provocar que nos sintamos mal con la monotonía de nuestras vidas. Sin embargo, una investigación reciente publicada en The Journal of Personality and Social Psychology acerca de las experiencias novedosas y repetidas, sugiere que debemos reconsiderar la manera en que asimilamos esas sensaciones de monotonía.

Esta investigación se centra en la adaptación hedonista, es decir, cuando un estímulo idéntico proporciona menos placer a medida que se consume más.
Una investigación previa ha esbozado una imagen negativa de las experiencias repetidas, alegando que hacer la misma actividad dos veces se puede sentir como algo intrínsecamente menos valioso. Sin embargo, Ed O’ Brien, profesor de ciencia del comportamiento de la Escuela de negocios Booth de la Universidad de Chicago, se preguntó si la ciencia del comportamiento malinterpretó la adaptación hedonista, y las personas de hecho subestiman sus reacciones positivas a las experiencias repetidas. O’ Brien señala que muchos de nosotros, felizmente, escuchamos nuestra canción favorita varias veces, o volvemos a ver con placer nuestras películas y series de TV predilectas. Esta repetición era la justificación fundamental para comprar música o películas antes de la era de Spotify y Netflix. Este conflicto es la razón por la que O’Brien inició un conjunto de estudios sobre el tema.

“Existe la creencia general de que, si quieres lucir como una persona interesante y culta, lo mejor que puedes hacer es mostrar que estás abierto a nuevas experiencias”, afirma. “Eso podría ser cierto, pero creo que damos por sentado el otro valor de realmente ahondar en un solo ámbito”.

Para probar esta hipótesis, O’Brien y su equipo expusieron a todos los participantes al mismo estímulo una vez en su totalidad (se examinaron varios estímulos, como visitas a museos, películas y juegos de video). Luego, a algunos participantes se les pidió que imaginaran que repetían la experiencia, mientras que otros realmente la repitieron.

Contrario a la investigación anterior, O’Brien descubrió que, en general, las experiencias repetidas fueron mucho más agradables de lo que los participantes habían previsto.

“Hacer algo una vez puede generar la idea exagerada de que uno ya ‘lo ha visto’, lo cual evita que disfrutemos de otros matices previamente ignorados”, escribió en el estudio.

En otras palabras: es muy probable que disfrutes algo por segunda vez, más de lo que piensas.

Dado que los participantes ya habían experimentado la situación exacta que imaginaron repetir, sus predicciones debieron haber sido relativamente precisas, explica O’Brien. En realidad, los participantes que repitieron las experiencias disfrutaron la segunda vez con la misma intensidad que la primera.

“Las experiencias novedosas son definitivamente placenteras, y nuestros estudios no van en contra de esta idea”, afirma. “En muchos casos, la opción nueva es mejor. Sin embargo, lo que nuestros estudios enfatizan es que las opciones repetidas podrían tener también un alto valor hedonista y podrían conseguirse a un costo mucho menor que una opción netamente novedosa, y a veces las personas pueden pasar esto por alto”.

Hay placer en la repetición en parte porque todas las mentes humanas divagan. En consecuencia, nos perdemos una parte importante de cada experiencia.

“Mientras disfruto la visita a un museo o una cerveza, mi mente también está pensando en correos electrónicos que debo enviar, llamadas telefónicas que necesito regresar y en el nombre de mi profesora de tercer grado”, afirma Norton. “Así que repetir cosas realmente se puede ver como una nueva oportunidad para disfrutar algo en su plenitud”. 

Esto es cierto en particular cuando la experiencia es compleja, pues deja un amplio margen para el descubrimiento continuo.

“Cuando una experiencia tiene muchas capas de información, probablemente sea una buena decisión repetirla”, afirma O’Brien. “El asunto es que es difícil determinar cuáles experiencias serán así, y nuestros estudios muestran que las personas asumen con rapidez que ya “han visto todas las capas” incluso en aquello casos en los que no lo han hecho”.

De hecho, es más seguro asumir que hay más capas por explorar en cualquier experiencia, de acuerdo con Ellen Langer, profesora de psicología en la Universidad de Harvard y la denominada “madre de la conciencia plena”. Eso se debe a que el proceso de buscar nuevas percepciones en cualquier experiencia repetida es ya de por sí gratificante. Es la esencia de la conciencia plena.

“Cuando descubres nuevos elementos en cualquier experiencia, las neuronas están encendidas y esa es la manera de involucrarse”, afirma Langer. “Muchas personas buscan involucrarse porque están aburridas con la vida y no saben qué hacer. Lo único que necesitas hacer es abordar cualquier tarea que tengas a disposición y buscar las cosas que no viste la primera vez”.

Si no estás seguro de cómo estar más atento en las experiencias repetidas, Langer ofrece tres consejos. “Primero, reconoce que todo está en constante cambio, así que la segunda experiencia jamás será idéntica a la primera”, afirma Langer. “Segundo, si estás buscando novedad, eso de por sí es estimulante, y esa estimulación se siente bien”. En tercer lugar, debes entender que los eventos no son ni positivos ni negativos. “Es la manera en que comprendemos los eventos lo que los hace positivos o negativos”, afirma. “Así que si buscamos las maneras en las que la experiencia es gratificante, emocionante o interesante, vamos a conseguir las pruebas de eso. Buscad y hallaréis”.

Más allá de ayudarnos a sentir emoción por la oportunidad de quedarnos en casa y pasear por nuestro vecindario este invierno en vez de realizar un viaje lujoso de placer a una playa tropical, la investigación de O’Brien sugiere que debemos recapacitar sobre nuestra obsesión cultural con hacer y lograr tanto como sea humanamente posible.

“El café nunca sabrá tan bien como lo hará si lo dejas de tomar durante un mes. Así que, si bien es cierto que la novedad es divertida, si pones suficiente espacio entre ellas, las experiencias repetidas recuperan ese entusiasmo inicial”, afirma Norton. “Por eso las personas hacen cosas aparentemente locas, como las cápsulas del tiempo.

Si miras tu boleta de calificaciones de tercer grado todos los días, terminarás hastiado. Pero si la sepultas en una cápsula del tiempo y la desentierras 20 años después, será fascinante”. 

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